Antes, hablar bien del desempeño del DIF
era prodigar la mentira piadosa, porque jamás fue un instrumento humano
preocupado por la situación de miseria y
abandono en que viven miles de familias chiapanecas, sino un monumento a la
ignominia que en el peor de los casos significó la conchabanza de cada gobierno
en turno y la sistemática negación de los programas sociales en beneficio de
las familias de Chiapas.
Sin embargo, hoy el tema del DIF
adquiere relevancia debido a las buenas acciones ejecutadas, que van en cuanto
a poner al alcance de la población los beneficios de programas y proyectos que tienden
progresivamente a elevar la calidad de vida de las personas, y que al
constituirse como un enlace institucional otorga oportunidades de desarrollo a
la sociedad civil al vincularlas con organismos a nivel nacional e internacional.
Además, al analizar la actual situación
se ven dos tendencias: la del DIF, como un organismo facilitador de las políticas
públicas que propicia el perfeccionamiento tanto del núcleo fundamental de la sociedad
como de las comunidades, sobre todo de las que más urgentemente requieren la asistencia
social; y la de la Sra. Leticia Coello, representando a la mujer como ente
político que fomenta el progreso, la equidad entre los pueblos, la
participación de diversas corrientes ideológicas, la transparencia
presupuestaria y el desarrollo ético y moral.
LA
MUJER EN LA VIDA PÚBLICA
La histórica participación femenina en el
ámbito político nunca ha poseído gran notabilidad. Y en los pocos casos no
fueron nada gratas. Ahí tenemos, verbigracia, a Elba Esther Gordillo Morales y
su red de corrupción y a Martha Sahagún y los escándalos mayúsculos de tráfico
de influencias y el encubrimiento de los delitos cometidos por sus hijos. Por
lo tanto, si quisiéramos resumir con una sola palabra la incursión de la mujer
en la política, esta sería “vulgar”, “desastrosa”, o quizás más atinada, “insustancial”.
Las expectativas de ver rendimientos
por la injerencia de las mujeres en las decisiones de gobierno fueron
esperanzadoras, más todavía cuando a lo largo de la década de los ochentas y
principio de los noventas se comprobó que alrededor del mundo la intervención
de las damas fue vital para el progreso y el correcto desarrollo de las
sociedades. Para nuestro infortunio, y con la tradición acostumbrada, aquí no
ha sido así.
En México, surgió una ola en la década
de los ochentas en la que se hizo manifiesta la participación de las mujeres en
la política, con lo que al paso de los años se ha incrementado considerablemente
al grado que hoy representan el 37 por ciento en la Cámara de Diputados y el 33%
en la de senadores. Lamentablemente, y no por falta de capacidad, sus
aportaciones no han tenido las repercusiones esperadas ni la propuesta firme, y
esto se debe en gran parte por el clasismo avasallador (el machismo) que aún
impera en nuestra sociedad.
En Chiapas, así como en todo el
territorio mexicano, a las mujeres se les educó para las labores domésticas y
la sumisión ante el hombre, y ahí los resultados sí fueron los esperados. Si
estudiamos esta formación rigurosa nos daremos cuenta que se convirtió en el
entendimiento esencial del país, mismo que obligó por generaciones a impedir el
desarrollo del otro género y forzarlo a guardar en la impotencia sus deseos y
sus fuerzas físicas e intelectuales. ¡Oh tradiciones del tiempo! ¡Oh
maquinaciones nefastas!
En primera y última instancia, la mujer
nunca ha sido el sexo débil y aunque sus mayores aportaciones están en otras
esferas como la salud, la educación básica, el trabajo social o secretarial,
eso no quiere decir -y mucho menos afirmar- que no puede hacer un buen papel en
la política.
LETICIA
COELLO
Cualquier mujer que entienda los
problemas que significa administrar un hogar, está muy cerca de entender los de
un país, dijo Margaret Thatcher. Y así habló la Sra. Leticia Coello de Velasco:
“Me preocupa mucho la pobreza en Chiapas. Probablemente no pueda dar soluciones
a todos los problemas ni tenga todas las respuestas, pero sí puedo escuchar a la
gente con el corazón y compartir con ella lo que esté a mi alcance, para que
hayan más oportunidades y así poder contribuir un poco al bienestar de los
grupos vulnerables”.
Leticia Coello padeció la dura
experiencia de perder a su esposo a temprana edad de su matrimonio, pero eso no
significó tirarse en el derrotismo y dejarse llevar a la deriva, sino afrontó
la realidad y se hizo de valor para convertirse en una mujer que pudo sola
sacar adelante un hogar y darles un bienestar a sus dos hijos. Y, quizás, sea
eso lo que la mueve a acercarse a las cientos de mujeres que viven ese trance,
para apoyarlas, para darles en la medida de lo posible las herramientas con las
que puedan superar el obstáculo y construirse una vida. Y, quizás, sea eso lo
que también le permite reconocer las necesidades de la gente y tener una visión
clara de las situaciones que moldean a Chiapas.
Una posición tan enfática como la de
ella, que conoce el estado y sus problemáticas, la han llevado a diseñar
políticas públicas que en el transcurso de este tiempo sirven de gran ayuda para
mermar el dolor y el sufrimiento de miles de hogares chiapanecos que durante
décadas sobrellevaron la pobreza más doliente y la marginalidad más extrema.
La vida pública de Leticia Coello, las
acciones a favor de los desprotegidos, el uso legal y factible de las
facultades del DIF, el empleo eficiente de la política, el fervor por cambiar
el entorno social y económico de las familias, su sentir humano, su valor y los
beneficios que le ha proporcionado a los más necesitados, hacen que en ella se
recupere la esperanza de darle sentido a lo que debe ser una mujer en la
política y al frente de instituciones importantes.
El concepto de democracia sólo asumirá
un significado verdadero y dinámico cuando las políticas públicas y la
legislación nacional se decidan conjuntamente por hombres y mujeres con
equitativa consideración a los intereses y aptitudes de ambas mitades de la población,
y esto sucederá cuando las mujeres despierten del letargo y asuman su responsabilidad
ante la sociedad. Y así como doña Leticia Coello, que en cabal cumplimiento de
la encomienda, compone, en el sentido más estricto, la productiva participación
de la mujer en la vida política nacional con grandes resultados sociales,
democráticos y políticos.
Twitter: @_mariocaballero
Blog: mario-caballero.blogspot.mx
Email: yomariocaballero@gmail.com
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