Reconozcamos la
determinación del gobierno de López Obrador por emprender una acción
administrativa y penal para sacar a la luz los presuntos desvíos
multimillonarios en Sedesol y Sedatu ocurridos en el sexenio de Enrique Peña
Nieto. Principalmente, porque atiende al histórico reclamo social: justicia
ante la corrupción de los poderosos.
Estamos de cara a
un proceso que aparenta será un parteaguas en la historia judicial de México. La
operación consiste en la integración de expedientes que incluyen elementos
aportados por decenas de instituciones públicas federales y estatales. No es
cosa menor. Hay un esfuerzo institucional por apegarse al protocolo. Por hacer las
cosas bien.
Debido a ello un pequeño
grupo de funcionarios menores ya han sido inhabilitados y se les ha fincado
responsabilidades por cientos de millones de pesos. Algunos de ellos también fueron
vinculados a proceso ante jueces a solicitud de la Fiscalía que encabeza
Alejandro Gertz, la cual se ha apoyado en evidencias proporcionadas por la
Secretaría de la Función Pública, a cargo de Irma Eréndira Sandoval. Aunque la
detención de Rosario Robles es sin duda la mayor ejecución del proceso, quien
con pruebas en la mano ha sido hallada como presunta responsable por omisión del
daño al erario por 5 mil 73 millones de pesos.
Pero todos los
caminos llevan a Emilio Zebadúa. Información reciente asegura que los
funcionarios involucrados hasta ahora han empezado a señalar a altos mandos, en
particular al ex secretario de gobierno de Pablo Salazar, quien se desempeñó
sucesivamente como oficial mayor en ambas entidades por invitación de Robles
Berlanga.
ALGUNOS DETALLES
La mancuerna Robles-Zebadúa
empezó cuando ambos eran militantes del Partido de la Revolución Democrática. Aunque,
a decir verdad, primero conoció al hermano de Emilio, José Ramón Zebadúa.
Era el año 1997,
Rosario Robles ocupaba el cargo de secretaria de gobierno de la Ciudad de
México, precisamente cuando Cuauhtémoc Cárdenas era el jefe capitalino. El jefe
de Finanzas era José Ramón Zebadúa.
El 29 de
septiembre de 1999, se convirtió en la primera mujer en desempeñar la jefatura
de gobierno de la capital mexicana (cargo interino). En su ascenso se llevó a
José Ramón como su secretario de gobierno. Y esa alianza se mantuvo cuando
Robles fungió como dirigente nacional del PRD en 2002, pues Zebadúa fue
nombrado tesorero del partido.
Un año más tarde,
Robles abandonó el cargo por la puerta trasera, había sido denunciada de
contraer una deuda para el PRD de 289 millones de pesos. En 2004, también fue
acusada de participar en un escándalo de corrupción por quien fuera su pareja
sentimental, el empresario Carlos Ahumada, quien fue videograbado entregando
fajos de billetes a René Bejarano.
A José Ramón
Zebadúa también se le responsabilizó del desfalco al partido, pero en ninguno
de los casos procedieron las denuncias.
Las imputaciones
pesaron mucho sobre Robles que tuvo que retirarse de la política por un tiempo,
pero volvió en diciembre de 2012 bajo el cobijo del PRI. El presidente Peña
Nieto la había nombrado titular de Sedesol. Ahí, le pidió a Emilio Zebadúa ser
el oficial mayor de esa institución.
¿DELINCUENTE O NO?
¿Es realmente
culpable Emilio Zebadúa de los delitos que se le imputan? Todo indica que sí.
Desde 2013, cuando
Robles Berlanga encabeza Sedesol, la dependencia celebró contratos con al menos
doce universidades públicas del Estado de México, Quintana Roo, Hidalgo, Sonora
y Chiapas, mediante los cuales se realizó una supuesta triangulación de
recursos.
