¿Cómo
entender el origen de la crisis de gobernabilidad en el país? ¿Cómo producto de
un Estado fallido? ¿Cómo dictadura? ¿Imperialismo (recurriendo a la palabra
favorita de Andrés Manuel López Obrador)? ¿Irresponsabilidad del poder? ¿Consecuencias
de la corrupción que abarca los sectores amplios del gobierno?
Para
esto, ¿qué es la crisis de gobernabilidad? Se traduce, básicamente, como el
incremento de la violencia, la privatización de la seguridad, la corrupción, la
ineficiencia de la policía; asimismo, es el déficit en la procuración de
justicia y en la protección de los derechos humanos. En cuanto estructural, es
la falta de capacidad para cumplir con sus funciones, principalmente las de
implementación de políticas públicas.
Dada
la conceptualización, ¿podemos afirmar que existe en México una crisis de
gobernabilidad? ¿O lo que muchos suelen calificar como crisis es sólo consecuencia
de la desinformación por los escándalos recientes atribuidos indistintamente al
Estado? ¿O el statu quo es tan sólo
el efecto de la inútil respuesta del gobierno federal?
Lo que se ve a
simple vista es una ineficiente estrategia del control de daños por parte del
gobierno de Peña Nieto. No hay ingobernabilidad. No hay autoritarismo, sino
falta de capacidad para responder ante las dificultades: Cuando se presentaron
los escándalos de Ayotzinapa y La Casa Blanca, el gobierno dejó pasar mucho
tiempo para hacer las aclaraciones pertinentes, para después no tener la
habilidad para calmar los apasionamientos y dar una contestación efectiva a las
acusaciones que deslindara al gobierno de toda culpabilidad.
Cuando a
Felipe Calderón lo calificaron de asesino por los
70 mil muertos en la lucha contra el narco, él contestó con
“No me arrepiento porque todo lo hice
para el bien de México y porque amo a mi país”. Y al cinismo de Calderón nadie
le protestó, se tragaron el coraje, nadie salió a las calles a manifestar su
inconformidad, ni organizó marchas, ni movilizaciones de odio, ni saturaron las
páginas de la prensa y las redes sociales con mensajes iracundos y mucho menos
hubo vandalismo.
Y
sólo para la memoria queda la inservible Caravana
por la paz que creó Javier Sicilia tiempo después de que elementos de la
Procuraduría General de Justicia de Morelos encontraran muerto a su hijo en un
vehículo, junto a otras seis personas, con un presunto mensaje del crimen
organizado. Según el propio Sicilia, la caravana fue para obligar a Calderón a
ponerle fin a la guerra, pero lo único que logró fue darse a conocer,
presentarse como poeta, politizar el acontecimiento y exacerbar los sentimientos
generalizados de impotencia frente a las políticas genocidas de Calderón. Nada
para el provecho colectivo.
El
gobierno de Felipe Calderón perdió el dominio de la estrategia contra el narco,
pero jamás dejó que se le escapara el poder, que se le sublevaran o
contradijeran su autoridad. A cada señalamiento de violación a los derechos
humanos, matanza, asesinatos de gente inocente en el fuego cruzado, recrudecimiento
de la violencia, Calderón Hinojosa siempre contestó con prontitud, incluso con
toda la fuerza del estado para contener cualquier conato de movilizaciones en
contra de sus políticas antinarco. De
tal forma, aunque todos inconformes no hubo un estallido de indignación moral
como la de ahora; sí mucho enojo, desde luego, y hasta ira pero no más.
El
mayor pecado del gobierno de Enrique Peña Nieto se resume en una máxima: El que calla otorga. Porque al
mantenerse en el silencio absoluto y el quietismo, permitió que escándalos
plagados de murmuraciones minaran la credibilidad, la confianza y la estabilidad
del país. Demolición de la que no ha logrado recuperarse, y que hasta el
momento no da indicios de poder hacerlo.
Muchos
pensaron que con la destitución de David López de la Dirección de Comunicación
Social de Los Pinos todo cambiaría para bien, para evitar que se acrecentara el
fracaso que representó López como jefe de control de daños, pues desde un
inicio no pudo contradecir los fuertes señalamientos de Crimen de Estado y nunca logró detener la marejada de críticas al presidente.
