A los políticos
hay que juzgarlos por lo que hacen, no por lo que dicen. Ahí tenemos, por
ejemplo, los dichos de Carlos Morales Vázquez y sus hechos. El alcalde de
Tuxtla Gutiérrez anunció en su toma de protesta que en su administración no
habría aviadores, actos de corrupción e influyentismo. Sin embargo, muchos de
sus familiares ocupan puestos en el Ayuntamiento. El tema de la austeridad y
transparencia es pura simulación. En realidad, está institucionalizando el
nepotismo.
Tomemos el caso más
visible, el del secretario de Obras Públicas. Se dice que Jorge Humberto Gómez
Reyes es su sobrino. El solo hecho de imponer en un alto puesto a un familiar es
un abuso de poder, porque sí es un abuso, de que Carlos Morales siendo
presidente municipal beneficie a alguien sólo por su parentesco. Esto, en buen
español, se llama nepotismo y, como todos sabemos, es peligroso para cualquier
gobierno.
Jorge Gómez fue contratado
“al vapor”, es decir, violentando la ley. El alcalde, quien también es su
padrino político, lo nombró arbitrariamente. De hecho, ni siquiera presentó su
currículum al cabildo para saber si era apto para ocupar el puesto, si tenía el
perfil o si contaba con observaciones de la Contraloría.
Aunque lo grave no
es precisamente que haya obtenido el puesto por favoritismo y en medio de un
acto evidentemente ilegal, sino lo que ha venido haciendo con éste desde hace
varios años.
UN POCO DE HISTORIA
Jorge Humberto
Gómez Reyes fue parte de uno de los gobiernos municipales más corruptos de la
historia reciente de la capital chiapaneca. Su trayectoria en la administración
pública está envuelta en presuntos casos de desvío de dinero público, nepotismo,
acoso laboral y tráfico de influencias.
Durante la
administración de Fernando Castellanos Cal y Mayor ocupó el cargo de Director
de Proyectos. En boca de miembros del círculo más cercano del ex alcalde fue un
servidor leal, eficiente y comprometido, aunque eso no signifique que su
desempeño haya sido en bien de los tuxtlecos.
El caso de la obra
pública en ese trienio fue particularmente notable. Con la exigencia de moches
del 15, 20 y hasta 25 por ciento del costo total de la construcción, con obras
fantasma, con desvío de recursos para fines políticos, con concursos a modo
para que “empresas amigas” salieran beneficiadas y todos, desde el alcalde,
secretarios, directores y operadores, ganaran su tajada. En concreto, hubo un
festival de rapiña en la Secretaría de Obras Públicas del municipio, de la que Jorge
Humberto Gómez formó parte.
Él, directamente,
está acusado de la presunta malversación de recursos destinados a la
remodelación de parques. Siendo uno de los servidores más allegados al alcalde
Castellanos, le encargaron los proyectos del parque Joyyo Mayu y la Calzada de
los Hombres Ilustres, por mencionar algunos. La acusación estriba en que Gómez
Reyes infló los costos de las facturas y presuntamente pidió diezmos a los
empresarios que ejecutaron las obras, cuyo costo total supera los 72 millones
de pesos.
No es todo. Jorge
Gómez tiene señalamientos de haberse embolsado una buena cantidad de dinero del
Fondo para la Infraestructura Social Municipal, que está destinado al
financiamiento de obras, acciones sociales básicas e inversiones que beneficien
a la población que se encuentra en condición de extrema pobreza y rezago
social.
Fuentes al autor
de esta columna aseguran que el hoy secretario de obras Públicas, entre los
años 2015 y 2017, dispuso de 3 millones de pesos cada año del FISM que le
fueron entregados a fondo perdido y que servirían para el pago de 18 meses de
sueldo a personal que nunca apareció en la nómina del Ayuntamiento, y al que no
le pagó.
