El
martes 17 de mayo de 2016, desde el Congreso del Estado, el diputado Eduardo
Ramírez Aguilar usó la máxima tribuna del estado para mostrar su postura ante
los conflictos de Chiapas y el movimiento magisterial, y el mensaje fue claro:
“No es solidaridad con los maestros, es por respeto a los maestros y por la paz
en Chiapas”.
Eduardo
Ramírez, un político distinguido y respetado en el ámbito estatal y en su
partido, pronunció sin duda uno de los más valientes discursos para dejar
constancia no sólo del sentir propio sino el de todo el pueblo chiapaneco que
ya está bastante lastimado por la terrible descomposición social en la que vive
por las diversas manifestaciones populares.
Desde
el 2013, año en que iniciaron las protestas magisteriales, Chiapas es el estado
de la República que más ha sufrido los estragos del vandalismo de la
Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que ha delinquido
con impunidad y dejado como resultado de sus movilizaciones cuantiosas pérdidas
materiales, económicas y humanas para la sociedad.
Nadie
puede negar que el territorio chiapaneco es el estado con mayor índice de
pobreza y pobreza extrema, con un rezago de más de cincuenta años, con decenas
de comunidades indígenas en dispersión social, con graves carencias de
habitación, servicios médicos, agua potable y educación. Y estos
enfrentamientos entre los grupos radicales y el gobierno agravan esta situación
para las familias de Chiapas.
Por eso la
postura de Eduardo Ramírez a favor de la solución de la lucha del magisterio,
para que al concluirse ésta pueda darse un viraje a la condición de zozobra e
intranquilidad que permea en el estado.
Ciertamente,
la reforma educativa no es un proyecto de profundidad, que contemple los
contenidos educativos, las complejidades lingüísticas, pluriétnicas y la
diferenciación social, porque no es la misma situación para un educador que se
enfrenta a los retos que exige dar clases en una comunidad indígena de los
Altos de Chiapas, que para un docente en una de las tantas urbes del norte del
país. En eso muchos estamos de acuerdo.
También es cierto
que en el asunto se ha confundido la gimnasia con la magnesia. Está claro por
demás que la reforma está lejos de llegar a la perfección, pero en ningún
momento perjudica los derechos laborales de los profesores ya que estos están
garantizados en el artículo 123 constitucional que no ha sido modificado.
Es justo
mencionar que el instrumento de reforma es en todo rigor una regulación
administrativa y una corrección de la rectoría del sector educativo de México.
Dicho de otra forma, como es el Estado el responsable de brindar una educación
de calidad, por consiguiente, es quien debe asumir el control total del sector educativo
y no el sindicato de maestros.
Para nadie es
desconocido que son los líderes de la CNTE los que promueven las marchas, los
plantones y las ejecuciones de violencia. Y lo hacen porque la reforma
educativa les quita los privilegios. Ya no podrán vender las plazas
magisteriales, tampoco heredarlas y ya no cobrarán sin trabajar.
Por eso le
apuestan al chantaje y a la violencia para arrinconar al gobierno y negociar
prebendas económicas y políticas de las que antes gozaban. Los maestros, que
son los que toman las calles, las plazas comerciales y los edificios públicos,
los que secuestran las casetas y cobran las cuotas por peaje, los que se
enfrentan a golpes, con palos y bombas molotov con los policías, los que queman
camiones de pasajeros y se arriesgan a perder la vida, no son más que simples
marionetas.
Y
nadie en su sano juicio aprueba estos métodos deleznables de manifestación y presión
al gobierno, que en primer lugar no deberían suceder. Y no podemos negar que la
crisis política, social y económica que esto ha provocado en el estado ya es
insostenible.
Sin
embargo, la postura que ha tomado al respecto en estos momentos la Secretaría
de Educación Pública federal no es la correcta. Al decirle a la CNTE que no
está dispuesto a entablar pláticas con la dirigencia magisterial porque la
reforma educativa ya está concebida, diseñada y porque la ley no es negociable,
está negándose a crear posibles soluciones al conflicto y a dejar a varios
gobiernos estatales con este problema que ni les compete y que ni pueden
resolver. ¿Por qué? Porque sencillamente la reforma educativa es de carácter
federal.
LALO
RAMÍREZ
Ante
la situación Eduardo Ramírez pudo quedarse callado durante toda la sesión del
martes pasado. O pudo usar la tribuna del recinto legislativo para lanzar una
diatriba, un discurso lleno de invectivas y desahogar su enojo (si lo hubiera,
claro) contra uno de los grupos facciosos y más feroces que se ha levantado en
la última década. No hizo ni uno ni lo otro.
Se
subió a la tribuna consciente de la realidad social del estado y de su
responsabilidad política frente a los chiapanecos. Consciente de que la situación
no puede quedar así nomás, sin que se haga algo, tal como lo propone el
gobierno federal a través del secretario de educación Aurelio Nuño Mayer
dejando que los problemas se resuelvan solos, como que si no haciendo nada
cambiara las cosas o el tiempo tuviera el poder para remediar y curarlo todo.
Acostumbrado
a dar la cara y convencido de que es por la vía del diálogo que se puede
destrabar este y otros trances, Eduardo Ramírez exhortó, respetuosamente, a la
Secretaría de Educación Pública a tener una consideración para Chiapas abriendo
una Mesa de Atención Nacional “donde los maestros pueden ser escuchados una vez
más”.
“Es
por la paz de nuestro estado. A nadie le conviene la inestabilidad. Y nadie que
quiera a Chiapas quiere que le vaya mal a los chiapanecos. Por eso pido con
mucho respeto que esa mesa de atención se dé lo antes posible”, concluyó.
El
Presidente de la Mesa Directiva del Congreso del Estado y diputado del Partido
Verde Ecologista de México, al proponer esto al gobierno federal nos dio una
lección tangible, muy axiomática, del uso legítimo del poder para conseguir el
bien común. Y eso es digno de encomio. Porque, además, nunca nadie había hecho
esto antes a pesar de los riesgos y costos políticos que está asumiendo con
estoicismo Eduardo Ramírez.
Y esta
maniobra política no puede ser tomado como demagogia, sino como congruencia
política que refleja el pensamiento liberal y coherente de un joven político acuñado
a los nuevos tiempos, deseoso de sumar su esfuerzo y su ánimo a favor de
Chiapas.
Extraordinaria
enseñanza de valor, compromiso y calidad moral la de “Lalo” Ramírez, que ha
levantado su voz hasta el poder central en favor de los repudiados por la
sociedad con el objetivo de lograr la paz y la gobernabilidad para nosotros.
Kennedy
sostenía que “la grandeza de un hombre
está en relación directa a la evidencia de su fuerza moral”. Y por lo que
hizo Ramírez Aguilar, no dudo que esto sea verdad. Au Revoir.
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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