Con más de 181 mil
votos en las elecciones del 19 de julio de 2015, el partido Mover a Chiapas se
convirtió en la cuarta fuerza política en el estado, después del PRI, PVEM y
Chiapas Unido.
En
esos comicios Mover a Chiapas tenía apenas nueve meses de edad. Era un ser en
pañales. Y participó con 108 candidatos a presidentes municipales y 24 a
diputados locales. Por increíble que parezca, en un hecho histórico, ganó diez alcaldías,
54 regidurías y una importante fracción parlamentaria en el Congreso del
Estado.
Hasta
antes del partido morado, como se le
conoce, ninguna otra institución política de reciente creación había alcanzado
tanto en tan poco tiempo.
Mover
a Chiapas podrá ser el más joven de todos los partidos en el estado, pero tiene
la criterio suficiente para ser superior a los demás. Y lo es no sólo por sus
dimensiones humanas y físicas. Lo es también por la calidad moral de sus integrantes
y por ser una alternancia política al alcance de toda la sociedad.
Pero
esta institución requirió de un dirigente con claro sentido de la conducción
política para llegar hasta aquí. Y Enoc Hernández ha demostrado tenerlo. Es un
líder capaz y experimentado. Que ha sabido fomentar en el organismo la
honestidad y el trabajo en equipo. Ningún otro político, en la historia
reciente, había influido de tal manera en cualquier otro partido. Tampoco,
nadie había sido tan apapachado y querido por la gente por su forma de ver y
hacer política.
Para no ir más lejos,
la fecha en que fueron entregadas las constancias de mayoría a los candidatos ganadores,
reafirmó el pacto que hizo con la sociedad de que todos los alcaldes, regidores
y diputados ganadores de Mover a Chiapas gobernaran con justicia, buscando siempre
mejorar las condiciones de vida de las familias y alejados de los revanchismos
políticos que tanto daño le han hecho a Chiapas.
El
éxito del partido morado y el liderazgo de Hernández Cruz no son producto de la
casualidad. Desde su fundación Enoc Hernández ha recorrido con el organismo los
122 municipios de Chiapas y en ellos ha desplegado un intenso trabajo social en
beneficio de las personas en vulnerabilidad. Pero más allá de ese lado
humanista que ha inspirado en el partido (preocupado por las personas que
fueron olvidadas por los gobiernos), demuestra su carácter responsable con el
ejercicio político y las repercusiones que tiene éste en la sociedad, pues
propone con inteligencia soluciones posibles a los problemas que golpean con
fiereza a la mayoría de los chiapanecos.
Enoc
Hernández creció en el seno de una familia de campesinos. De sus padres
aprendió el valor del trabajo, la honestidad y el respeto hacia los demás. Y
los que han tenido el privilegio de estar en su hogar, dirán que su casa es un
lugar lleno de amor donde desde muy pequeño le inculcaron los buenos principios
que hicieron de él ese hombre honorable que es hoy. Que lo convirtieron en la
persona que está haciendo lo que antes creíamos imposible: reencontrar a la
sociedad con la política.
Como todo chiapaneco
venido de casa humilde conoce qué es la pobreza y el sufrimiento, por eso no es
de extrañarse que entienda a la perfección las necesidades de la gente. Y de ahí
viene su vocación por ayudar al prójimo, cualidad que lo destaca de entre el
resto de los políticos que en lugar de procurar hacer el bien común se olvidan de
su deber de velar por los intereses del pueblo, al tiempo de desprestigiar la
política metiéndola en meandros de corrupción y abuso de autoridad.
A través de los años
que lleva Hernández Cruz en cargos gubernamentales siempre hemos visto que prefiere
trabajar en la construcción de un mejor lugar para vivir que a los ánimos de enriquecimiento
y deslealtades propias del poder. Y eso lo cimentó bien en la estructura de
Mover a Chiapas que vino a sacudir la política y a ponerla en las manos de la
gente.
Si alguna vez las cosas
se le presentaron adversas, como cuando trataron de desprestigiarlo acusándolo de
haber cometido delitos que nunca existieron, buscando provocarlo y hacerlo caer
en el juego de los dimes y diretes, la respuesta que dio fue la de respetar las
opiniones de donde vengan porque todos están en su derecho de criticar y opinar,
y porque eso es lo que significa vivir en una democracia. Y la nuestra lo es.
Otro aspecto que
resaltar en Enoc Hernández es su madurez política, misma que exhibió puntualmente
cuando se dieron a conocer los resultados electorales. “No vamos a hacer
berrinche, ni le vamos a engordar el caldo a nadie para generar conflictos
poselectorales”. El pueblo expresó su decisión y él se mantuvo firme en su
postura, nunca reclamó y en ningún momento dejó ver en él sentimientos de
rencor y venganza hacia otros partidos y hacia los demás contendientes.
Lograr
posicionarse como la cuarta fuerza política en el estado no es una tarea
sencilla para cualquier partido. Mantenerse, mucho menos. Por esta razón, vemos
a Enoc Hernández como un ejemplo de inspiración, proponiendo el desarrollo y el
progreso de Chiapas, trabajando duro, recogiendo las necesidades que aquejan a
los marginados. Pero actuando bien, con honestidad, procurando la paz y la
armonía, sin pleitos políticos que suele ser el común denominador en esta clase.
Y como él mismo dice: “Para que haya pleito se necesitan dos. Y yo no peleo”.
PARA
MAGDALENA
Amada,
prima, se fue el Papa. Y qué bueno. Viejo majadero y
gritón. Lo que ahora falta es preguntarle a nuestro flamante y generoso
gobernador, Manuel Velasco Coello, cuánto dinero más del erario público le dio
aparte del gasto de cien millones de pesos que derrochó para acondicionar los
lugares donde estuvo el Sumo Pontífice… Aprovecho
el espacio para felicitar (aunque un poco tardío) al senador Roberto Albores
Gleason que este 16 de febrero cumplió 37 años. Y como suele ser común en él lo
celebró trabajando duro. Otros deberían tomar su ejemplo y no andar de vagos
tomándose el día con cualquier pretexto…
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