LLEGÓ LA HORA PARA TUXTLA


              El primero de octubre de 2015, en la explanada del parque central de Tuxtla Gutiérrez, acompañado de funcionarios estatales y municipales, Luis Fernando Castellanos Cal y Mayor rinde protesta como alcalde de la ciudad capital del estado de Chiapas por el periodo 2015-2018.

            Fernando Castellanos llega a la alcaldía después de un periodo lleno de controversias, campañas de odio y de impugnaciones en los tribunales electorales. Sin embargo, la democracia se impuso por encima de todo: Con el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TRIFE) no quedaron dudas acerca de la veracidad del triunfo de Fernando Castellanos en las elecciones del 19 de julio. En palabras claras, se hizo justicia a la decisión del pueblo.

Atrás han quedado los hechos electorales y con ellos la infamia con la que fue golpeado el alcalde Castellanos Cal y Mayor. Y todo lo sucedido es natural, pero inaceptable. Natural porque es parte contextual de la lucha por el poder y el enfrentamiento de las oposiciones políticas. E inaceptable porque lo que debería ser el espacio propicio para el debate de ideas y la propuesta, hay quienes que por falta de capacidad y carisma apelan al chantaje y a la difamación mediática, sin darse cuenta que más allá de ganar puntos para su proyecto confunden a la colectividad y desprestigian la ya de por sí desprestigiada política.

Pero eso quedó en el pasado. Lo de hoy, que es el tema de buen gobierno que nos interesa, es Tuxtla Gutiérrez, una ciudad difícil de regir dada su complejidad, el choque de culturas, su cosmopolitismo, la diversidad de credos y su imparable crecimiento poblacional y urbano. Atender a más de medio millón de habitantes (cifra del Inegi poco aproximada a la realidad) no es una tarea sencilla, y tampoco apta para cobardes.

A la sazón, ¿por qué ven en Luis Fernando Castellanos una esperanza para Tuchtlán? ¿Cómo explicar el respaldo otorgado a su proyecto de gobierno? Y, ¿por qué están tan seguros de que es el mejor para gobernar esta metrópolis?

¿QUIÉN ES EL ALCALDE?

            Luis Fernando Castellanos Cal y Mayor tiene 29 años de edad y es indiscutiblemente un hombre de izquierda, y ser de izquierda es, desde que esa clasificación surgió con la Revolución Francesa, el 11 de septiembre de 1789, optar por los pobres, indignarse ante la exclusión, inconformarse con toda forma de injusticia o, como decía el filósofo y politólogo italiano Norberto Bobbio, considerar una aberración la desigualdad social.

Su ascenso en la política sorprende porque contrasta con la mala fama de los políticos y la falta de credibilidad en la clase gobernante. Y, también, porque hay en él esa frescura de la juventud, llena de ideas y de propuestas, una opción de buenos augurios y una manera diferente de ver y hacer política.

            Su actitud desde sus inicios ha sido siempre participativa e incluyente, alejada del clientelismo, con el ofrecimiento de soluciones practicables más allá de la vieja demagogia a la que hemos sido acostumbrados. Además, su rebeldía contra las herencias catastróficas del pasado produjeron en él ese talante que lo ha llevado a congraciarse con el sentir de la gente y a aportar acciones contundentes para el mejoramiento del statu quo.

            Fernando Castellanos no nació en la cima, su procedencia viene de los de abajo, de los que tuvieron que trabajar muy duro para llegar a la posición que hoy lo distingue como paradigma de la juventud y la política chiapaneca. Y fruto de ese esfuerzo es la presidencia municipal que hoy ostenta.

            A los doce años de edad pierde a su padre Fernando Castellanos Coutiño. Duro acontecimiento que de alguna forma creó en él ese coraje por salir adelante, de fabricarse su propio destino, uno brillante, junto a su madre Angélica Cal y Mayor Natarén, madre de familia y maestra de preescolar, que por los azahares de la vida tomó las riendas del hogar pero lo hizo con estoicismo y sabiduría, inculcando el estudio, el trabajo, el amor al prójimo y la dedicación en un adolescente Luis Fernando.

