Emilio Lozoya ya durmió en la cárcel. A partir de ahora será Emilio “N”, porque así se les llama a los delincuentes.


Por resolución de un juez, pasó de comer comida china en el Hunan, uno de los restaurantes más exclusivos de la Ciudad de México, a comer frijoles en el Reclusorio Norte, donde todos lo mirarán hasta cuando vaya al baño.


Con la prisión preventiva contra el exdirector de Pemex, el Gobierno de México dio un golpe certero a la impunidad que todavía cobija a varios miembros del gobierno anterior, incluyendo al expresidente Enrique Peña.


También con esta resolución la Fiscalía General de la República vino a resarcir el error que venía cometiendo al permitirle a Lozoya acogerse al “criterio de oportunidad” y llevar el proceso en prisión domiciliaria, determinación que le permitía grandes beneficios, como salir a cenar en fin de semana.


El encarcelamiento de Emilio “N” reaviva la confianza en el combate a la impunidad del gobierno de López Obrador. Pero ¿qué hubiera pasado si la periodista Lourdes Mendoza no hubiera revelado las imágenes de este personaje cenando en un fino restaurante con sus amigos?


¿La Fiscalía habría pedido prisión preventiva para Lozoya o le habría concedido más tiempo para presentar pruebas contra Videgaray y Peña Nieto, alargando con ello el proceso? Quizá nunca lo sabremos.


Sin embargo, aquí una muestra de que el ejercicio periodístico profesional puede ser clave en distintas situaciones. Mientras tanto, Lozoya ya durmió en la cárcel.


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