Las
imágenes del atentado terrorista en Bruselas hablan por sí solas. Las
explosiones que sacudieron la capital de Bélgica este martes se unen a las de
París donde resultaron 137 muertos y 415 heridos.
Las
primeras dos detonaciones de bomba fueron en el aeropuerto Zaventem, alrededor
de las 07:45 de la mañana. Según reportes de la ministra de sanidad belga
Maggie De Block, murieron 14 personas y 92 resultaron heridas. En ese mismo lugar
se encontró un cinturón bomba que no explotó en el ataque y un Kaláshnikov
(AK-47 diseñado por el militar ruso Mijaíl Kaláshnikov) junto al cuerpo del
presunto atacante.
La tercera explosión
ocurrió a las 09:11 horas en la estación de metro de Maelbeek, situada en la
calle de la Loi, cerca del edificio de la Comisión Europea. La empresa de
transportes belga STIB fue la que confirmó los 20 muertos, 19 heridos graves y
otros 89 de consideración.
Al momento de
redactar estas líneas se informaba un total de 34 muertos y 200 heridos. El
Estado Islámico, a través de la agencia de noticias Al Amaq, se atribuyó el
atentado: “Combatientes del Estado Islámico han llevado a cabo una serie de
atentados con cinturones explosivos y artefactos explosivos este martes
golpeando un aeropuerto y una céntrica estación de metro en la capital de
Bélgica, Bruselas”.
POR
AMOR A ALÁ
ISIS
mata en el nombre de Alá. Y sus miembros, los yihadistas, lo hacen con devoción
porque además creen que con eso se volverán mejores hombres, mejores padres y
mejores hijos.
El
Estado Islámico, surgido en el 2002 por el antiguo traficante de drogas afgano
Abu Musab Al Zarqaui, sostiene que el concepto de Yihad, o guerra contra el infiel, tiene
legitimidad histórica y que al aceptar este llamamiento a la movilización
armada se cumple con los mandamientos dictados por Alá, obligación intrínseca e
inseparable del Islam.
Sin
embargo, el significado del Yihad no justifica la “Guerra Santa” para imponer
el Islam en las naciones; por el contrario, es la medida para conseguir la paz
por medio de la resistencia a la agresión injusta.
Hasta hace no mucho tiempo
el yihadismo no podía ser comparado con el Al Qaeda que compuesto por células
independientes ataca en distintas partes del mundo. Mientras ISIS siempre
focalizó su guerra dentro de sus límites territoriales dejándose ver como un
terror local.
Con toda y su mala
interpretación de la guerra santa, el terrorismo le ha dado buenas ganancias a
los yihadistas. El territorio que hoy ocupa el Islam es mayor que el del Reino
Unido y el dominio militar lo tiene desde el centro de Irak hasta el interior
de Siria. Cuenta, también, con provincias reclamadas en los países de Libia,
Paquistán, Afganistán, Argelia, Nigeria y Egipto.
El califato de ISIS actualmente gobierna sobre 8
millones de personas a las que les cobra impuestos y establece leyes. Lo
interesante de esto -¿o lamentable?- es que dicha gente está dispuesta a morir
con tal de cumplir los preceptos del primer Islam, como el rechazo a la paz, la
expansión del califato por la vía de la violencia, el exterminio de los
apostatas (200 millones de musulmanes chiítas) y el mando sobre la vida
privada. Y las penas para quienes violen “la sharia” (cuerpo del Derecho
Islámico) incluyen la decapitación, lapidación, mutilación y crucifixión.
Desde
la invasión de Mosul, el 5 de julio de 2014, el líder de ISIS, Abu
Bakr al-Baghdadl (autoproclamado califa), al parecer quiere establecer el
califato en sus términos fundacionales por los cuatro rincones del planeta
hasta cumplir la profecía del Corán de la victoria del Islam sobre Roma. Y por eso han sido los atentados
de París, el 13 de noviembre de 2015, los de un día antes en Beirut, el avión
ruso derribado en Egipto y el reciente en Bruselas.
ISIS
CONTRA TODOS
Hay que entender los
motivos de ISIS.
En estricto sentido,
los terroristas islámicos están cumpliendo los mandatos de Alá escritos en el
Corán: acabar con los infieles. Y para ellos “acabar con los infieles” no es
convertirlos al Islam por medio de la palabra y la predicación, sino matarlos sin
piedad y odiarlos con absoluta intolerancia.
Alá insiste en la
muerte de todo infiel y ofensor a la ley: “En las ciudades que te daré no
dejaras un alma viviente, sino que a todos sin distinción los pasaras a
cuchillo”.
¿Quiénes son los
infieles? Somos todos los cristianos y judíos, los que no adoramos a Mahoma y a
Alá ni seguimos los dictados del Corán. Pero aparte de las diferencias de credo
está el carácter disoluto que nos atribuyen por adoptar narcóticos, alcohol y
otras ideas que agotan el cuerpo y el alma, además, aseguran que tenemos un
comportamiento sin ningún rigor espiritual.
No hay vuelta de
hoja: el Estado Islámico va contra todos nosotros por nuestra forma de vida y
por la libertad con que decidimos vivirla. Sería irresponsable pensar algo
distinto sobre lo que pretende destruir ISIS, que confunde la fe con el choque
de ideas de civilización, poniendo su entendimiento de lo que es libertad contra
el nuestro.
¿QUÉ
PASARÍA SI…
Después de ver lo que
son capaces de hacer en su “guerra contra los infieles” bien valdría no
subestimar el calibre de la amenaza que representa ISIS y, en consecuencia,
pensar más detenidamente el método para acabar con la ola de terror. Porque ya
vimos que el próximo blanco de sus ataques puede ser cualquiera.
La única manera de
impedir nuevas tragedias es aniquilar a ISIS, y eso requiere de una inversión
en tropa, armamento y voluntad política que hasta ahora no se ha visto en los
países de Occidente. Pero una invasión, que es lo que desea el Estado Islámico
para convertir su guerra en una gesta contra los infieles en sus propios
terrenos, contrae el riesgo de que se levanten en armas los millones de
musulmanes que, aunque no comparten el credo sunni y salafista de Mosul, no consentirían
una nueva cruzada occidental en Medio Oriente.
En otras palabras: se
unirían a ISIS para combatir a los invasores.
Lo que creo más
eficaz es una intervención franco-americana, inglesa, rusa y alemana. Y la
vuelta de los refugiados a Siria, que también implicaría acabar con ISIS si se
logra una solución política.
Sé que suena un poco
descabellado, pero hasta el momento no hay otro camino.
Y sería mejor que ver
al cretino Donald Trump (suponiendo que llegue a la presidencia de Estados
Unidos) declararle la guerra al Estado Islámico y que Corea del Norte (que sólo
busca un pretexto para lanzar sus bombas nucleares contra E.U. y contra quien
se le ponga enfrente) haga alianza con este último para desatar la tercera
guerra mundial que, según las profecías del Corán y la Biblia cristiana, será
por motivos religiosos e iniciada en Medio Oriente. Au Revoir.
@_MarioCaballero
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