Luego de que el Tribunal
Electoral del Poder Judicial de la Federación (TRIFE) ordenara restituir la
alcaldía a María Gloria Sánchez Gómez, presidenta constitucional de Oxchuc,
tanto el Gobierno del Estado como el Congreso local tienen frente a sí el desafío de garantizar una transición
del poder en un ambiente de respeto y civilidad, cosa nada sencilla.
No hay manera de
descontextualizar la situación en el municipio de Oxchuc, una comunidad que se
encuentra enfrentada por el poder fáctico, los Usos y Costumbres de los Pueblos
Indígenas y el ancestral dominio caciquil que en su afán de impedir que una
mujer con un partido distinto sea gobernante están dispuestos a repetir el
episodio de San Juan Chamula. ¡Ya lo advirtieron!
Oxchuc es un municipio enclavado
en la región de los Altos de Chiapas, ubicado a unos 115 kilómetros de la
capital Tuxtla Gutiérrez. Se llega hasta ahí por la carretera que comunica a
San Cristóbal de las Casas con Palenque, pasando por Huixtán, un pequeño valle
lleno de color y tradición, rodeado de altas montañas.
La etnia predominante es la
tzeltal y bajo esa misma lengua su nombre significa “Tres Nudos”. Y como en
otros municipios indígenas de Chiapas, las fiestas celebradas a los santos es
ahí una tradición elevada al culto, al misticismo, a las revelaciones mayas. Es
Santo Tomás, el Santo Patrono, quien recibe las mejores ofrendas, la veneración
más exquisita en un día donde los ch´uyk´aales (autoridades religiosas) bajan y
suben por la iglesia rodeados por el humo de incienso, el olor a copal y la luz
tenue de las velas.
Este asentamiento fundado antes
de la llegada de los conquistadores fue por mucho tiempo un importante centro
político-ceremonial, donde actualmente sus días de mercado, alegría y folclor
se ven opacados por las peleas fratricidas por el control del poder y los
eternos conflictos por la tenencia de la tierra.
Hoy, Oxchuc es como vivir en el
miedo.
LOS
ABUSOS Y COSTUMBRES
María Gloria Sánchez Gómez ganó
las votaciones del 19 de julio de 2015 por más de 10 mil votos, muy por encima
de su contrincante político del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Lamentablemente, por esa idea romántica del imperio hegemónico de un solo
partido, la sociedad se ha visto envuelta en medio de una campaña salvaje promovida por los caciques del pueblo que quieren retener
el poder haciendo uso de la violencia y el amague. Todo amparado por los Usos y
Costumbres.
Los referidos Usos y Costumbres
son algo así como la justicia por propia
mano. En términos más precisos, los antropólogos los definen como una forma
de autogobierno indígena, como un conjunto de normas heredadas por generaciones
venidas desde los tiempos pre-coloniales que a lo largo de los años han
evolucionado aunque de manera rudimentaria, sin equidad de género, disconforme con
las leyes constitucionales y de acuerdo a las conveniencias del momento o por
las circunstancias, como las guerras de la Conquista, por ejemplo.
En la práctica, los usos y
costumbres son patente de impunidad. Es el derecho de linchar porque alguien
accidentalmente mató una gallina, o un perro, o un burro, y tiene que pagar con
su propia sangre. Cuando el autogobierno indígena entra en acción, se cae en una
crisis de autoridad donde nadie puede detener la violencia justiciera, ni los
golpes, ni los machetazos, ni la lapidación, tampoco la muerte de los hombres
que son quemados vivos ante la comunidad.
El Estado de Derecho, el gobierno
democrático y la soberanía constitucional, no son nada ante el salvajismo que
protegen y permiten los usos y costumbres.
Y por esa visa es que pasó lo que
pasó en la madrugada del 01 de octubre de 2015, cuando un grupo de fieros
comunitarios de Oxchuc irrumpieron con dureza en la presidencia municipal
despedazando las ventanas, robando el mobiliario, los equipos de cómputo,
agrediendo a las autoridades y terminando el acto criminal incendiando las
instalaciones y los vehículos de la policía. En el forcejeo, José Alfredo Gómez
López, de 18 años de edad, resultó herido de bala en la pierna derecha.
El objetivo del embate era evitar
que Sánchez Gómez instalara su gobierno municipal.
Y en la mañana de ese mismo día,
Baldemar Morales y Jaime Sántiz Gómez, ex presidente municipal, confesaron ser
los perpetradores de la fechoría. “La resistencia es nuestra porque desconocemos
el triunfo de María Sánchez Gómez. Y exigimos a las autoridades la anulación de
las elecciones del 19 de julio para que a través de nuestros Usos y Costumbres
se convoque a un nuevo referéndum”, dijeron.
