Ante
los conflictos sociales que amenazan con robarnos la paz en el estado, el gobernador
Manuel Velasco Coello propuso la mejor solución: el diálogo.
En
días recientes, Velasco Coello lanzó nuevamente el llamado al diálogo a los diferentes
grupos para ponerle fin a la ola de violencia que ha venido dañando la
estabilidad económica y social de Chiapas. Esto, como la aplicación de la ley, es
un asunto impostergable.
Y como buen
comandante reunió para tal propósito a los tres poderes del Estado y a los 122
presidentes municipales que coincidieron en construir juntos los acuerdos que
tanta falta nos hacen en estas horas turbulentas.
Nunca antes un
gobernador había logrado reunir a todos los alcaldes de la entidad, a los
diputados y los titulares del poder Legislativo y Judicial, y concertar con
ellos una agenda de trabajo que busque la resolución de la problemática actual
y el desarrollo de las comunidades. Y esto habla de un gobierno congruente
políticamente hablando, plural, responsable, comprometido y dispuesto a respetar
los derechos humanos de la sociedad.
¿Cuál es la connotación política de la
propuesta de Manuel Velasco?
La finalidad de
emplear esta estrategia es muy clara, llegar a un pacto con las agrupaciones huelguistas
que dé soluciones a las demandas que son competencia del estado y garantizar la
seguridad y la paz de los chiapanecos.
Empero, dos cosas
debemos observar con detenimiento: La voluntad que ha mostrado el gobierno de
hacer valer el derecho a la libre manifestación de todos los ciudadanos dentro
de un marco legal y la civilidad política del gobernador para interactuar con todos
los actores.
En el primer
caso, debemos observar que durante los tres años de las protestas de la CNTE,
el gobierno de Manuel Velasco ha sido tolerante, respetuoso y garante del
derecho de la libertad de expresión. Y en todo momento ha mostrado el deseo de conversar
con los líderes, pero estos no han atendido ni entendido el ofrecimiento.
En otros
tiempos las marchas eran reprimidas y castigadas por medio de la fuerza y la
coerción política. Para no ir más lejos, en la administración de Pablo Salazar
Mendiguchía incontables cabecillas del magisterio, políticos y campesinos
fueron enviados a la cárcel o terminaron desterrados, hasta se sospecha que varios
de ellos acabaron muertos.
Políticos,
abogados, periodistas, maestros y decenas de empresarios fueron golpeados y
amenazados de muerte por Pablo Salazar por el hecho de atreverse a alzar la voz.
El brazo ejecutor fue Mariano Herrán Salvatti, el adorador de la Santa Muerte,
que utilizó métodos de tortura para hacer que muchos se postraran ante el poder
de la dictadura salazarista.
Juan Sabines
Guerrero hizo lo mismo. A través de Nemesio Ponce Sánchez, ex subsecretario de
gobierno, la disidencia magisterial, campesina, obrera, etcétera, era
silenciada con el encarcelamiento o la desaparición de sus dirigentes. Pero fue
en el periodo de Patrocinio González Garrido que salir a manifestarse a las
calles era arrojarse a los brazos de la muerte. Ahí, las pistolas eran las que
hablaban.
El autoritarismo
y la cerrazón gubernamental fueron el común denominador de esas torvas administraciones.
En contraste, Manuel
Velasco ha dejado muy en claro las cosas: “Nunca hemos sido, ni vamos a ser, un gobierno represor, siempre hemos
sido un gobierno que está abierto a la crítica, a diferentes pensamientos
ideológicos; somos un gobierno que privilegia el diálogo, la concordia y la
paz, pero si alguien incurre en un delito, les pido que se denuncie”.
La regencia mavequista ha ponderado el derecho que
tienen los sindicatos, los asociaciones y los ciudadanos a externar sus
demandas, a criticar y censurar lo que cada quien considera equivocado. Lamentablemente,
grupos como la CNTE abusaron de ese derecho para delinquir con impunidad,
actuar con violencia, sembrar odio, rapiña y las peores prácticas de la
barbarie, intolerancia y antidemocracia en contra del pueblo quien es el que
sufre los peores estragos de la barbarie de los profesores.
Los maestros confundieron
la libertad con el libertinaje.
En el segundo
aspecto, la civilidad política de Velasco Coello es destacable: nunca adoptó
una actitud autoritaria ante las amenazas de los líderes del movimiento de desestabilizar el estado. Al contrario,
como estudioso de la obra de Gandhi,
sabe que nada se resuelve por medio de las armas y la violencia, sino que con
su uso sólo se generan males permanentes en la sociedad.
Por eso la
voluntad que tiene de escuchar todas las voces, de razonar las demandas y tomar
acuerdos en una mesa neutral, incluyente y civilizada. Actitud política que va
de acuerdo con los tiempos que nos ha tocado vivir y que no es de este momento,
sino que está vigente desde el primer minuto de esta administración y que ha
sido fundamental para destrabar los problemas históricos que relegaron en la
marginación y el atraso a grandes sectores de la población.
