LOS FEMINICIDIOS EN CHIAPAS


             Estudios recientes indican que la violencia contra las mujeres se ha recrudecido brutalmente en los últimos años, manifestándose en cuantiosas formas de violencia como el odio racial o la intolerancia ante las diferentes culturas y estilos de vida. Y tiene que ver muy centralmente con la situación de sexismo y la condición de las mujeres. “Te pego para que no te olvides que eres mujer”.

            Pero, ¿qué es la violencia de género? Se define, básicamente, como cualquier acto de violencia basado en el género que tenga como resultado el daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico, incluyendo amenazas, coerción o privación arbitraria de la libertad, ya sea en la vida pública o privada.

            Y hasta hace no muchos años el tema fue incluido en la agenda política de cada país. Sin embargo, en México este fenómeno social no ha sido tratado con la atención debida a pesar de tener como gran y ominoso precedente las muertas de Ciudad Juárez. Y estas muertes han significado la síntesis del terror sexista, misógino, clasista, etario, ideológico, político y religioso. Además, es uno de los grandes problemas sociales que más se ha agravado en las últimas tres décadas.

CIFRAS QUE INDIGNAN

Dentro de las formas de violencia de género el feminicidio es la que más ha sensibilizado a la sociedad mexicana. Según cifras del Instituto Nacional de las Mujeres, diariamente 7 mujeres son asesinadas, y en el periodo de 2006 a 2013 la tasa de feminicidios en el país aumentó un 43 por ciento. Estas cifras has sido la estimulación abyecta para elevar la indignación moral de la población, de organismos defensores de los derechos humanos, asociaciones feministas y de la Organización de Naciones Unidas que condena enérgicamente al gobierno mexicano por la desbordante indiferencia ante esta monstruosidad.

Entidades como Chiapas, el Estado de México, Guerrero, Chihuahua, Coahuila, Zacatecas, Morelos, Durango, Tamaulipas y Colima presentan las tasas más altas de feminicidio en el país. Un informe de la ONU indica que el 95 por ciento de estos asesinatos queda impune y que la mayoría de los casos de feminicidio no se investigan como tales pese a que la mitad de los estados cuenta con un protocolo de investigación y actuación para este delito. De tal modo, el problema alcanza niveles críticos tanto social como judicial.

El feminicidio en México también significa atraso cultural, porque detrás de este crimen de lesa humanidad está el dominio del patriarcado y el derecho de pernada que desde los tiempos feudales monopoliza la violación sexual, el ultraje y la humillación hacia las mujeres. Y en último término está la misoginia violenta, que produce los atentados contra las mujeres a las que golpea, tortura, acuchilla, mutila, destaza en cuartos de hotel, callejones y lotes baldíos.

 Así, el machismo rampante también encauza a las autoridades ministeriales, judiciales, policiacas y religiosas a responsabilizar con indolencia a las mujeres de los crímenes en su contra: “En el fondo, lo que esta vieja quería es ser violada”.

En el año 2000, verbigracia, el entonces cardenal de Guadalajara Juan Sandoval Íñiguez, dijo: “En mi opinión, la culpa de que violen a las mujeres es de ellas mismas, porque salen a la calle con ropa provocadora y movimientos sensuales”. ¿Qué quiso decir el cardenal? ¿Que si las mujeres no quieren ser violadas es mejor que salgan sin cuerpo?             

En Chiapas, a principios de 2013, el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) solicitó a las autoridades estatales se activara la Alerta de Violencia de Género (AVG) para frenar la ola de crímenes contra el sector femenino de la entidad, ya que según datos de la Secretaría Técnica de Seguridad Pública en el año 2012 se cometieron mil 564 violaciones sexuales en contra de las mujeres. No se hizo. Y como consecuencia de la omisión las estadísticas sobre el caso siguieron su continuo crecimiento.

Ante la negativa del gobierno de Chiapas de activar la AVG, el OCNF levantó la voz en protesta: “Esa entidad (Chiapas) es una de las pocas a escala nacional que cuenta con un protocolo especializado en feminicidio, pero no establece elementos mínimos para garantizar la debida diligencia con perspectiva de género en la investigación, pues no relaciona ni coordina las actuaciones ministeriales con los de la policía especializada y los peritos”. ¡Qué paradoja! El hambriento tiene en el refrigerador los ingredientes para prepararse un buen estofado, pero no saber cómo hacerlo.

Activistas Defensoras de la Campaña Popular contra la Violencia hacia las Mujeres y el Feminicidio en Chiapas, señalaron con argumentos probatorios que el 65 por ciento de las 221 muertes violentas de mujeres ocurridas durante el periodo de 2012-2014, fueron feminicidios. Y el gobierno de Chiapas no desmintió y tampoco aclaró lo afirmado.

El 25 de noviembre de 2013, Martha Figueroa Mier y Robina Soria de la organización SYJAK presentaron ante instancias estatales y federales la solicitud para activar en Chiapas la AVG, pero en respuesta los funcionarios que conforman el Sistema Nacional para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la violencia contra las Mujeres responde la petición con la negativa de que “el reporte de las casi 200 muertes violentas de mujeres en Chiapas (de las cuales el 65% son feminicidios) no alteran la paz social en el Estado”.

Figueroa Mier aclara que haciendo uso de las facultades legales interpusieron un amparo por agravios a los derechos humanos de las mujeres de Chiapas, recurso que ganaron por sentencia federal que ordenó se repusiera la sesión y se volviera a votar la solicitud de activar la AVG. En esta ocasión el voto fue favorable, pero el gobierno de Chiapas escondió mediáticamente que la alerta de violencia de género fue activada con el objetivo de no socavar los propósitos políticos futuros de Manuel Velasco Coello.
 
No entiendo: ¿Cómo un gobierno, como el de Chiapas, que dice estar preocupado por el desarrollo pleno de las mujeres y que presume tanto haber ya logrado los medios para garantizar a este sector el acceso a la justicia y el respeto a los derechos humanos, no considera una crisis social tan alto porcentaje de feminicidios ocurridos en el lapso de un solo año? A la sazón, ¿cuántos feminicidios son necesarios para activar la alerta de violencia de género?

Y en un profundo contrasentido los números oficiales de Chiapas presentan una disminución del 56% en casos de feminicidio entre los años 2013 y 2014, y afirman además que a nivel nacional destaca por resolver el 86% de estos eventos, deteniendo a los culpables y en algunos casos logrando la sentencia condenatoria. ¡Pffff! A otro perro con ese hueso.

            Marcela Lagarde, académica e investigadora mexicana, considera al feminicidio y los delitos por la violencia intrafamiliar como crímenes de Estado, porque -infiere- estos sucesos corresponden directamente a una fractura del Estado de Derecho que favorece la impunidad. Entonces, siguiendo esta línea de interpretación, podemos concluir que en Chiapas no existe tal combate a la violencia de género como lo asegura el gobernador Manuel Velasco Coello, porque no sólo no ha logrado dar seguridad a las mujeres con el uso efectivo de las herramientas legales y políticas, sino también ha permitido que haya desconfianza en el sistema judicial del estado que reparte impunidad y obvia deliberadamente las recomendaciones de los organismos públicos y asociaciones especializadas en el tema.

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            Lo que pertenece al momento del Chiapas es que el gobierno comience hacer a un lado la absurda demagogia y los sueños de llegar a la presidencia de la República para concentrar la fuerza judicial y política en el ataque a este fenómeno que es un asunto de justicia y reconstrucción social.

yomariocaballero@gmail.com

@_mariocaballero

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