En el inicio de los trabajos
correspondientes al tercer periodo de ejercicio de la legislatura local, la
diputada Itzel de León Villard, dijo: “Con unidad, diálogo y consenso se
lograrán acuerdos para un Chiapas más próspero. Y con plena vocación de
servicio, seremos un Congreso plural e incluyente donde tendrán cabida todas
las voces”. La expresión de la joven legisladora denota ese compromiso que ha
cumplido a lo largo de su gestión y corresponde inequívocamente a las
convicciones de la nueva generación de políticos que dan la cara por Chiapas.
En definitiva, Chiapas necesita de
una clase gobernante comprometida porque ya no puede perder más el tiempo: tiene
un atraso de más de cincuenta años, desastres que de cualquier forma resultan
irreparables, miles de familias viviendo en extrema pobreza y sectores amplios
de la sociedad que aún no llegan al siglo XXI. Esto a consecuencia de la
corrupción sistemática que en el pasado destruyó el honesto nombre de la
política y abusó del poder para sólo satisfacer a las élites.
Como habitantes de este estado hemos
sido testigos del cúmulo de escándalos suscitados entre los distintos poderes, y
nos ha tocado ver el comportamiento servil que ha acompañado al Congreso estatal
durante un larguísimo periodo. La memoria histórica revela esa absurda manía que
tuvo el poder Legislativo de demostrar sumisión al Ejecutivo, y eso fue parte cardinal
de la catástrofe generada por la omisión de funciones y por la que el
parlamento debió su descrédito.
Por
lo tanto, ¿por qué alcanza tanta significación política lo dicho por la
diputada Itzel? Sin usar demasiados alegatos teóricos, es porque la declaración
se refiere a dos situaciones elementales: Construir un estado con mayores
oportunidades a través del trabajo conjunto y respetuoso entre los mandos del
Estado y enaltecer la importancia intrínseca que ostenta la labor legislativa.
QUÉ TIEMPOS AQUELLOS
Resulta
inevitable recordar que en otros tiempos el papel del diputado careció de valor
para la sociedad: nadie se interesaba en ellos porque ellos no se interesaban
en nadie. En la mayoría de los casos, los portadores del título eran hombres de
aviesa ambición y hambrientos de poder que se deslindaban por completo de su
encomienda para buscar los intereses individuales. Desde luego, esto vino en
detrimento del Congreso del Estado que fue víctima de esos hombres que lo
dirigieron hasta convertirlo en una institución para el desenfreno, para el
desahogo de viejos rencores, para las intrigas a ultranza y llena de frivolidades.
Así
fue como se alejó el parlamento de su responsabilidad para servir entre otras
cosas de instrumento para desatar desde allí las más infames cacerías políticas
en contra de los enemigos de los gobernantes. Los resultados de la infamia y perversidad
hasta el día de hoy persisten como heridas en cada hombre, mujer y niño marginado,
sin oportunidades de desarrollarse y sin los más mínimos aspectos de una vida
digna.
Al
Congreso del Estado no se le conoció como el lugar donde se generaban ideas para
el bienestar del pueblo, sino el sitio donde se escribieron las más oscuras
historias y conspiraciones para detentar el poder y lograr el dominio absoluto.
Jamás ahí se crearon leyes para favorecer y proteger los intereses de una colectividad
cargada de necesidades y ávida de atención. Por el contrario, fue el escenario donde
se desataron barahúndas de corrupción.
El
trabajo del congresista no era hacia la gente, sino al régimen del momento. Nunca
los diputados fueron dignos de llevar la distinción, pues se constituyeron empleados
del Ejecutivo, al que le rendían tributo y obediencia en menoscabo de una
sociedad que fue orillada a adoptar la resignación como el único modo de
venganza a la indiferencia del gobierno.
Imposible
olvidar las vilezas de Tito Rubín Cruz como diputado presidente de la
Gran Comisión. Sus disparates y desatinos hicieron de su liderazgo una burla al
nivel de honorabilidad que merece la política. O las sospechas de desfalco en
el periodo de Milton Morales Domínguez, donde hay suspicacias de un grosero
despilfarro de los dineros del pueblo que enriqueció a todos los integrantes del
Congreso, quienes engrosaron sus cuentas bancarias, se hicieron de residencias
y departamentos en el Distrito Federal o en Cancún, autos del año y negocios a
costa del erario público.
No
podemos obviar que a lo largo de la historia Chiapas ha procreado a hombres
ilustres de la política, como Luis Espinosa López que fue un hombre íntegro que
dignificó el trabajo del legislador o el ejemplo de integridad y valentía del
Dr. Belisario Domínguez cuando se enfrentó en aquel episodio histórico al
traidor Victoriano Huerta. Pero por desgracia han sido casos especiales entre
un mundo de asuntos inmorales.
EL QUIT
Escuchar
a un congresista como De León Villard referirse en esos términos, es sin duda
un encuentro con la razón de ser de la política, con ideales y valores más
ajustados a la realidad y a los días de cambio que nos ha tocado vivir.
Pese a su corta edad, pues la
diputada Itzel es muy joven, posee un presente muy brillante y un futuro
prometedor en la política nacional. Su trabajo de tiempo completo y cercano a
la gente es la fórmula de su éxito, y en virtud de ello alcanza en la
actualidad el grado de paradigma de la juventud y de la feminidad chiapaneca.
Avanzar
en la agenda legislativa es el tema que propone la congresista De León Villard,
porque hay urgencia en Chiapas y puntos fundamentales que interesan a todos,
como el desarrollo, la paz social, la solución de conflictos, la justicia, la
apertura de mayores oportunidades y la edificación de un futuro mejor.
@_mariocaballero
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