Episodios
funestos hemos vivido por la falta de tolerancia y sensibilidad de los pasados
gobernadores. Como el ocurrido el 30 de marzo de 1987, donde pistoleros al
servicio del gobierno asesinaron a tiros en un mitin al profesor Celso
Wenceslao López Díaz. Afortunadamente estamos en otra época gubernamental,
donde los conflictos se arreglan con el diálogo y el trabajo político.
Pero no
podemos soslayar que cuando es necesario se deben aplicar las leyes para protección
de los habitantes y frenar el vandalismo que se ha convertido en el enemigo
crónico del desarrollo, la tranquilidad y la convivencia armónica de Chiapas.
Y no hay
represión en esto, porque es obligación del gobierno estatal y federal brindarle
a los chiapanecos el clima de paz y seguridad que se requiere, situación que se
ha visto trastocada por la delincuencia de los grupos inconformes que bloquean
las carreteras, tapan las calles, roban gasolina, secuestran a funcionarios
públicos, queman alcaldías, hurtan el dinero del cobro por peaje y entorpecen
la gobernabilidad.
El gobierno de
Chiapas ya dio el primer paso. Los diputados locales y todos los presidentes
municipales ya acudieron al llamado del diálogo. Lo que ahora toca es que la
otra parte, la CNTE, la OPIEZ y los otros grupos muestren actitud de querer
solucionar las cosas pacíficamente y lo hagan con propuestas razonables,
apegadas a la ley, con mira a cuidar el interés colectivo y no el de unos
cuantos.
La CNTE pidió
diálogo y ahora lo tiene. Sin duda este es el momento para que muestre verdaderamente
qué es lo que busca, si lograr acuerdos para beneficio de todos los docentes y
de la educación de los miles de niños y jóvenes que dejaron sin clases o seguir
apostándole a la destrucción, a las reacciones violentas, a la rapiña y a
cuanto método de guerrilla tenga a la mano para querer imponer sus caprichos.
Sin más, bien
por el gobernador Velasco.
HUGO
ARMANDO AGUILAR
¿Qué
confabulaba esta vez el secretario general de la Universidad Autónoma de
Chiapas, Hugo Armando Aguilar Aguilar, el martes 07 de junio, con los tres
directores de facultad que lo acompañaban en un restorán en el lado poniente de
Tuxtla Gutiérrez y con quienes compartía costosas copas de whisky?
El
maestro Hugo Armando Aguilar ha hecho de la UNACH lo que le ha dado su regalada
gana. Con esta nueva rectoría ya son tres los periodos que ocupa el puesto de
secretario general y vaya que le ha ido muy bien.
Empezó con el
ex rector Ángel René Estrada Arévalo impulsado por Pablo Salazar Mendiguchía;
luego, continúa con Jaime Valls Esponda, obedeciendo las órdenes de Nemesio
Ponce Sánchez, ex subsecretario de gobierno en el periodo de Juan Sabines
Guerrero, quien siempre lo respaldó en las tropelías y con quien pactó otorgar
plazas docentes a gusto, violar los derechos gremiales de los maestros, jugar
con los intereses de los sindicatos y hacerse de buenas prebendas políticas
dentro de la universidad.
Antes del
relevo de Valls Esponda, Hugo Armando se ufanaba de tener la rectoría en la
bolsa. “Ya mi amigo Juan Sabines dejó todo amarrado para que yo sea el próximo
rector”, decía. Y desde su posición operó en contra de la reelección de Jaime
Valls, traicionando la amistad de éste y contribuyendo a la desestabilización
de la universidad.
Por fortuna,
sus sueños de ser rector no se le cumplieron.
Días antes de
que el doctor Carlos Eugenio Ruiz Hernández tomara posesión de la rectoría,
personal docente y administrativo pidió la renuncia del secretario Aguilar
Aguilar ya harta de las acciones que éste venía haciendo en el interior del
sindicato. Pero no fue sino hasta finales de marzo del año pasado que estalló
la protesta, porque Armando Aguilar había sido ratificado en el cargo por el nuevo
rector.
Maestros y
administrativos tomaron la entrada principal de la universidad y la rectoría
donde colocaron mantas e hicieron circular una carta dirigida al doctor Ruiz
Hernández, solicitándole que esclareciera la situación de varios docentes
sindicalizados, amenazando que de hacer caso omiso a la petición se irían a
huelga.
Denunciaron que Hugo Armando Aguilar había venido concediendo plazas
a personas de recién ingreso a la docencia, violando la normatividad y
negándoles ese derecho que a otros maestros les pertenecía por su antigüedad.
También,
señalaron al secretario general de malos manejos, abuso de confianza y de la venta
de plazas docentes.
El rector Ruiz
Hernández debería hacer caso a las voces que se oyen por todos los rincones de
la UNACH y plantear la renuncia inmediata de Hugo Armando Aguilar para
refrescar la administración y cortar de tajo con las arbitrariedades que éste
comete en agravio de la educación, porque además lo relacionan con manipular a
los estudiantes para que hagan mítines y protestas dentro de la escuela, sobre
todo en la Facultad de Humanidades donde él es maestro de tiempo completo desde
hace varios años. Au Revoir.
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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