            El alcalde Castellanos es poseedor de una preparación académica envidiable, pues es un abogado egresado de la Universidad del Valle de México, con estudios de posgrado en Ciencias del Estado por la Universidad del Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina. Además, cuenta con la especialidad en Alta Administración Municipal cursada en el ITESM, y de otros diplomados que enriquecen su gran acervo educativo. Debido a ello es el lenguaje correcto que lo caracteriza, el discurso objetivo y el juicio detallado que tiene sobre los fenómenos políticos y sociales que envuelven nuestra época.

Desde hace nueve años pertenece a las filas del Partido Verde Ecologista de México, y su capacidad para cabildear lo llevaron desde la Secretaría de Asuntos de la Juventud, que fue su primer encomienda en la política, hasta la Dirigencia Estatal del PVEM que desempeñó con gran inteligencia para fortalecer al partido y consolidarlo como uno de los organismos más importantes de la entidad.

A sus 26 años se convirtió en diputado local e hizo de su representación legislativa un vínculo entre la sociedad y el gobierno, gestionando importantes obras públicas que beneficiaron a amplios sectores de la sociedad tuxtleca. En el Congreso del Estado fue Presidente de la Mesa Directiva y Presidente de la Junta de Coordinación Política, encargos que le dieron la experiencia y el conocimiento sobre la situación que moldea a nuestro estado, cosas que él aprovechó para adentrarse en la problemática y proponer medidas resolutivas.

En él se comprueba que nada tiene que ver la juventud con la inexperiencia cuando hay talento, sagacidad y voluntad para hacer el bien común. Y aquí no podemos hablar de que sus actos son meras improvisaciones, ya que a lo largo de los años ha brillado con luz propia, con resultados contundentes para una sociedad llena de atrocidades en todas las partes que la componen.

LA RESPUESTA

            En lo que fue su primer discurso como mandatario municipal, dijo: “Se acabaron los privilegios. La transparencia, la rendición de cuentas y el combate a la corrupción será el sello de este gobierno para construir con firmeza y honestidad”. Y si de algo requiere Tuxtla, como muchas otras sociedades en el mundo, es de políticos honestos que ocupen los cargos gubernamentales como plataforma de desarrollo y progreso, no así para usarlos como fast track para enriquecerse.  

Y se cree a lo propuesto por Castellanos porque apenas un par de días después de haber dicho esto, él y los integrantes de su gabinete hicieron entrega de su declaración patrimonial, de conflicto de intereses, fiscal, médico toxicológico, psicométrico y poligráfico, cumpliendo no sólo a cabalidad con lo requerido, sino que supera lo constitucionalmente obligatorio.

Llegados a este punto, no podemos dudar que la confianza conferida al proyecto de Fernando Castellanos se debe a dos factores que se correlacionan entre sí. El primero, la identificación con la gente humilde, porque entiende y conoce en carne propia cuáles son las dificultades a las que se tiene que enfrentar cualquier persona para lograr ser alguien en la vida; segundo, porque es un entendido de que son la política y la democracia las vías para entregar los beneficios de salud, educación, vivienda y económicos a toda una sociedad ya harta de las trampas publicitarias, de las promesas incumplidas y ansiosa de tener un gobernante verdaderamente comprometido.

            ¿Y por qué es él la mejor opción para dirigir una ciudad tan importante como Tuxtla Gutiérrez? Porque ha demostrado con suficiencia ser un ente político que disfruta haciendo el bien común, que es un apasionado en el servicio público, que despliega la capacidad y el conocimiento para gobernar con equidad y progreso. Y sus buenos resultados, pasados y venideros, no nos dejarán mentir.

            A Tuxtla, le llegó la hora.


yomariocaballero@gmail.com

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