En
un país democrático como el nuestro debe existir un absoluto respeto a la
pluralidad de ideas. Porque, ¿qué es la democracia sino la forma superior de
gobierno que se basa en el respeto del hombre como ser racional, donde se hace
necesario congregar a todas las voces y opiniones para vitalizarla y hacerla
productiva? Por lo tanto, es condenable la creación de campañas de
linchamiento contra quien sea y preocupa porque con grandes efectos negativos estas
cruzadas de odio alteran la realidad y son en sí mismas una orgía de la
venganza pueril.
No podemos negar que México está
dividido como resultado de la confrontación política, que en términos
pedagógicos es carencia de civilidad. Y este fenómeno histórico conocido como Guerra
Sucia tuvo su punto de despegue en las décadas de los 60 y 70,
ampliando su espectro en los últimos años donde en tiempos electorales nos
vemos inundados de publicidad abyecta, absurda, ridícula y en algunas ocasiones
estúpida, en contra de los políticos, de los partidos y sobre todo de la
sociedad que es el principal motor de la democracia.
En los tres últimos plebiscitos
presidenciales fuimos testigos de la manipulación política que se hizo a través
de la propaganda electoral. No hubo ideas ni propuestas que atrajeran el voto,
sino descalificaciones entre los participantes y los partidos. Lo que nos da a entender
que vivimos una política hueca, chantajista y difusora del miedo, en la cual se
gana más desprestigiando al enemigo con lemas como “Es un peligro para México”, que postulándose como la mejor opción
para el desarrollo y prosperidad del pueblo.
Y las graves consecuencias de esta
guerra sucia nunca han sido tomadas en cuenta a la hora de tachar la conducta,
difamar y lanzar diatribas. Las repercusiones primeras que crean en la sociedad
son la anarquía y el desinterés, porque fomentan en la mentalidad de los
electores la noción de que la política nacional no nos lleva a ninguna parte.
Actualmente en Chiapas, con la
anticipación acostumbrada, vemos cómo los prejuicios se lanzan sin piedad destruyendo
la imagen y la reputación. Podemos darnos cuenta que hay regocijo por el
insulto, que el grupo de los autonombrados analistas nublan el entendimiento
con sus bodrios que impiden decidir con libertad y critican sin pensar que con
ello provocan la demolición de las instituciones y el sistema.
No importan las necesidades
intelectuales y morales de la gente, sino los rendimientos económicos que deja
la mercadotecnia de la infamia que se exhibe, sin que nadie la detenga, como el
único significado en tiempos preelectorales. Tampoco interesan la prosperidad
del momento, la gobernabilidad lograda, la paz social, la seguridad y el
desarrollo alcanzado a lo largo del proceso de los gobiernos en marcha.
LA
OPOSICIÓN Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN
Para el caso, ¿qué es la oposición? ¿La
inmolación política por falta de capacidad para formar una alternativa que
convenza o el método más elaborado de destrucción del Estado a través de la
incongruencia y la pugna sin sentido? Sin una oposición consolidada, sustentada
en un pensamiento doctrinal y con visión, no puede haber una democracia real,
mucho menos un gobierno que garantice buenos resultados, y a lo más que se
puede aspirar es a un acomodamiento gubernamental falaz con altos riesgos de
depravación.
Y dada la falta de un antagonismo
crítico y de propuesta, a las elecciones las distingue el abstencionismo (manera
sutil para nombrar la devastación del régimen democrático) y el desprecio generalizado
por la calidad moral de la clase política en México.
¿Qué han sido entonces los partidos en
las dos décadas anteriores? ¿Qué han representado para la sociedad? ¿Qué han
hecho para robustecer la democracia y la vida política? Absolutamente nada. En
el ámbito nacional el PAN se distinguió por hacer de su gestión de gobierno una
mentira piadosa, no hubo cambio, no hubo más que corrupción, muerte, despotismo
y una evidente incapacidad para gobernar. El PRD, en la misma esfera, no ha
logrado -ni logrará- despuntar y afianzarse en la confianza de la gente por
causa de su torva, vandálica, peleonera e hipócrita manera de conducirse. El
resto de las instituciones, la barra infantil en términos televisivos, son un
cero a la izquierda.
En Chiapas, el PAN y el PRD han
demostrado a lo largo de los años ser desbordantes en la falta de ideas, y al
no tener argumentos para contender en cualquiera de los comicios, aluden a las
amenazas, al pago de guardaespaldas verbales que no sólo defienden sino también
atacan a todos aquellos contrincantes de sus mecenas poniéndoles apodos,
inventándoles delitos, sembrando discordia y calificándolos de corruptos y
violadores.
Recientemente se supo que desde la
dirigencia estatal de ambos partidos, varios personas de los llamados troles
fueron contratados para llenar las redes sociales de rumores y fotos truqueadas
en contra de algunos personajes, que ya sea por el reconocimiento que poseen,
la trayectoria en el servicio público o por representar una fuente de ideas
renovadoras, son blancos de políticos inoficiosos y desempleados que los atacan
violentamente a través de los medios de comunicación para demeritarles su
trabajo y su prestigio con el objetivo de subirse ellos al escenario.
Muchos periodistas se prestan al
juego que proponen el PAN y el PRD en la entidad. Cuánta razón tenía Manuel
Buendía al decir que “Hay una deficiente formación de muchos periodistas, hay
mucho arribismo, hay mucha improvisación. Hay falta de espíritu y, desde luego,
abandono de las normas éticas”. Y en sus escritos y artículos periodísticos
cargados de resentimientos, hay mucha información incomprobable, una ausencia
de análisis críticos y puntos de vista articulados. Al final, son ellos, los
apologistas del engaño, quienes redefinen a las costosas campañas proselitistas
como la consagración de la ineptitud, la ignominia y el cinismo.
Atacar para medrar. La moda es destruir
en nombre de la libertad de expresión, aunque eso signifique retroceder a la
época medieval, nulificar los efectos de la democracia, acrecentar el fastidio
de la gente y alejar la política de la voluntad de los chiapanecos.
En la actualidad es imprescindible ver
con el pensamiento crítico para no caer en el engaño de que toda opinión
conferida es parte del derecho fundamental de manifestarse. Resulta urgente
hacerlo para entender que la técnica política de hoy es la calumnia y el
amague, y que se persigue mediáticamente a quienes todavía confían y puede
erigir una democracia genuina.
Además, comprendamos que los que están
detrás de esas páginas blasfemas y de los micrófonos ponzoñosos, tienen el propósito
de invocar la desestabilización social del estado, confundir a la sociedad y
desacreditar lo que todavía puede representar una opción para los ciudadanos.
***
El crispamiento de hoy nos hace daño a todos, y esta operación de la
malevolencia ramplona debe eliminarse porque no corresponde a libertad de
expresión alguna, sino al afán de lograr lo imposible: con unas cuantas
imágenes o comentarios en la prensa declarar a una persona un peligro para el
estado.
A menos de que alguien demuestre lo contrario, en Chiapas no hay
dictadura ni terroristas políticos como muchos pretenden afirmar, y en lo que
este suceso insiste es en que sí hay prepotencia difamatoria que quiere hacerse
pasar por libertad de expresión y estrategia de partido.
Si el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana, el Instituto
Nacional Electoral y las autoridades correspondientes no defienden lo que nos
queda de civilidad, lo que viene es la eliminación del derecho de elegir en
nombre de los poderes que, por supuesto, nunca se harán responsables.
@_MarioCaballero
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