El
inútil desempeño de Oscar Trinidad Palacios en la CEDH es la ridiculez que
pierde su honesto nombre, y su vanidad exasperante es un homenaje al cinismo.
Sin embargo, lo más lamentable es que desde el día 29 de enero de 2014, fecha
en que se hace cargo de la presidencia de la CEDH, los resultados de su labor
en cuanto a la adopción de medidas preventivas, recomendaciones generales e
informes especiales no corresponden, ni por aproximación, a la dolorosa
realidad que vive el estado en materia de derechos humanos. Y de ahí viene que
expertos en el ramo descalifiquen la actuación de Trinidad y cuantifiquen los
resultados de la comisión como nulos.
Lo
que se ha dicho y escrito en muchos lugares sobre las repercusiones éticas y
políticas muy negativas en la trayectoria de Juan Oscar Trinidad, ahora se
enfrenta contra el contexto histórico de la comisión y contra la obviedad de
que él no es la persona que se esperaba para ocupar un cargo de tan alta
responsabilidad social, y de que su llegada a la presidencia del instituto
significa la apoteosis de la desesperanza, tanto más encendida cuanto más se
sabe de los escándalos mayúsculos de corrupción y venta de influencias.
LA ILEGALIDAD DE
LA DESIGNACIÓN
La
designación de Juan Oscar Trinidad Palacios como presidente de la CEDH no
tiene, por más mínima que ésta sea, una sola razón que la justifique. Al
contrario, abastece con pruebas suficientes la ilegalidad en el asunto, a la
vez que iluminan a fondo la falta de méritos para conservar la investidura.
La
ley orgánica de la CEDH determina en su artículo 25 los requisitos a cubrir para
ser elegido presidente y en consecuencia obtener la distinción de ombudsman, y
Oscar Trinidad no cumple con los contemplados en las fracciones tres y seis.
Transcribo en su forma original:
-
Fracción III: Contar
con experiencia en materia de derechos humanos, o actividades afines
reconocidas por las leyes mexicanas y los instrumentos jurídicos
internacionales.
Imposible siquiera suponer
que hay en Juan Oscar Trinidad trayectoria alguna como defensor de los derechos
humanos. No se pueden borrar de la memoria los graves señalamientos en su
contra por acoso sexual y golpeador de mujeres siendo él funcionario público.
Si en Trinidad
Palacios no hay una sola obra de caridad, mucho menos una derivada de las leyes
que se identifique con la protección de los marginados, o con sentido altruista
o filantrópico. Lo que sí posee y en niveles desproporcionados es una fortuna
millonaria que no ha podido explicar, una actividad política siempre protegida
por el PRI (partido del cual ha sido dirigente estatal, diputado federal y
local), saqueo desconsiderado, red de corrupción, impunidad, cultura clientelar
y demás inmoralidades.
-
Fracción VI: Gozar de
buena reputación y no haber sido condenado por delito intencional que amerite
pena corporal de más de un año de prisión; pero si se tratare de robo, fraude,
falsificación, abuso de confianza u otro que lastime seriamente la buena fama
en el concepto público, lo inhabilitará para el cargo, cualquiera que haya sido
la pena.
La calidad de la reputación
de Trinidad Palacios no requiere de adjetivos sino de imágenes: En los próximos
días podría ser demandado por el médico veterinario Ricardo Cano que afirma
haber sido defraudado por el ombudsman por una fuerte suma de dinero que hasta
el día de hoy le niega pagar.
La deuda nació en el
año 2011 por gestiones que Cano hizo ante programas sociales del gobierno del
estado, con los cuales Trinidad se vio beneficiado con 300 cabezas de ganado
con constancias originales para los cuatro ranchos de su propiedad.
Ricardo Cano confesó
en entrevista haber sido blanco de los golpes, insultos y amenazas de Oscar
Trinidad. Relata el atropello a su persona cuando acudió a la Notaría Pública
No. 21 con residencia en Tonalá, misma que obtuvo por la íntima amistad con
Juan Sabines Guerrero y Nemesio Ponce Sánchez:
“Constantemente llegaba a su notaria ubicada en la calle independencia entre avenida
hidalgo y rayón con la finalidad de que me liquidara el trabajo concluido en
tiempo y forma. Sin embargo, mi persona recibió una tremenda gritada donde me
decía que mi trabajo estaba muy caro y que no me iba a pagar la cantidad
acordada. En repetidas ocasiones me he acercado a su notaría y no me da la cara.
En la última ocasión, me sacó a golpes de su oficina y me amenazó con hacerle
daño a mi familia si seguía cobrándole”.
INMORAL
En
los tiempos actuales se intensifica la exigencia de alguien comprometido con la
sociedad, íntegro, honesto y de comprobada autoridad moral para terminar con el
conjunto de abusos y demás violaciones a los derechos humanos. Pero sin
necesidad de precisarlo, Juan Oscar Trinidad Palacios carece de todo ello para
hacer de la comisión una entidad donde verdaderamente se promuevan, defiendan,
respeten, estudien y divulguen los derechos humanos.
Lamentablemente, hoy
la CEDH no está para prestar esos servicios porque para ello es necesario que
primero se haga una asepsia desde adentro: sacudir la ignominia, la farsa, los
pleitos internos por el poder y los excesos que desde hace años han asolado a
la comisión hasta hundirla en una ciénaga putrefacta.
Además, por la
corrupción de Trinidad Palacios (Dios me libre de eliminar la sospecha) los
fallos se producen siempre en contra de los denunciantes, porque esa es hoy la
función del organismo: acrecentar el infortunio de los débiles.
En
el colmo de lo absurdo, el ombudsman viola también el artículo 26 que faculta
al presidente de la comisión para desempeñar su cargo con plena autonomía. En
cada evento, Oscar Trinidad no pierde la oportunidad para rendirle comparsas,
himnos y alabanzas al gobierno de Manuel Velasco Coello, como si éste lo
necesitara, y lo hace con tal vehemencia que hasta empalaga.
Lo
inevitable aquí es preguntar, ¿cómo una persona como Oscar Trinidad Palacios
con inexistente autoridad moral, corrupta y desprestigiada hasta al hartazgo
logró ser presidente de la CEDH?
El Congreso del Estado de Chiapas debe,
portentosamente, hacer que se cumpla la ley, darle sentido a las funciones del
organismo y destituir a Oscar Trinidad porque su impunidad importa sobremanera.
PARA MAGDALENA
El trabajo político de Eduardo
Ramírez Aguilar hecho desde la Secretaría de Gobierno fue importantísimo para Chiapas. Destrabó conflictos ancestrales por la tenencia de la tierra, restableció el
orden público en zonas donde imperaba la anarquía caciquil y mantuvo la paz y la
tranquilidad por la que el gobernador Manuel
Velasco Coello ha pugnado desde el primer día de su mandato. Sin embargo, a
Lalo Ramírez lo traicionó una de sus gentes más cercanas. Me refiero a Liliana Figueroa, la encargada del manejo
mediático de las actividades de la secretaría, que nunca entendió cuál era el nivel de diligencia
y actitud que debió tener frente a la gente. Pues ella es la imagen exacta de la
estupidez y la arrogancia: contrae pleitos gratuitos, pide respeto cuando es la
primera en ofender, descalifica y acusa de soberbios a todo aquel que intente
defenderse de sus infamias. La buena época gubernamental que vivimos no
requiere de personas miopes y prejuiciosas como Liliana Figueroa, que en lugar
de ofrecer una apertura que vigorice las relaciones entre el gobierno y gobernados, bloquea los accesos y construye templos a la idiotez… Au revoir.
@_MarioCaballero
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