OMBUDSMAN ESPURIO


             No hay excusa que disculpe, ni argumento que defienda. La designación de Juan Oscar Trinidad Palacios como presidente de la CEDH no tiene, por más mínima que ésta sea, una sola razón que la justifique. Al contrario, es un insulto a la inteligencia y una violación fragrante a las leyes porque la memoria ilumina a fondo la mala fama y la falta de autoridad moral que lo identifican. Y los que lo defienden, un puñado de guardaespaldas verbales, ven virtudes e inocencia donde sólo hay despotismo y perfidia. Y en el caso de que posea una virtud esa es la habilidad para construir su propia deshonra y desmoronar las instituciones.
          
           Para que alguien obtenga la valiosa distinción de ombudsman, requiere -entre los más selectos valores éticos y morales- que cumpla a cabalidad con los requisitos del artículo 25 de la Ley de la Comisión Estatal de Derechos Humanos.  Obviamente, Trinidad Palacios infringe los establecidos en las fracciones tres y seis.



Veámoslos:

-    Fracción III: Ésta exige contar con experiencia en materia de derechos humanos o en su caso haber llevado a cabo actividades afines reconocidas por las leyes mexicanas y los instrumentos jurídicos internacionales.

Juan Oscar Trinidad no ostenta trayectoria alguna como defensor de los derechos humanos. De lo que sí dispone, y con todo rigor, es de impunidad. Al tiempo de ser encubierto por el PRI (partido del cual ha sido dirigente estatal, diputado federal y local) de los mayúsculos escándalos de golpeador y de los serios rumores de acoso sexual que lo siguen desde que presidió el PRI.

No hay en el recuerdo una sola obra que exhiba preocupación por resolver los problemas añejos de la sociedad chiapaneca en materia de derechos humanos que contenga sus apellidos. Lo que sí existe es una fortuna millonaria con orígenes inciertos, una actividad política con graves señalamientos de saqueo desconsiderado, clientelismo y abuso de autoridad.

-          Fracción VI: Gozar de buena reputación y no haber sido condenado por delito intencional; pero si se tratare de robo, fraude, falsificación, abuso de confianza u otro que lastime la buena fama en el concepto público, lo inhabilitará para el cargo.

La reputación de Trinidad Palacios no requiere de adjetivos sino de imágenes: En próximos días podría ser demandado por el médico veterinario Ricardo Cano que afirma haber sido defraudado por el ombudsman por una fuerte suma de dinero que hasta el día de hoy le niega pagar. La deuda nació en el año 2011 por gestiones que Cano realizó ante programas sociales del gobierno del estado con los cuales Trinidad se vio beneficiado con 300 cabezas de ganado con constancias originales para los cuatro ranchos de su propiedad.

En una entrevista, Ricardo Cano confesó haber sido blanco de los golpes, insultos y amenazas de Oscar Trinidad. Relata el atropello a su persona cuando acudió a la Notaría Pública No. 21 con residencia en Tonalá: “Constantemente llegaba a su notaria ubicada en la calle independencia entre avenida hidalgo y rayón con la finalidad de que me liquidara el trabajo concluido en tiempo y forma. Sin embargo, mi persona recibió una tremenda gritada donde me decía que mi trabajo estaba muy caro y que no me iba a pagar la cantidad acordada. Ante esa situación le hice una rebaja de 5 mil pesos que no debía hacer, pero con tal de que me pagara lo hice. En repetidas ocasiones me he acercado a su notaría y no me da la cara. Ya me habían comentado algunos amigos que Juan Oscar Trinidad Palacios es un hombre que busca los servicios de las personas y que por lo regular siempre queda con deudas. En la última ocasión, me sacó a golpes de su oficina y me amenazó con hacerle daño a mi familia si seguía cobrándole”.

Abundar en ejemplos de esta índole sería un desgaste visual y de tiempo, dados en suficiencia los pormenores del desprestigio político y moral de Oscar Trinidad.
  
NULA AUTORIDAD MORAL

            En la realidad actual de la CEDH se intensifica la exigencia de una persona con autoridad moral que elimine con capacidad, talento y trabajo sin descanso el conjunto de abusos, ignominias y revelaciones de ilegalidad dentro del organismo, donde además el polvo de los siglos se acumula sobre los expedientes y donde los fallos se producen siempre en contra de los denunciantes, y no sólo por la corrupción de Trinidad Palacios (Dios me libre de excluir la sospecha), sino porque en la actualidad esa es la función de la comisión: acrecentar el infortunio de los débiles.

            Sin necesidad de precisarlo con más pruebas, Juan Oscar Trinidad Palacios carece de autoridad moral para sustentar el cargo de defensor de los derechos humanos. Y en el colmo de lo absurdo trasgrede el artículo 26 que faculta al presidente de la comisión a desempeñar sus deberes con plena autonomía al rendir comparsas, himnos y alabanzas a un gobierno reconocido y respaldado por la confianza de la gente, el de Manuel Velasco Coello. Y lo hace con tal empeño como queriendo convertir en monumentos su mediocridad, impunidad y estulticia.

            Que nadie acepte su envestidura y que nadie reconozca en él un trabajo efectivo en la promoción, defensa, respeto, estudio y divulgación de los derechos humanos, es sin duda alguna el mayor de los fracasos de Juan Oscar Trinidad y su más grande descrédito como funcionario público.

La pregunta inevitable es, ¿cómo logró una persona inmoral, corrupta y desprestigiada hasta al hartazgo como él ser presidente de la CEDH? El Congreso del Estado de Chiapas debe, portentosamente, hacer valer las leyes, recuperar la confianza en el organismo defensor y remover a Oscar Trinidad Palacios porque sus execrables precedentes importan sobremanera. 

@_mariocaballero

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