SIN AUTORIDAD MORAL, PERO EN FIN OMBUDSMAN


             La lucidez es su estado más puro: El 22 de octubre de 2014, en la firma del convenio de colaboración para erradicar el acoso escolar efectuado entre la Comisión Estatal de Derechos Humanos, el Sistema DIF Chiapas, la Secretaría de Educación Pública, el Sistema Estatal de Seguridad Pública y la Asociación de Padres de Familia, Juan Oscar Trinidad Palacios fue profundo: “Reconocemos las instituciones que firmaron este pacto y nos hacemos corresponsables para apoyar todas las acciones que se emprenderán con la firme seguridad de llevar a todos los jóvenes, padres de familia y directivos el mensaje de paz y respeto entre uno mismo”.


Hasta aquí la demagogia del discurso y la superficialidad del palabrerío no lastima tanto, pero donde sí se hace más evidente la producción de sandeces es cuando el ombudsman dice: “Con esto alcanzaremos la meta de felicidad para nuestros niños, jóvenes y futuros profesionales”. ¿Qué quiso decir el evangelista Oscar Trinidad? ¿Que el convenio firmado tendrá por nombre “Operación Felicidad”, donde las autoridades, con biblia en mano, divulgarán el mensaje de la paz, bautizando a todo alumno y maestro en el nombre del Padre, de la CEDH y del espíritu de respeto?

La ingenuidad provinciana de Trinidad Palacios, es la ridiculez que pierde su honesto nombre, y su vanidad exasperante es un homenaje al cinismo. Sin embargo, lo más lamentable no son sus humoradas, sino saber que desde el día 29 de enero de 2014, fecha en que se hace cargo de la presidencia de la CEDH, los resultados de su labor en cuanto a la adopción de medidas preventivas, recomendaciones generales e informes especiales no corresponden, ni de lejos, a la dolorosa realidad que vive el país y el estado en materia de derechos humanos. Y de ahí viene que expertos en el ramo descalifiquen la actuación del ombudsman y cuantifiquen los beneficios como nulos.

            Y lo que se ha dicho y escrito en muchos lugares sobre las repercusiones éticas y políticas muy negativas en la trayectoria de Juan Oscar Trinidad, se enfrenta contra la realidad histórica de la comisión y contra la obviedad de que él no es la persona que se esperaba para ocupar un cargo de tan alta responsabilidad social, y de que su llegada a la presidencia del instituto significa la apoteosis de la desesperanza, tanto más encendida cuanto más se sabe de los escándalos mayúsculos de corrupción y venta de influencias cuando fue dirigente estatal del Partido Revolucionario Institucional.

VIOLACIÓN A LA LEY

            No hay excusa que disculpe, ni argumento que defienda. La designación de Juan Oscar Trinidad Palacios como presidente de la CEDH no tiene, por más mínima que ésta sea, una sola razón que la justifique. Al contrario, es un insulto a la inteligencia porque los hechos que se retienen en la memoria iluminan a fondo la mala fama y la falta de autoridad moral que lo identifican. Y los que lo defienden, un puñado de guardaespaldas verbales ven virtudes e inocencia donde sólo hay impunidad y perfidia cerril. Y en todo caso que Oscar Trinidad posea una virtud, esta es la enorme habilidad para construir su propia deshonra política y desmoronar las instituciones.

            Para que una persona sea elevada al rango de ombudsman, requiere que ésta cumpla a cabalidad una serie de requisitos contemplados en el artículo 25 de la ley de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, pero con el rigor de siempre Trinidad Palacios infringe los supuestos en las fracciones tres y seis. Veámoslos:

-          Fracción III: Ésta exige contar con experiencia en materia de derechos humanos, o en su caso, haber llevado a cabo actividades afines reconocidas por las leyes mexicanas y los instrumentos jurídicos internacionales.

Suponer que hay en Juan Oscar Trinidad una trayectoria como acérrimo defensor de los derechos humanos, vendría siendo algo así como afirmar que los graves señalamientos en su contra de saqueo desconsiderado, red de corrupción, impunidad, cultura clientelar y reputación de inmoral, son rumores no verificados.

No hay en el recuerdo una sola obra altruista o filantrópica con sus apellidos. Lo que sí existe es una fortuna millonaria con orígenes inciertos, una actividad política siempre protegida por el PRI (partido del cual ha sido dirigente estatal, diputado federal y local), serios rumores de acoso sexual y una popularidad de golpeador.

-          Fracción VI: Gozar de buena reputación y no haber sido condenado por delito intencional; pero si se tratare de robo, fraude, falsificación, abuso de confianza u otro que lastime la buena fama en el concepto público, lo inhabilitará para el cargo. Éste otro de los requisitos que debe cumplir el candidato a defensor de los derechos humanos.

La reputación de Trinidad Palacios no requiere de adjetivos sino de imágenes: Ricardo Cano, médico veterinario que trabajó para el hoy ombudsman en los 4 ranchos de su propiedad, comenta en entrevista para uno de los periódicos locales que desde el año 2011 acude a cobrar una deuda de 12 mil pesos a las oficinas de la Notaria Pública no. 21 del Estado de Chiapas con residencia en Tonalá, también propiedad del presidente de la CEDH gracias a la gran amistad que forjó con Juan Sabines Guerrero, pero que Trinidad se niega a pagar. Relata el veterinario que en una ocasión fue insultado y golpeado por el flamante defensor de los derechos humanos, y que desde hace unos meses lo tiene amenazado con hacerle daño a su familia si insiste en cobrarle la deuda.

Ricardo Cano explica que debido a esas amenazas es que no ha interpuesto una demanda en contra de Juan Oscar Trinidad Palacios.

FALTA DE AUTORIDAD MORAL

            En la realidad actual de la CEDH, se intensifica la exigencia de alguien con autoridad moral para terminar con el conjunto de abusos, hechos, situaciones y revelaciones de ilegalidad, donde el polvo de los siglos se acumula sobre los expedientes de las denuncias y los fallos se producen siempre en contra de los denunciantes, y no por la corrupción de Trinidad Palacios (Dios me libre de eliminar la sospecha), sino porque esa es hoy la función de la comisión, acrecentar el infortunio de los débiles.

            Sin necesidad de precisarlo, Juan Oscar Trinidad Palacios carece de autoridad moral para sustentar el cargo. Y en el colmo de lo absurdo, el presidente de la CEDH, sin tregua pero con el brío suficiente para violar también el artículo 26 que faculta al presidente de la comisión a desempeñar su cargo con plena autonomía, rinde comparsas, himnos y alabanzas a un gobierno por demás reconocido y respaldado por la confianza de la gente, el de Manuel Velasco Coello, como pidiendo con eso seguir en el puesto y convertir su mediocridad, corrupción y estulticia en monumentos virtuales.

            Que nadie acepte su envestidura y que nadie reconozca un trabajo efectivo a favor de la promoción, defensa, respeto, estudio y divulgación de los derechos humanos, es sin duda alguna un gran triunfo para Juan Oscar Trinidad continuar en el empleo. Y si a esas vamos, la pregunta inevitable es ¿cómo logró una persona sin autoridad moral, corrupta y desprestigiada hasta al hartazgo ser presidente de la CEDH?

El Congreso del Estado de Chiapas debe, portentosamente, hacer valer las leyes, darle sentido a las funciones del organismo defensor y oponerse a la impunidad de Oscar Trinidad Palacios, porque sus precedentes delictivos importan sobremanera. 

Twitter: @_mariocaballero
Blog: mario-caballero.blogspot.mx
Email: yomariocaballero@gmail.com


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