Y la ilusión de ver por finalizados estos episodios deleznables llegó cuando presentaron
al nuevo vocero, Eduardo Sánchez, como garantía de defensa a la Patria.
Lo embarazoso del
asunto es que sin David López o con Eduardo Sánchez, los escándalos continúan y
el descrédito tanto del gobierno como del presidente sigue en aumento. Y a los
problemas anteriores se suma el conflicto entre la empresa de noticias MVS y
Carmen Aristegui, donde del despido de la conductora los adversarios de Peña Nieto
hicieron material político, argumentando que se trató de una “revancha
política” convenida entre el poder y MVS para callar a la periodista que reveló
los datos de la Casa Blanca de Angélica Rivera.
Otro caso
reciente es el de los costosos vestidos que lució Angélica Rivera en la visita
de Estado al Reino Unido. Y lo que viene enterrando toda posibilidad de
reivindicación, es el presunto desvío de dinero de la campaña presidencial a
una cuenta en Andorra a nombre de Gabino Antonio Fraga, coordinador de la
campaña de Peña Nieto.
En todos los
casos la estrategia de control de daños resultó inoperante, defectuosa, porque
no responde a nada y no desmiente nada. Y la mayor virtud de esta táctica es
dejar en indefensión a la presidencia de Enrique Peña.
LO
QUE SE PUDO DECIR, PERO QUE NADIE DIJO
1.
Lo concerniente al caso de
Ayotzinapa era de simple lógica. Un ejemplar comunicado de prensa pudo explicar
que si el gobierno del Estado de Guerrero era del PRD, el de Iguala también del
PRD y los Abarca impuestos por Andrés Manuel López Obrador cuando este hacía y
deshacía lo que le venía en gana con el partido, a la sazón, tanto las muertes
de las seis personas en el tiroteo como la desaparición de los 43 normalistas,
eran entera responsabilidad del PRD, no del gobierno federal y menos del
presidente.
2.
En cuanto al escándalo de la Casa
Blanca fue una gran torpeza dejar que manos inexpertas y gente no apropiada,
como La Primera Dama, se encargara de aclarar la situación. Para eso están los
instrumentos y métodos correspondientes. Además, fue manifiesta la desbordante
incapacidad de los estrategas para siquiera comentar sobre las amistades que se
suscitan por relación laboral y política que hay entre los empresarios,
políticos y demás gobernantes. Cosa inevitable -y por demás sensata- que pasa entre
otros constructores y gente del PAN y del PRD, dentro y fuera del poder.
3.
Nada tuvo que ver Peña Nieto en
el despido de Carmen Aristegui. Veámoslo: En primer lugar, no fue a través de
MVS donde se dio a conocer la adquisición de la llamada Casa Blanca; segundo,
es un claro conflicto por violaciones al contrato laboral entre MVS y
Aristegui; tercero, sería insensato para el gobierno sacarla de un medio donde
ella tiene que sujetarse a las voluntades para los que trabaja y dejarla con la
gran oportunidad de formar su propio medio de comunicación en la que ella pueda
actuar con plena libertad; cuarto, MVS es el que más pierde al despedir a su
periodista estrella y principal agente de coerción mediática, por llamarlo de
algún modo.
4.
Nadie aclaró el artículo de la
edición 427 de la Revista española ¡Hola
México!: Los vestidos que usó Angélica Rivera en el Reino Unido no eran
exclusivos y tampoco fueron adquiridos para la ocasión.
5.
El caso Monex difundido por el
diario El Mundo (hablo para los más
informados), es más bien un documento discursivo que un reportaje periodístico,
cuya veracidad de los datos no tienen una base sólida. Para empezar, se
refieren al presidente como Eduardo Peña Nieto.
LA
CULPA DE PEÑA NIETO
No exculpo a
nadie. Lo que viene es previsible: El gobierno de Enrique Peña Nieto seguirá
perdiendo credibilidad por su hasta ahora inexistente estrategia de control de
daños. Y si caemos en un total vacío de poder en México por no actuar el
presidente y su equipo de comunicación con inteligencia en defensa de su
prestigio y su gobierno, y que por ello la economía caiga en pique, la pobreza
se extienda y el coraje llegue a niveles de insurrección, entonces esa sí será su
culpa.
@_MarioCaballero
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