Y ese fue el inicio de una ola de
crímenes. Pues el 15 de octubre de 2015, agreden directamente a la alcaldesa, lesionando
en el acto a cuatro personas más, 3 de ellas con heridas de bala. Relata María
Gloria Sánchez a los medios que a las 13:35 horas decenas de hombres acudieron
a su casa en camionetas sin placas de circulación, encapuchados y con armas de
fuego.
Dice: “Empezaron a disparar en la
puerta de mi domicilio e hirieron a Marcelo Sántiz Gómez (que había llegado a ser
un trámite)”. Otras fuentes declararon que los atacantes continuaron con los
disparos y lesionaron al policía estatal Omar Morales y a un niño cuyo nombre
no se reveló. También, el regidor Lorenzo Gómez López fue malherido por los
hombres encapuchados.
Más tarde, a las 15:00 horas, un grupo
como de 200 personas saqueó la bodega del DIF municipal donde se resguardaban
los desayunos escolares y le prendieron fuego. Y lo mismo hizo con el
establecimiento que la alcaldesa utilizaba como oficinas provisionales, después
de saquearla.
En la noche, fuentes oficiales
revelaron que Baldemar Morales Vázquez, ex candidato a la alcaldía, tenía
secuestradas a diez gentes en su casa, entre ellas un síndico y una regidora.
En el asunto, también la diputada
Cecilia López Sánchez es acusada de promover el vandalismo y de financiar
grupos de choque para desestabilizar el municipio con el fin de arrebatarle la
presidencia a Sánchez Gómez y establecer en concejo municipal que ella se
proponía presidir.
El viernes 08 de enero del
presente año, miembros de la oposición –algunos según se cuenta son pagados por
los caciques- queman 19 casas (3 de éstas propiedad de la alcaldesa María
Sánchez) y ocho vehículos, secuestran 30 policías, toman un tráiler y dos autobuses
de pasajeros que atraviesan en la carretera para impedir el acceso a la ciudad
y hasta el Juez de Paz y Conciliación Indígena –junto con sus hijos- son tomados
como rehenes por la turba de vándalos.
De todos estos agravios nadie es
detenido, a pesar de la confesión de los autores intelectuales Baldemar
Morales, Jaime Sántiz y, presuntamente, la diputada Cecilia López.
MANTENER
LA PAZ
Lo de Oxchuc es un drama
polarizado. Es una clara lucha por la retención del poder y el control del
dinero público. Tanta violencia de parte de los políticos perdedores y de los
caciques que durante décadas han lucrado con las necesidades del pueblo y la
pobreza de los campesinos no puede entenderse de otra manera.
María Sánchez Gómez ganó con
todas la ley, por eso el TRIFE en días recientes ordenó que se le reconozca su
legítimo triunfo en las urnas y le sea regresada la alcaldía que bajo presión
de sus opositores y las amenazas hacia su persona y su familia tuvo que
renunciar. Y se pide que el cumplimiento de la ordenanza surja en un ambiente
de paz y civilidad.
Sin embargo, los connatos de
violencia siguen perneando en la comunidad. Y no hay mejores para tal encomienda
que Juan Carlos Gómez Aranda, secretario de gobierno, y Eduardo Ramírez Aguilar,
presidente del Poder Legislativo local: funcionarios de comprobados méritos en
el ejercicio público y talentosos en el manejo del diálogo.
No se duda de la inteligencia y
sensibilidad de tan singulares personajes, pero sí de la falta de razonamiento
por la parte opositora.
Oxchuc y toda su gente tienen que
olvidarse de la violencia, los rencores y las diferencias políticas y
partidistas para lograr la reconciliación del pueblo, iniciar el proceso que
lleve a la comunidad hacia mejores escenarios y reivindicar el sentido moral
del estado, ese tan manchado por la sangre de chiapanecos derramada por los propios
hermanos.
Y hay que entender que los usos y
costumbres jamás deben estar por encima de la Constitución. Menos aun cuando
son parte evidente de una actitud
primitiva frente a la realidad actual del país y del estado, que cuenta con
un sistema democrático que aunque es muy joven todavía es el fundamento
principal de nuestro desarrollo como sociedad. Y esto no solamente tiene que
entenderlo el pueblo de Oxchuc, Chenalhó y San Juan Chamula, sino todos los
pueblos indígenas de Chiapas. Au Revoir.
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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