Lo sucedido hace
unos días en Baja California, donde el Congreso local decidió extender el
mandato del gobernador electo, merece toda la atención nacional. No sólo por
tratarse de una reprobable inmoralidad que ocurre precisamente dentro del régimen
que promete la cuarta transformación del país. No sólo por ser un grosero
desprecio a la voluntad popular por parte de quien lo promovió. Si no por ser
el indicio de algo incluso peor: la reelección.
La cosa está así:
el mes pasado los bajacalifornianos eligieron a un gobernador para un periodo
de dos años, ya que el Congreso de Baja California acordó en septiembre de 2014
ese periodo para que en 2021 la elección estatal sea concurrente con la
federal. De tal manera, candidatos y ciudadanos sabían que la votación del 2 de
junio sería para elegir a un mandatario de dos años. Y nada más ese tiempo le
autorizó el pueblo al morenista Jaime Bonilla para gobernarlos.
Bonilla Valdez es
un importante empresario de la industria inmobiliaria y la radiodifusión en su
estado. En 2012 fue diputado federal por el PRD y tres años más adelante
encabezó el Comité Estatal de Morena. En 2018 fue elegido senador de la república
y poco tiempo después el presidente Andrés Manuel López Obrador lo designó
delegado de su gobierno en Baja California. En marzo del presente año el
partido gobernante lo hizo candidato a la gubernatura y ganó la elección con
una ventaja de treinta puntos sobre su rival más cercano.
Pero después de
los comicios, mediante una triquiñuela, el diputado local de Morena, Víctor
Morán, promovió aumentar la gestión de Jaime Bonilla bajo el argumento de que
un periodo de dos años representaría un gasto sustancial para el erario,
mientras que uno de cinco beneficiaría a la economía. Y, sorprendentemente, con
el respaldo de toda la bancada panista y legisladores del PRI, se aprobó la
modificación constitucional que le permitirá a Bonilla gobernar por cinco años.
UNA INSOLENTE AGRESIÓN
Esa decisión,
aprobada con 21 votos, es una barbaridad. Una agresión a la democracia. Una insolente
inmoralidad que va en contra de leyes ya aprobadas y de los postulados mismos
de Morena: gobernar con rectitud, honestidad, sin corrupción y siempre buscando
hacer el bien común.
Porque los diputados
de Morena, como los del PRI y PAN, están bajo sospecha de haber recibido grandes
sumas de dinero por aprobar la reforma constitucional. Sobre todo, cuando el
diputado priista Benjamín Gómez Macías anunció en mayo que el encargado de
Aduanas en el estado, Alejandro Miramontes, ofrecía hasta un millón de dólares
a cada diputado que respaldara modificar el periodo gubernamental. El colmo es que
Gómez Macías fue uno de los que votó a favor.
El asunto es muy
grave. Si por un lado pone en evidencia la fragilidad de la oposición; por el
otro, revela el oportunismo de quienes abusan de ser mayoría para atentar
contra el interés de la sociedad. Preguntémonos, si Jaime Bonilla, quien le
place jactarse de ser muy cercano a López Obrador, pudo imponerse desde ahora
para hacer valer la trampa, ¿qué le espera al estado cuando tome posesión y el
Congreso esté integrado por sus aliados, donde la oposición, literalmente, no
existe?
Y digo trampa
porque eso es: se convocó a los electores en Baja California a elegir un
mandato de dos años y ahora, si no se impone la ley, terminará en cinco porque
el Congreso se puso de acuerdo para desobedecer a la sociedad, vulnerar la
certeza de los procesos electorales, violar leyes vigentes y regalarle al
gobernador electo un periodo de gobierno que no ganó en las urnas.
A todo esto, hay
que tener presente que Bonilla ha intentado varias ocasiones aumentar su
periodo de gobierno. Por ejemplo, el pasado 24 de febrero el Tribunal de
Justicia Electoral de Baja California aprobó la ampliación del periodo a cinco
años, y fue aprobada a partir de un recurso de inconformidad presentado por
Blanca Estela Favela, militante de Morena y esposa del diputado de ese partido
Víctor Morán, que como dijimos líneas antes fue quien propuso la iniciativa de
reforma que se decretó la semana pasada. No hay que ignorar que este personaje
es muy cercano al gobierno federal y, obvio, a Bonilla.
