DON CHAQUISTE



En el bajo mundo de la política se le conocía como el chaquiste. Ya no más. Ahora es Don Chaquiste. Alejandro Gamboa López presume ser un hombre de respeto y un político de altos vuelos. Aunque, a la verdad, ni es un dechado de moralidad y tampoco un experto en asuntos políticos y de Estado. No. Todo lo contrario, su caso es como el de una telenovela de Thalía, en la que una muchacha pobre, del barrio, logra un empleo de sirvienta en una lujosa mansión y de pronto se halla en los brazos del apuesto dueño. 

Es del dominio público que antes de ser poseedor de una inmensa fortuna, Gamboa no era más que un empleado de baja estofa en el Partido Revolucionario Institucional. Iba y venía con las copias, el pozol, las tortas y con los encargos de las secretarias. Desempeñaba ese trabajo con gran habilidad. Igualmente tenía destreza para cargar las maletas de los políticos y funcionarios de alto nivel. Literalmente, era un mozo.

Hoy se pasea por las calles de Tuxtla Gutiérrez en una nuevecita Land Rover, camioneta que puede llegar a costar más de dos millones de pesos, y usa ropa de diseño exclusivo. Pero antes daba pena verlo deambular por los pasillos del edificio del PRI con sus ropas viejas y zapatos desgastados, buscando hacer algún mandado para ganarse unos pesos para comer, porque quienes se acuerden de su pasado tendrán de él esa imagen de muerto de hambre, ojeroso, pero acomedido.

Aparte de su empleo de office boy en el PRI vendía tamales y arroz con leche en la antigua terminal de autobuses, ubicada en el lado oriente de la ciudad capital. También, junto a su hermano Antonio, atendía un cibercafé llamado La canica azul. Pero gracias a su actitud servicial, a la diligencia y atenciones que prestaba a los políticos logró cambiar su situación y más tarde eso le permitiría alcanzar mucho poder durante un sexenio que se caracterizó por la corrupción e impudicia.

Se convirtió en porro de Julián Nazar Morales. Era el que armaba grupos de choque, quien extorsionaba a ganaderos y agricultores. Bajo las órdenes de “el talibán” secuestraba los edificios del PRI y amagaba con garrote en mano a los militantes para que apoyaran los caprichos de su patrón. Se dice que en ese tiempo Gamboa López defraudó a cientos de campesinos con la farsa de realizar gestiones para apoyos al campo ante el gobierno del estado.

Sin ética ni convicción política, teniendo credencial del PRI, Alejandro Gamboa fue regidor del municipio Atizapán de Zaragoza, Estado de México, que era gobernado por un político del Partido Verde Ecologista de México, y al mismo tiempo estaba incrustado en la nómina del ayuntamiento priista de Tuxtla Gutiérrez. Eso fue durante el periodo 2003-2006.

PELAGATOS DE SABINES

En 2010, impulsado por el entonces gobernador Juan Sabines Guerrero, fue nombrado presidente estatal del Partido de la Revolución Democrática, y su actuar fue un desastre. Él inició el declive de esa institución política que ahora no es más que un cascarón podrido.

En cuanto a lo económico, Gamboa López tomó los recursos del PRD para financiar sus proyectos personales. No dudó en malversar el dinero. Su hermano Antonio y demás familiares salieron de la pobreza al ser enchufados en la nómina del partido. Asimismo, alimentó aviadores e hizo del organismo una agencia de colocaciones al servicio de Juan Sabines.

Respecto al daño político, repartió las candidaturas a presidente municipal, las diputaciones locales y federales, así como las senadurías a amigos, compadres y personas allegadas al corrupto exgobernador. Alejandro Gamboa hacía todo lo que Sabines le ordenaba. Era su gato. Y de esa manera el hoy cónsul logró tener gente a modo en el Congreso del Estado, misma que le ayudó a aprobar préstamos, iniciativas de ley y todo lo que al régimen le viniera en gana.

Durante ese periodo protagonizó un evento reprobable, que significó una burla para la sociedad chiapaneca que es la más pobre en todo el país. Pues abusando de su poder, utilizó cientos de miles de pesos en localizar a su perra Lola que se había perdido por culpa de sus cuidadores.

Lola es, o era, una perra de la raza french poodle con la que Gamboa disfrutaba jugar por los jardines de sus residencias. Le limaba las uñas, la peinaba, le lavaba los dientes y, se supo, que la alimentaba con finos cortes y salmón.

Mandó colgar sendas mantas en toda la ciudad en las que ofrecía una jugosa recompensa a quien proporcionara datos o bien devolviera al can. Después se conoció que Alejandro Gamboa tuvo que acudir al psicólogo producto de la depresión. Le recetaron tranquilizantes. Y por varios días no salió de su habitación.

Fue muy cercano a Sabines Guerrero, bajo cuyas instrucciones cometió las más deleznables bajezas. Un día, en medio de una fuerte persecución policial, encarceló a Walter de León Montoya y a Horacio Culebro Borrayas, opositores del gobierno sabinista.

El 11 de noviembre de 2008, siendo subsecretario de Relaciones Políticas del gobierno del estado, Gamboa López envió un grupo de pistoleros a romper la asamblea que intentaba cambiar a los líderes y coordinadores de la colonia Emiliano Zapata, quienes estaban a sus apreciables órdenes.

Los golpeadores de Alejandro Gamboa se enfrentaron a puños, machetazos y disparos con los habitantes de dicho lugar. Las personas buscaron refugio en sus casas, y de ahí fueron sacadas con uso de la fuerza, las amarraron y torturaron. Por lo menos, hubo una docena de heridos en el enfrentamiento y una mujer perdió la vida, Martha Gómez Pérez, de 42 años de edad, quien recibió un balazo.

En julio de 2012, ya en las postrimerías del sexenio, fue impuesto en la Secretaría de Desarrollo y Participación Social, donde se presume desvío dinero de los diversos programas de la dependencia y agrandó aún más su pestilente e ilícita riqueza.

Sin duda, es otro de los responsables del quebranto de más de 40 mil millones de pesos al erario de Chiapas.

¿REGRESO A LA POLÍTICA?

Una noche, siendo anfitrión de una borrachera en una de sus casas, sonó su teléfono celular. Salió a contestar al jardín. Luego de unos minutos, volvió. ¿Adivinen?, preguntó a sus contertulios. “Me llamaron del banco para decirme que tengo 180 millones de pesos”, dijo. Hay rumores de que su hermano Antonio, quien ocupó una subsecretaría en el sabinato, tiene una cuenta bancaria con 100 millones de pesos.

El 5 de febrero de 2013, en Palacio de Gobierno, cacareó “el güero Velasco es mi brother; yo le ayudé a ganar la gubernatura”. Todo era un embuste para engatusar a ingenuos. Por tanto, sufrió el desprecio durante toda la administración.

Hoy resulta que es un demócrata, un hombre de profunda ideología de izquierda. A pesar de la demanda que ingresó la antigua PGR en 2013, en la que se le acusa de enriquecimiento ilícito, peculado, abuso de funciones, asociación delictuosa, entre otros, asegura que volverá a la política en 2024 agarrado de la mano de uno de los protagonistas de la cuarta transformación, Zoé Robledo Aburto, con quien –dice- trabajará para conseguir la gobernabilidad, el progreso del estado y la defensa de los derechos humanos.

Que se engañe quien quiera dejarse engañar. Alejandro Gamboa sigue siendo el mismo intendente del PRI, pero con ropas finas. Así que su supuesto regreso al poder, no es más que la fanfarronada de un paria. ¡Chao!

yomariocaballero@gmail.com

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