El tema no podía ser más simple: El escándalo de los 180 millones de pesos que figuran en una de las cuentas de “El Señor” Alejandro Gamboa López y el tóxico proceso de transformación que lo llevó de mendigo a millonario instantáneo, como los muchos que se produjeron en el gobierno sabinista.
La metamorfosis: “Una mañana
Alejandro Gamboa despertó y se vio convertido en un hombre rico”. No siempre
fue así. Quienes tuvieron la desventura de conocerlo hace no muchos años
recordarán que El Señor Gamboa (pobre de aquel que no lo llame de este modo)
inspiraba lástima verlo deambular por los recovecos del edificio del PRI en
Santo Domingo. Muchos tendrán presente la imagen de aquel joven acomedido pero
famélico, con pingajos en lugar de ropa y zapatos desgastados, ofreciendo sus
servicios de mandadero a las secretarias y a cualquier persona que se le
atravesara en el camino.
Así fue como conoció a Julián Nazar
Morales, de quien fue su maletero. Nazar no es conocido por ser un personaje
dechado de buenos valores y moral implacable, tampoco por poseer una voluntad
acuciosa en el servicio público, sino por sus métodos nada ortodoxos para
apropiarse del poder a como dé lugar y hacerse de dinero ilícito. El garrote es
el símbolo que mejor lo identifica.
Con el paso del tiempo Gamboa pasó
de ser maletero de Nazar a ser su amigo íntimo, posición que le agenció
injerencia en los operativos políticos y participación medular en las acciones vandálicas
que emprendía Nazar Morales para seguir incrustado en el presupuesto y
agigantar su ya grosera fortuna. Fue ahí donde inició la carrera gansteril de
Alejandro Gamboa.
Bajo las órdenes de Julián Nazar, Gamboa López armaba grupos
de choque para enfrentarse al gobierno, extorsionaba a ganaderos y
agricultores, boicoteaba las decisiones partidistas secuestrando los edificios
del PRI y amagando con garrote en mano a los militantes para que apoyaran a su
patrón, y hasta llegó a defraudar por miles de pesos a cientos de familias de humildes
campesinos con la farsa de realizar gestiones ante el gobierno del estado para
apoyos al agro chiapaneco.
A partir de ese momento Alejandro Gamboa se olvidó de pasar
hambre y ser empleado doméstico.
***
¿Qué ha pasado desde entonces? ¿Cómo
logró ser quien es cuya prosperidad es una fuente interminable? ¿Dónde quedó
aquel hombrecito que las empleadas extrañan porque no había quien se le
igualara en rapidez para ir por las tortas y los refrescos, y de quien aún
guardan el bonito recuerdo de ser el mejor fotocopiador que haya tenido el PRI
en toda su historia?
Alejandro Gamboa –perdón, el señor
Gamboa- es un hipócrita que nunca ha desmentido su amor por el PRI, aunque cada
vez que puede lo traiciona. Como aquel célebre suceso cuando se supo que al
mismo tiempo en que se desempeñaba como asesor en el H. Ayuntamiento de Tuxtla
Gutiérrez, bajo conducción priista, también cobraba como regidor del Partido
Verde Ecologista de México en Atizapán de Zaragoza, Estado de México, en el
periodo 2003-2006. O el escándalo que se suscitó al saberse que era perredista
desde el 5 de junio de 2005, fecha corroborada con la credencial de afiliación
expedida a su nombre.
![]() |
| Nemesio Ponce Sánchez |
En el año 2010, Alejandro Gamboa fue
ungido dirigente estatal del PRD por obra del inefable Nemesio Ponce Sánchez,
con quien logró envestirse de impunidad y cometer las más reprobables bajezas: No
se olvidará que en una persecución policial tipo Ripley encarceló a Walter de
León Montoya y al maestro en derecho Horacio Culebro Borrayas.
La aprehensión trató de ser censurada mediáticamente pero no
lo lograron. Sin embargo, los supuestos delitos de los aprehendidos se
difundieron con exagerada ostentación, y en el colmo del bullicio nadie los
creyó. En los días siguientes, no mucho se habló del acontecimiento, pero no
pudo escapar del sentido común que estos dos personajes (León Montoya y Culebro
Borrayas), con gran capacidad para crear movimientos en masa, eran un serio obstáculo
para los objetivos políticos de la administración sabinista, sobre todo para
Nemesio Ponce y Alejandro Gamboa, que logró el exitazo de su vida en ese
sexenio de impunidad y riqueza desmedida.
En su paso por el PRD Gamboa López fue un desastre de
niveles irreparables. Con el dinero del partido en las cuentas del banco HSBC,
se enriqueció él, su hermano Antonio, muchos
de sus familiares salieron de la pobreza al ser incrustados en la nómina;
asimismo, alimentó aviadores, trabajadores fantasmas y a sus amantes. Eso por
el lado económico; por el político, hizo del PRD una agencia de colocaciones al
servicio de Nemesio Ponce Sánchez, quien repartió los peldaños políticos,
diputaciones locales y federales y senadurías a amigos, compadres y personas a
modo del gobierno, y de esta manera obtuvieron el respaldo del Congreso del
Estado para aprobar lo que al régimen se le viniera en gana y tuvieran presencia
a nivel nacional.
A su salida del
partido Gamboa impuso para la dirigencia a Luis Raquel Cal y Mayor Franco para cubrirle
las espaldas, esconder la dilapidación presupuestal y continuar con el debacle
del PRD. Y todo salió conforme a lo planeado.
En las postrimerías de la administración de Juan Sabines
Guerrero, en julio de 2012, Alejandro Gamboa fue colocado en la titularidad de
la Secretaría de Desarrollo y Participación Social, donde su ambición no conoció
límites y el despojo financiero para Chiapas siguió su marcha.
***
El día 5 de febrero de 2013, en el patio del Palacio de
Gobierno, en el marco de la celebración del Día de la Constitución, Alejandro
Gamboa profirió la siguiente sentencia lapidaria: “El güero Velasco es mi amigo,
mi brother; yo le ayudé a ganar la gubernatura”. Así fue como lo dijo, aunque
nunca así fue.
Lo que ahora indigna no es que se pasee por las plazas
agarrado de la mano con Pacomoches
Rojas Toledo vociferando que Rojas es el mejor para gobernar a Tuxtla, sino las
promesas que lanza a mansalva de crear oportunidades de crecimiento, alcanzar
la gobernabilidad y el desarrollo para la ciudad.
¿Cómo creerle a Alejandro Gamboa cuando nunca en su vida se
ha preocupado por los demás? ¿Cómo creerle cuando lo único que considera importante
es su egolatría y esnobismo? ¿Cómo creer que Gamboa logrará darnos el
desarrollo y el impulso económico esperado cuando su mayor virtud es el
derroche y el escamoteo?
¿Cómo creerle a Gamboa cuando prodigó cientos de miles de
pesos para recuperar a “lola” (una
perra french poodle con la que jugaba por las tardes en los parques, en los
jardines de sus residencias, brincando, acicalándose el uno al otro, pintándose
las uñas, y es a la que le debe su mayor tristeza que hasta tuvo que acudir al
psicólogo para recuperar su estabilidad mental y emocional) tapizando las
calles de Tuxtla con lonas gigantescas donde aparecía la imagen de la perra y
en la que ofrecía una enorme recompensa a quien se la regresara o le diera
pistas de su paradero?
En fin, Alejandro Gamboa López no tiene autoridad moral para
garantizar nada, menos prosperidad. Y la mediocridad, la corrupción y la
estulticia son en él monumentos virtuales.
yomariocaballero@gmail.com

Comentarios
Publicar un comentario