Pero esa sentencia
fue desaprobada el 28 de marzo por la Sala Superior del Tribunal Electoral del
Poder Judicial de la Federación.
Siendo candidato a
gobernador, Jaime Bonilla presentó el 3 de abril un nuevo recurso de
inconformidad contra el plazo de dos años, alegando que vulneraba sus derechos
políticos. Y nuevamente el tribunal electoral del estado estuvo a su favor y
extendió el periodo hasta seis años. Sin embargo, el 29 de mayo el Tribunal
Federal volvió a rechazar la modificación y ratificó que el próximo gobierno
bajacaliforniano sería del 1 de noviembre de 2019 al 31 de octubre de 2021.
Por tanto, que el
Congreso haya podido prosperar la reforma en términos formales no quiere decir
que sea legítima. Hagamos a un lado la inmoralidad porque esto ya habla de inconstitucionalidad.
La trampa estriba en que se pretende revertir la derrota judicial por la vía
legislativa. Lo grave es que existe una clara complicidad entre el gobernador
electo, los diputados morenistas y la dirigencia de Morena, que aprueban el
fraude a la democracia a la vez que traicionan a su partido y lo que éste
representa.
MALAS SEÑALES
Sin restar
importancia a estos graves hechos, es más alarmante aún el precedente y el
riesgo que suponen. Porque si los trasladamos para el caso federal, el
Constituyente Permanente bien podría extender los periodos gubernamentales de
las autoridades sin importar el tiempo para el que fueron elegidas. Especialmente,
porque para el caso federal no hay acción de inconstitucionalidad contra un
cambio constitucional así.
Con lo de Baja
California se presenta el fantasma de la reelección. No exagero. En primer
lugar, porque el partido gobernante, a través de su dirigente nacional, ha
confesado estar de acuerdo en prolongar los tiempos de gobierno de Jaime
Bonilla. Y si está de acuerdo con eso, ¿por qué no lo estaría si se tratase de
alargar el mandato de su amado líder?
Al ser cuestionada
respecto al abuso que favorece a su copartidario, Yeidckol Polevnsky,
presidenta de Morena, dijo: “La ampliación de la gubernatura en Baja
California, por parte del Congreso local, fue porque así lo ha pedido la
gente”. Como ya lo vimos, eso no es cierto. La gente votó por un gobierno de
dos años. Y remató: “La gente está cansada de tanta elección y yo creo que eso
tendría que cambiar”.
¿Qué quiso decir
con esto último? ¿Qué la democracia que llevó a AMLO al poder no funciona o que
la cuarta trasformación se perpetuará mediante atentados a la Constitución?
Ahora, que López
Obrador haya dicho “el presidente no se mete en estos asuntos” no envía buenas
señales. Sobre todo, cuando el Poder Ejecutivo tiene atribuciones de promover
una acción de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia de la
Nación por tales hechos. Así que marginarse de la decisión del Congreso de Baja
California no es expresión de respeto a la soberanía de los estados, sino, en
estas circunstancias, de complicidad o por lo menos de conformidad.
CONTRADICCIONES DE LA 4T
Muchas veces
Andrés Manuel ha dicho que él no es cacique y que no buscará reelegirse. Pero
su actitud, como la asumida frente a la arbitrariedad de sus diputados bajacalifornianos,
dice todo lo contrario. Algo similar con lo que sucedió durante su campaña
política en la que criticó duramente a los expresidentes Peña y Calderón por
utilizar a las fuerzas armadas en el combate al narcotráfico, prometiendo que
de llegar al poder devolvería al “pueblo uniformado” a los cuarteles. Sin
embargo, una vez en la Presidencia promovió iniciativas para ponerlo a hacer
tareas de seguridad pública. No hay confianza en lo que promete.
Así, al no
oponerse a la decisión de los suyos en Baja California y no contradecir los
dichos de la dirigente nacional de su partido, exhibe las dos contradicciones esenciales
de la cuarta transformación. Su gobierno basado en el pensamiento maderista es
un engaño y su discurso moral es hipocresía. Dos pilares del proyecto que son
pura saliva.
De manera certera
y escueta el gobierno más ambicioso de las últimas décadas manda señales
inquietantes. Que nadie se asuste cuando el fantasma de la reelección aparezca.
Pues ya lo sabemos: él no es como lo otros. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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