En el
pasado reciente, la Secretaría de Gobierno fue un instrumento de represión que
no admitió réplicas y simbolizó la inclemencia del poder. Sin embargo, en la
actualidad goza de la fe y confianza de los chiapanecos porque ahora sí camina
con respeto al Estado de Derecho, orquestando la política interna para
armonizar al gobierno con la sociedad dentro de un ambiente de paz y
gobernabilidad.
Los
números de esta gestión gubernamental enmarcan lo que viene siendo un trabajo
político de altura, incluyente, cercano a la gente, que privilegia el diálogo y
que con clara visión busca construir un mejor status social. Y resulta un tanto
paradigmático debido a la cercanía de lo que es imposible suprimir de la
memoria, los sexenios donde todo parecía decir que íbamos directo al fascismo,
ya que desde esa secretaría se ordenaron asesinatos, torturas, la desaparición
de líderes sociales y políticos, la disolución de conflictos magisteriales,
estudiantiles y agrarios con el uso de la fuerza, la militarizaron de las
funciones y la ejecución salvaje de indígenas ligados al zapatismo.
EPISODIOS LAMENTABLES
1.
El fiscal de hierro.
En
el gobierno de Absalón Castellanos Domínguez, la secretaría de gobierno estuvo
bajo el mando de Javier Coello Trejo, conocido como El Fiscal de Hierro, quien durante ese periodo demostró ser una
persona vil a la que no le importó ni el sufrimiento humano ni desmentir su
reputación de asesino, torturador y corrupto. Por el contrario, la representó
con fervor hasta el último minuto de su encargo. Así lo afirmaba: “Me conozco.
Si toco a alguien es para partirle la cara. Aunque, claro, lo hago cuando me
faltan el respeto y nada más”.
Los
métodos que utilizó Javier Coello para resolver los problemas en el estado inspiraron
terror entre la sociedad y en el círculo político más crítico sobre el gobierno
del general Castellanos. Como dato anecdótico: Se cuenta que encerrado en su
despacho en el Palacio de Gobierno con tres líderes magisteriales y cinco
guaruras, inesperadamente sacó de una gaveta de su escritorio un brillante
revólver calibre .38 en el momento en que la discusión se puso más acalorada.
Coello
colocó la pistola justo encima del escritorio, frente a sus interlocutores,
dejando entrever en la mirada el ánimo de usarla si no aceptaban sus términos.
Los maestros se callaron al instante, aceptaron su derrota y las condiciones
impuestas por el fiscal de hierro. Se retiraron del lugar cual mansos
corderitos, cargando sendos sobres color amarillo llenos de dinero que tuvieron
que esconder para evitar ser tachados de traidores por el conglomerado
magisterial.
Su
amor por la represión no paró ahí: Coello Trejo torturó y confinó en la cárcel
a dirigentes estudiantiles de la Escuela Normal Rural Mactumatzá, borró
literalmente a representantes de la sección 7 y 40 del SNTE, encerró en la
antigua prisión de Cerro Hueco a un grupo de jóvenes a quienes les sembró droga
y fincó cargos penales por puro placer, y a más de una veintena de personajes
de la política local les hizo lo mismo por rencor y venganza.
En
consecuencia, la secretaría de gobierno fue un desastre, se alejó de su función
primigenia para meterse en absurdas luchas por el control del poder.
Frente a
Javier Coello Trejo la figura del gobernador Absalón Castellanos simplemente desaparecía.
2.
El bufón de la corte.
Juan
Lara Domínguez, en la administración de Patrocinio González Garrido, fue otro episodio
lamentable aunque muy divertido. Al contrario de lo que fue Coello Trejo, Lara
Domínguez representó al bufón de la corte
a pesar de ser un connotado jurista, un experto en leyes, que para lograr mantenerse
en el cargo era desbordante en elogios al gobernador, y hay quienes dicen que hasta
se postraba en público a los pies de Patrocinio.
Afortunadamente,
con Lara Domínguez la secretaría de gobierno no fue una herramienta de
linchamiento moral, pero por desventura no dejó de ser una entidad falsa, sin
funciones y desprovista de carácter. No hizo nada en beneficio de la sociedad, y
se mantuvo sumida en el letargo, dirigida por un títere pusilánime que era
abofeteado por el torvo gobernador González Garrido.