NEPOTISMO
Debe decirse que la
corrupción de Jorge Gómez Reyes va mucho más allá de lo antes expuesto. Pues
cobijado por el alcalde Carlos Morales ha hecho de la secretaría a su cargo una
empresa familiar.
Lo primero que
hizo al asumir la encomienda fue despedir a gran parte del personal de
contrato, algunos de ellos con 7 y hasta doce años de antigüedad, según por
“hacer el cambio” de régimen. No le importó que fueran madres solteras, madres
con hijos enfermos y con cirugías programadas, padres con hijos hospitalizados,
personas mayores y personas con alta capacidad para desarrollar el trabajo.
Rasuró parejo.
El asunto no
termina ahí. A todos los empleados que fueron despedidos les negó el pago de su
aguinaldo correspondiente de enero a septiembre de 2018, y que tuvo que ser
cubierto a más tardar el 20 de diciembre del mismo año. A contrapelo, Gómez
Reyes y su camarilla se adjudicaron el aguinaldo proporcional libre de polvo y
paja, es decir, sin descontar los impuestos. ¿Dónde está pues la honestidad, el
cambio, la transparencia que tanto pregona Carlos Morales?
Acto seguido,
Jorge Gómez ocupó las 50 plazas de contrato con sus familiares, amigos y
compadres. Además, creó 6 plazas de jefe de departamento para sus compinches,
como el ingeniero Félix Ramos Victorio, quien en la administración pasada
fungía como director de proyectos y ahora como Jefe de Mantenimiento y
Alcantarillado Pluvial. A Elsa Rosado Calderón, amiga de su esposa, la nombró
colaboradora en la Coordinación General, cobrando sueldo de jefa y “realizando”
funciones que ni siquiera existen en el organigrama. Eso después de haber ejercido
como particular del Director de Infraestructura en Obras Públicas en la gestión
de Fernando Castellanos.
Su pareja
sentimental, Karen Alondra Aguilar Ovando, quien fue secretaria en el gobierno
anterior, es aviadora, según afirman mis informantes.
María Belén
Santiago Melgar, prima de Gómez Reyes, aparece en la nómina con el puesto de
Coordinadora Administrativa. Su función es la de ocultar las fechorías de la
familia del secretario. Antes, con FERCACA, era secretaria y luego diseñadora
de presentaciones. Otra de sus primas, Nancy Jaqueline Acero Gómez, quien sólo
cubre un horario de cinco horas por la tarde, cobra 15 mil pesos mensuales. Por
la mañana labora en las oficinas del COBACH.
Su hermana, Sandra
Susana Gómez Melgar, cobra un sueldo de más de 12 mil pesos mensuales sin
trabajar, cosa que viene haciendo desde el trienio pasado.
La otra hermana,
Roxana Gómez Melgar, funge como jefa de la Unidad de Atención Ciudadana en el
DIF municipal. Y el esposo de ésta, Alfredo Ruiz Coutiño, quien antes era
instructor de zumba, ahora es Director de Protección Contra Riesgos Sanitarios.
Un caso más es el
de Claudia Aurora Viaña González, que hace funciones de asistente de Jorge
Humberto Gómez cuando antes no era más que una simple vendedora de Mary Kay.
Ella venía desempeñando una plaza como Coordinadora de Proyectos en el gobierno
de Fernando Castellanos, con un sueldo de 14 mil pesos mensuales. Ahora, en la
gestión de Carlos Morales, es Coordinadora General de la Secretaría de Obras
Públicas, un puesto que no existía en el organigrama ni en el reglamento
interno del Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez.
¿CAMBIO DE RÉGIMEN?
Por tanto, ¿cómo
hacer compatibles los dichos y acciones de Carlos Morales? ¿Cómo creer que su
gobierno es honesto cuando su parentela ocupa los mejores cargos en el
Ayuntamiento? De ninguna manera su gobierno puede ser entendido como cuarta
transformación, sino como régimen del nepotismo. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com

Comentarios
Publicar un comentario