En
la madrugada de ayer, entre la dos y tres a.m., le eché un ligero vistazo al itinerario
del Papa Francisco en México. Y la verdad no encontré nada que justifique el
alboroto por su visita, pues la agenda discurre entre misas en catedrales y en
la Basílica de Guadalupe, reuniones en estadios de fútbol y algunos encuentros
con las autoridades gubernamentales. En fin, nada prometedor.
Lo
prometedor es el escándalo que está haciendo el gobierno mexicano. En las
calles de la Ciudad de México se pueden ver colgados los gallardetes
conmemorativos desde hace cinco o seis semanas, los mensajes de bienvenida puestos
en vallas, espectaculares y en los pasillos
del Metro, y hasta la Primera Dama, Angélica Rivera, presentó a inicios de la
semana pasada un disco llamado “México se pinta de luz” con canciones
inspiradas en el Sumo Pontífice. La duda que me salta es si el Papa viajará en
Metro, y que por eso son los letreros. Eso. Porque conociendo su buen gusto por
la música, seguro se dará placer oyendo el homenaje que le preparó la esposa
del presidente.
Las
otras dudas que me surgen, es ¿por qué si la venida de Francisco se trata de
una visita pastoral -según comunicados de la nunciatura pontificia-, los gastos
los está pagando el gobierno y no la Iglesia Católica? Otra, ¿a cuánto es que asciende
ese gasto? Porque la semana pasada que Miguel Ángel Osorio Chong estuvo en la
ciudad de Morelia para inspeccionar la seguridad y los preparativos para la
recepción del Papa, un reportero lo abordó con la misma pregunta y él contestó
con que no sabía nada. Aunque según se cuenta la inversión por dicho recibimiento
ronda entre los 100 y 235 millones de
pesos. Desde luego, una suma nada despreciable.
Por
otro lado, cínicamente, el cardenal Norberto Rivera, como para quitarse el
susto de encima, dijo que “la visita de Su Santidad se trata de una visita
pastoral, pero los gastos los pone el gobierno federal porque al recibir al
Sumo Pontífice también está recibiendo a un Jefe de Estado”, así que tiene la
obligación de recibirlo como se merece.
¡Vaya reflexión! ¿Será
que se dio cuenta el cardenal de lo que dijo? ¿Desde cuándo acá el gobierno
tiene la obligación de pagar eventos religiosos y visitas papales? Peor aún, ¿por
qué tiene que ser con el dinero de nuestros impuestos que se supone son para
cubrir las necesidades públicas, la activación de la economía, la inversión en
educación, salud, seguridad, etcétera? Y –creo- que venga el Papa no es una
necesidad.
LAS
INCONGRUENCIAS
Tanto
si la llegada de Francisco I se tratara de una visita pastoral o como una de
Estado, de cualquier manera el gobierno federal, como el de Michoacán, Chihuahua
y Chiapas (estados que recibirán al “Pastor universal”) infringen claramente las
leyes del Estado mexicano.
En
primer lugar, si el “Vicario de Cristo” viene a México con fines puramente
eclesiásticos, ¿por qué motivo se está privilegiando a una sola religión? A la verdad,
si esto se pudiera concebir como una práctica común del gobierno entonces
veríamos el mismo comportamiento cada vez que llega un jerarca de cualquier
otra religión a México, pero no es así.
Tenemos,
por ejemplo, las visitas del Dalai Lama y en ninguna de ellas hubo tanto jubileo
como lo que podemos notar hoy. Visitó el país por primera ocasión en el año de
1989, en la administración de Carlos Salinas de Gortari; por segunda vez, en el
2004, con el ex presidente Vicente Fox Quezada; por tercera oportunidad estando
en la presidencia Felipe Calderón Hijojosa, en el 2011, y la más reciente en
octubre de 2013, ya con el presidente Enrique Peña Nieto.