De
cara a un gobierno centrado en el poder, el secretario Juan Lara no era más que
un lamebotas, un relleno para cubrir el puesto y las apariencias.
3.
El asesino.
Uriel
Jarquín Gálvez, sucesor del escritor Eraclio Zepeda Ramos en la secretaría,
siempre estuvo en el epicentro de los escándalos de corrupción y está
irremisiblemente ligado a los asesinatos cometidos en el tormentoso periodo de
Julio César Ruiz Ferro. A Jarquín el poder lo obnubiló, lo ensoberbeció, hizo
que sacara su lado oscuro, se volvió clasista, arrogante y perro.
Gálvez
no logró ocultar dos cosas como funcionario: su aversión por los indígenas y su
culpabilidad en los operativos de exterminio zapatista, y de eso se recuerda el
siguiente pronunciamiento con el que trató de redimirse: “Chiapas vive el
fenómeno transitorio de la barbarie política”. Lo cual es lo mismo que decir:
“Matamos indígenas nomás porque matar en Chiapas ahorita está de moda en el
gobierno”.
De
acuerdo con informes oficiales, Uriel Jarquín comandó 56 acciones policiacas
derivadas de diferencias políticas, agrarias y de desalojo de predios y
carreteras en el estado, y en su mayoría se realizaron en zonas con presencia
del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Los resultados de las
operaciones fueron 111 muertos y 160 personas heridas. De político mediocre
pasó a poderoso genocida.
4.
El gánster y el borracho.
Rubén
Velázquez López, en el periodo de Pablo Salazar, y Noé Castañón León, en el de Juan
Sabines Guerrero, fueron la misma gata nomás que revolcada. Las cacerías
políticas continuaron al igual que las desapariciones forzadas, los homicidios
y la coerción.
El único
mérito de Rubén Velázquez fue jugar basquetbol en su juventud con Pablo
Salazar, y eso le bastó para tener la autoridad de ir a balacear la casa de
Pedro Raúl Hernández, abogado que ostentó la presidencia de la CEDH y que fue
considerado como enemigo de la administración salazarista. Noé Castañón, el
señor ministro, fue el mejor representante del vicioso gobierno sabinista: se la
pasaba borracho cuatro o cinco días de la semana, se curaba la resaca en uno y
el resto de los días se dedicaba a coaccionar y perseguir a los opositores del
régimen.
En esos dos
ciclos la secretaría de gobierno logró establecer la impunidad, la agresión y
las conspiraciones como guías de comportamiento gubernamental.
NUEVA ETAPA
El
trabajo ordenado y eficiente de Juan Carlos Gómez Aranda, siempre ajustado a
las necesidades de Chiapas y de acuerdo con el papel que debe representar como
encargado de la política interna del estado, ha hecho de la secretaría de
gobierno una institución valiosa y trascendental, una virtud de la
administración de Manuel Velasco Coello.
Gómez
Aranda es un apasionado por el servicio público, un entendido de que la
política es la vía para dirimir los conflictos y procurar el bienestar social. Por
ello son los buenos resultados de la secretaría de gobierno, que ha sabido
fortalecer las políticas, rediseñar los protocolos de actuación y construir los
lazos de cooperación entre los poderes Ejecutivo y Judicial, y con los tres
niveles de gobierno.
Ahora, el
organismo está empeñado en una agenda de trabajo en materia de seguridad, respeto
y protección a los derechos humanos. Lejos han quedado las historias de horror
y el desempeño ineficiente de la institución porque Gómez Aranda sabe que su
posición no es amedrentar ni apelar al chantaje para dirimir los conflictos,
mucho menos tratar a la gente a gritos y con pistola en mano, sino proponer el
diálogo para conseguir la concordia y los acuerdos que tanta falta le hacen a
Chiapas.
La
secretaría de gobierno ha entrado indubitablemente a otra etapa. Ciertamente,
los desafíos se aguzan, pero asimismo los chiapanecos contamos con un
gobernante comprometido, con un funcionario que comprende tácitamente el papel
histórico que juega en este escenario donde no es una figura decorativa, sino
un mediador eficaz entre la autoridad y el pueblo que no debe escatimar en
esfuerzos por el cumplimiento de la ley y la gobernabilidad.
yomariocaballero@gmail.com
Comentarios
Publicar un comentario