EDITORIAL
¿Por qué siguen impunes los responsables más ostensibles del desastre que vive el país y los estados?
¿Por qué en lugar de estar rindiéndole cuentas a la justicia, algunos hasta ocupan cargos públicos como si nada hubiera pasado?
Ahí está el caso de Juan Sabines Guerrero, el gobernador más corrupto que haya tenido Chiapas en la historia reciente, que dejó una deuda para el estado por arriba de los 40 mil millones de pesos y a pesar de las evidencias de que desvió dinero público mediante empresas fantasma, que infló las facturas de compra y que pagó por obras que nunca se realizaron, es cónsul en Orlando, Florida.
En el programa Z Digital que se transmite por Diario Multimedia, la diputada Patricia Armendáriz declaró que él, siendo gobernador del estado, le dio una bolsa con un millón de pesos en efectivo para que renunciara a sus aspiraciones políticas y así pudiera imponer a alguien a modo. Cuenta que le arrojó la bolsa casi en los pies y continuó con su proyecto.
¿A cuántas personas trató de sobornar Sabines? ¿Con cuántas lo logró? ¿Cuánto dinero del erario malversó en esta práctica ilegal para mantener el control del estado y satisfacer sus caprichos?
Por eso la pregunta de por qué siguen impunes los corruptos. Que Juan Sabines ostente un cargo diplomático es una burla para el imperio de la ley y para el combate a la corrupción y la impunidad emprendida por el Gobierno Federal, del que él mismo forma parte.

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