Sin embargo, todas se
ciñeron a un recibimiento cordial, de protocolo, de tolerancia religiosa de
parte del gobierno. Sin ningún Peso de
por medio. Ni fervor. Y en los medios, simplemente, se difundió como tema
periodístico y no publicitario, no como algo por el que deberíamos sentirnos
orgullosos.
En contraste, ¿será
legal todo lo que se está haciendo por el “Padre Santo”? ¿Será posible que los
asesores jurídicos de la Presidencia de la República y de los demás gobiernos
estatales no hayan tomado en consideración que el artículo 40 de la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que nuestro
país es una nación representativa, democrática y laica? ¿O, quizá, ignoran que laicidad (aparte de normar el
funcionamiento independiente del gobierno frente a los pronunciamientos del
clero y la religión) también implica que el Estado debe garantizar los espacios
para la expresión de todos los credos?
Quienes
argumenten que el Estado mexicano está dándole la bienvenida a otro Jefe de Estado
-y por eso el despilfarro y las violaciones a la ley-, olvidan que no existe
evidencia de otra visita de otro jefe de estado que mereciera tapizar las calles
y que las primeras damas grabaran discos conmemorativos. Por esta razón, ¿cómo
debemos interpretar la galantería excesiva del gobierno con el Papa que no logra
empatar con los protocolos y que transparenta ser una práctica
inconstitucional?
NO
NOS MIENTAN
Por
favor, no dejemos que nos mientan y nos vean la cara con el cuento de que
Francisco viene a México a apacentar la grey de Dios. Es imposible creer que
venga a hacer algo por el pueblo mexicano que no sólo ha sido golpeado
duramente por las malas acciones del gobierno (Ayotzinapa, la guerra contra el
narco y sus 70 mil muertos, los escándalos de corrupción), sino también ha sido
dañado por la iglesia católica por los inocultables casos de pederastia y
lavado de dinero.
¿Por
qué no llamar la visita del Papa por su esencia? ¿Por qué les cuesta demasiado
decir que lo invitaron con fines políticos? No pueden esconder que lo que
buscan es reivindicarse ante la sociedad, fortalecer su imagen para sus futuros
proyectos en la política (no ignoremos que Mancera y Velasco suspiran por la
presidencia), pero que lo hagan con su propio dinero y no con el de los
mexicanos.
Por
el ángulo que se vea es una gran torpeza que los recursos públicos –y la imagen
del gobierno- se utilicen para arropar a un líder religioso que no ha
demostrado tener el menor interés por nuestra patria, ni siquiera por codearse
con la cúpula de la Arquidiócesis mexicana, tampoco por regresarle el favor al
presidente Peña y a los gobernadores. Porque, según el Papa, él sólo quiere ver
a la virgen de Guadalupe.
PARA
MAGDALENA
En
otros temas, queridísima prima, el senador Roberto
Albores Gleason, alejado de la demagogia y entregado al trabajo político de
primer nivel, celebra que el sistema educativo del país involucre a los
maestros, padres de familia y sociedad en general para tener una educación de
calidad y escuelas con una mejor infraestructura. Y pide seguir motivados a
unir esfuerzos, implementando las bondades de la reforma educativa para pasar
del 56 al 85 por ciento de aprovechamiento, según sugieren los expertos… Y ya
que estamos en esto, primita hermosa, confieso que el mejor postor para suceder
a Roberto Albores Gleason en la dirigencia estatal del PRI, es el diputado Hugo Pérez Anzueto. Comité municipal
que pisa, apoyo que recibe. Los priistas que respaldan su proyecto ya se
cuentan por miles. La verdad sería un gran líder para el PRI dada su gran experiencia…
El joven Fernando Castellanos Cal y
Mayor está poniendo el alma en su encomienda. Ahora Tuxtla sí puede decir
que tiene quien la gobierne. El ambulantaje es un tema pendiente en la capital,
pero seguro estoy que pronto veremos cómo ese cáncer será extirpado de la
calles con el uso de la ley. Al alcalde Castellanos tiene toda la confianza y
no nos defraudará… Au Revoir.
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