Es entendible que las manifestaciones forman
parte de la vida pública y democrática de nuestro país, pero pretender
justificar la violencia argumentando que se trata de solidaridad con las
víctimas, y hacer creer que el vandalismo es tan solo un método para presionar
a las autoridades para que se haga justicia es un vil engaño. Y también lo es
calificar el atentado contra los normalistas como un crimen de Estado dado el
cúmulo de información al respecto.
La matanza de los normalistas se ha comercializado
políticamente durante todo este tiempo. Los acontecimientos se están leyendo al
revés, ven inmolación donde solo hay impunidad. Porque incendiar inmuebles,
tiendas, autobuses de pasajeros; secuestrar camiones, autos, casetas de cobro;
tomar edificios públicos, plazas y centros comerciales; causar destrozos,
violar el Estado de Derecho y los derechos civiles e individuales de las
personas visiblemente no es y nunca será solidaridad, sino una portentosa lucha
por la desestabilización social del país.
NO HAY CRIMEN DE ESTADO
Con la detención de
Sidronio Casarrubias, líder de los Guerreros Unidos, el 16 de octubre de 2014,
se aclaró en gran parte el crimen a los normalistas. Sin embargo, el 15 de
enero del presente fue aprehendido Felipe Rodríguez Salgado, alías El cepillo, y parece ser la clave para
despejar todas las dudas sobre lo sucedido ese violento 26 de septiembre.
El cepillo era jefe de sicarios para Guerreros Unidos en Iguala, que junto
con César Nava, subdirector de policía de Cocula, realizaba el trasiego de
droga e impedía que grupos antagónicos entraran a esa zona. En días pasados, la Procuraduría General de la República hizo
pública la siguiente declaración de El Cepillo:
“El
Chuky me llamó por teléfono y me dijo que iba a entregar paquetes
(rivales en el negocio de drogas) que eran de Los
Rojos y me los entregó en
Loma del Coyote. Llegando al basurero de Cocula bajamos a los estudiantes de la
camioneta percatándome que unos ya estaban muertos creo que por asfixia, siendo
que iban hasta abajo y quedaban vivos aproximadamente entre 15 y 18
estudiantes. Al llegar al basurero me percaté que todavía estaba prendido el
fuego y muchas cenizas. Me dan la orden de El
Gil (lugarteniente de Sidronio Casarrubias) que fuera a recoger las cenizas
para tirarlas al río, por lo que ordené al Pato que fuera a comprar bolsas de plástico
y nos regresamos al basurero para recoger las cenizas con una pala que llevaba
en la camioneta”. Posteriormente regaron las cenizas en el río Atoyac.
Agrego otros datos:
-
No fue una
persecución y una balacera. Las declaraciones de los detenidos sugiere que
fueron dos los enfrentamientos con los normalistas.
-
Los
estudiantes estaban armados. Cuando los policías disparan contra los camiones,
varios “estudiantes” bajan de ellos y responden a la agresión con armas de
fuego. Y una vez abajo amenazan a los automovilistas y les roban sus autos para
huir del tiroteo.
-
A uno de
los estudiantes herido durante la primera balacera, que después fue ultimado de
un tiro en la frente y desollado, le arrancaron los ojos.
-
Policías
de Iguala y de Cocula confesaron estar ligados al crimen organizado y haber entregado
a los 43 normalistas a integrantes de los Guerreros Unidos.
-
Los
estudiantes capturados son identificados como integrantes de la banda de Los
Rojos.
No hay crimen de Estado. Si nos atenemos a la
información no podemos suponer otra cosa que lo sucedido se trató de un ajuste
de cuentas entre bandas criminales, porque la saña con que los mataron,
desmembraron y quemaron hasta las cenizas, es propio de los especialistas en
causar dolor y terror. ¿O de qué otra forma se puede entender el odio y la ira
con que fueron perseguidas estas personas para después torturarlas y ejecutarlas?
No hay crimen de Estado. La ferocidad en el
caso Ayotzinapa no es un procedimiento propio del gobierno, pues nunca se ha
visto el uso de métodos de tormento para enviar un mensaje político, pero sí es
de las bandas criminales. Ahora, ¿cómo entender que los normalistas estuvieran
armados y se enfrentaran a tiros durante más de 40 minutos como si se trataran
de sicarios y no estudiantes?
MANIPULACIÓN POLÍTICA
Impunidad y no justicia es lo que hay detrás de
las manifestaciones. Anarquistas y no defensores de los derechos humanos son
los que convocan, organizan, subsidian los gastos y dicen cómo actuar para
supuestamente presionar al gobierno para que haga aparecer a los estudiantes. Revanchismo
y no lucha social es lo que impera y mueve ciegamente a la gente.
Vándalos y no mártires
es lo que eran los estudiantes aniquilados con comprobados nexos con el crimen
organizado. Y al número incuantificable de sus agresiones se suma el homicidio que
cometieron el 12 de diciembre de 2011, donde al prenderle fuego a una
gasolinera en Chilpancingo, Guerrero, matan de quemaduras graves al despachador
Gonzalo Miguel Rivas Cámara.
Tristemente, el pueblo
ha sido arrastrado por el calor del momento, por la desinformación y el juego
de intereses de los que están detrás del lema propagandístico Crimen
de Estado. Además, los familiares de los “mártires” despreciaron las
evidencias de las investigaciones para acoger la falacia porque eso era lo que
querían oír (“Están vivos/El gobierno los tiene secuestrados/El gobierno tiene
que pagar por las muertes”), sin importarle que la información fuera falsa y
los hechos estuvieran tergiversados.
Al final, la gran mayoría de la sociedad que
creyó la mentira se hizo cómplice de la embuste, produciendo con sus supuestos
“actos de justicia” un amplio espectro de situaciones delincuenciales,
ejercicios de supremacía, ignorancia, desdén por los derechos humanos y
anarquía salvaje.
Para entender el drama actual y el
comportamiento de los supuestos “justicieros” hay que observar tres cosas: la
primera, el empecinamiento por culpar al gobierno de los homicidios; segunda,
el material político que significa hacer creer a las multitudes que los
estudiantes aún siguen vivos y que persistan las marchas, los reclamos y la
destrucción sin escrúpulos. Tercera, que no eran simples y comunes estudiantes,
sino criminales.
PARA MAGDALENA
Querida prima, el senador Roberto Albores Gleason está trabajando sin descanso a favor de los
chiapanecos. Con una convicción que solo los políticos de alto nivel poseen
destacó la aprobación de una reforma que establece nuevas disposiciones para la
contratación de la deuda pública, con el objetivo de que los préstamos a
estados y municipios realmente sean en beneficio de la gente. La urgencia de
esto lo sabes tú y toda la sociedad mejor que nadie. No queremos más fraudes e
impunidad… La diputada Itzel de León
Villard demuestra con holgura ser una mujer comprometida con su pueblo, con
su encomienda y que entiende a la política como la mejor vía para otorgar los
beneficios sociales al pueblo de Chiapas, ya que con gran inteligencia propone
una agenda legislativa que motiva el desarrollo de Chiapas y una mejor calidad
de vida para las familias… Y como ya estoy cansado, au Revoir.
@_mariocaballero

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