De los 27 convenios
revelados en las audiencias de Rosario Robles, el nombre y firma de Emilio
Zebadúa se encuentran en al menos cinco de los celebrados con universidades de
los estados de México, Morelos, Quintana Roo y la Politécnica de Chiapas. Hasta
el momento, se ha dado a conocer que el único firmado por la propia Robles
Berlanga es con la Universidad Autónoma de Chiapas, siendo rector Jaime Valls
Esponda. El resto, supuestamente, fue firmado por los colaboradores del
chiapaneco.
En junio de 2014,
José Antolino Orozco Martínez, entonces titular de la Dirección de
Geoestadística y Padrones de Beneficiarios de la Sedesol, se reunió con Rosario
Robles para informarle que desconocía documentos en los que aparecía su firma y
que formaban parte de convenios de diversas prestaciones de servicios. Robles
le contestó que viera ese tema con Zebadúa, pese a que éste estaba vinculado
con las irregularidades que estaba denunciando.
Orozco acudió con
Emilio Zebadúa en una oficina alterna que éste tenía en la calle de Tennyson
125 en la colonia Polanco. En esa reunión, el oficial mayor rechazó haber
firmado y pagado los convenios con universidades. Para calmarlo, cínicamente,
le dijo: “no te preocupes, todo está arreglado”.
Aparte, María del
Carmen Gutiérrez Medina, quien fuera titular de la Unidad de Políticas,
Planeación y Enlace Institucional de la Sedatu, también se acercó a Robles para
darle a conocer sobre la existencia de documentos firmados por Orozco, pero que
distaban de la rúbrica original. Le estaba informando de convenios irregulares
y falsificación de firmas, y la respuesta de la ex secretaria fue, también,
remitirla con Zebadúa: “el oficial mayor arreglará el problema”.
Emilio Zebadúa
nunca hizo nada por intentar ocultar las anomalías. No obstante, Orozco y
Gutiérrez decidieron interponer las denuncias penales.
PARTE DE LAS INVESTIGACIONES
La Auditoría
Superior de la Federación, entonces bajo tutela de Juan Manuel Portal, inició
las pesquisas ante la cauda de señalamientos sobre malos manejos de fondos
públicos. Fue ahí cuando en el otoño de 2017, trascendió una conversación entre
el hoy ex auditor superior y la exsecretaria Robles:
“Pero, Juan
Manuel, no me digas que Emilio (Zebadúa) no te ha entregado las cajas con toda
la documentación que nos has pedido. ¡Pero si son más de 50, llenas de facturas
y otros papeles…!”.
En otro encuentro,
Robles le sugirió a Portal que Zebadúa entregara las 56 cajas frente a la
prensa, en las que estaban las pruebas de que todo estaba en regla. Portal se
negó y le dijo que tales cajas fueran enviadas a la ASF para ser entregadas con
el respectivo acuse de recibo. Cuando las cajas llegaron se descubrió que
estaban vacías.
Posteriormente,
tres ex servidores públicos declararon a la Fiscalía General que hay cuatro
domicilios, ubicados en las colonias Anzures y Polanco, que operaban como
oficinas alternas de los colaboradores de Emilio Zebadúa, donde se fabricaban
contratos, recibos y comprobantes con firmas falsificadas.
La información
proporcionada a la FGR apunta que los cómplices de Zebadúa falsearon las
rúbricas de once ex funcionarios para, supuestamente, justificar el desvío de
más de 2 mil 800 millones de pesos de la Sedatu y la desaparecida Sedesol.
Antes de ser relevado
del cargo, Juan Manuel Portal le alertó a Rosario Robles que todos los indicios
apuntaban que Emilio Zebadúa, su mano derecha, era responsable en la aprobación
de contratos irregulares para la realización de trabajos que nunca se llevaron
a cabo. Una estimación inicial ubicaba en 7 mil millones de pesos el monto
extraviado.
Mañana trataré de
explicar la participación de sus cómplices. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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