Imposible negar
que hoy el PRI genera más antipatías que simpatías. Es un partido harto
desacreditado que se ganó a pulso el rechazo social. Pero antier dio otra
señal. Llevó a cabo el primer debate entre los tres aspirantes a la dirigencia
nacional. Sin duda un suceso histórico que abrió la puerta a la democracia. Como
diría el hombre que llegó a la luna: un pequeño paso para los priistas, pero un
gran salto para la vieja institución política.
El debate entre
Ivonne Ortega, Lorena Piñón y Alejandro Moreno sólo confirmó que la elección
del próximo líder priista está prácticamente decidida. El campechano no se
movió ni un solo milímetro del primer lugar de las preferencias. Y todo
anticipa que su proyecto sólo tiene un solo rumbo: hacia adelante. Y ni
siquiera se prevé una disputa por los sótanos. Si hay un voto del miedo porque
las cosas sigan empeorando, lo representa Ortega Pacheco. Porque de la terna
fue ella quien se llevó los abucheos. Una gran mayoría de la militancia la
considera un peligro para el PRI y no sólo por su cercanía con los
expresidentes Salinas y Peña Nieto, sino por su negro historial. Creen que su
liderazgo podría agravar la inestabilidad del partido. No es absurdo pensarlo.
Irónicamente, la
elección interna más trascendental en la historia reciente del PRI será la elección
más aburrida. Si en su momento la renuncia de Narro Robles le inyectó un poco
de polémica, lo cierto es que las dos adversarias de “Alito” no han podido
despegarse del punto de partida. Es indiscutible que la de Ortega y Piñón son
campañas fallidas. En los noventa años del partido de Calles nunca antes
habíamos tenido un debate para conocer los planteamientos y los motivos de quienes
anhelaron dirigir la institución. Una pequeña muestra de democracia y
pluralidad, pero notable. Es una lástima que las dos candidatas tengan más
ocurrencias que buenas propuestas.
Por ejemplo,
Ivonne Ortega fue la misma verdulera que conocemos. Habló, habló y habló, pero
no dijo nada. Durante los noventa minutos que duró el debate se la pasó
denigrando, censurando y criticando. Para el colmo, amenazó con expulsar del
partido a los priistas corruptos. Así, sin más. En lugar de hacer un llamado a
establecer un régimen de legalidad dentro del partido, a reforzar los estatutos
y las sanciones, a exigir dar cuentas a la sociaedad, promueve la división de
la militancia. Nada peor podría pasarle al PRI en este momento que seccionarse.
La exgobernadora
de Yucatán no logró conmover a nadie. Ni siquiera cuando atacó al puntero achacándole
delitos graves logró conseguir un poco de simpatía. Nadie creyó en sus
acusaciones, además de que éstas carecían de fundamento. Se le aplicó el dicho
de que para tener la lengua larga primero hay que tener la cola corta. Al
contrario, cada vez que le respondían sus infamias era blanco de burlas y
desaprobaciones. Penosos fueron sus intentos humorísticos.
Fue la misma que
conocemos. Trató de ganar el debate haciendo perder al otro, pero con ultrajes
y no con proposiciones. Volvieron a escucharse en ella frases como “corrupto”,
“Casa Blanca”, “vete a Morena”, etcétera. Fue incapaz de escuchar a los demás y
de respetar las ideas que no coinciden con las suyas. Como López Obrador, le
aburren las voces que no son la de ella.
A lo largo de su
discurso no hizo una sola propuesta y eso se lo hizo ver Moreno Cárdenas, a
quien respondió: “Tienes toda la razón”. Insistió que de ganar la dirigencia
sería la Asamblea Nacional donde se recojan las propuestas de la militancia. ¡Qué
absurdo!
Así, ¿cómo confiar
en ella? No se puede. El PRI necesita de alguien que reconozca la realidad que
vive el priismo y de ahí elaborar las estrategias para sacarlo de la ignominia
y el descrédito. Convertirlo en un verdadero partido de oposición. Y Ortega se
presentó al debate sin planteamientos, sin ofrecimientos, sin un plan de
trabajo. Fue a la guerra sin fusil. Lo más triste es que se anuncia como la
mejor arquitecta del mundo, pero a nadie ha sido capaz de explicarle si los
cimientos se ponen antes o después de la obra.
Lorena Piñón no es
rival para nadie. Su presencia en el debate como en la contienda resulta más o
menos igual a los anuncios publicitarios de cartón de cremas para forúnculos
que ponen en los pasillos de las plazas comerciales, se sabe que están ahí, pero
nadie los voltea a ver. A pesar de su edad no pudo formular una idea fresca o
lanzar si quiera una frase irónica. Logró asestar algunos buenos golpes a
Ivonne Ortega, aunque difícilmente podría decirse que le sirvieron a ella de
algo.
Repitió lo mismo
que sus contendientes y en sus intervenciones no pudo encontrarse la coherencia
que debe tener alguien que aspira a dirigir un partido tan grande y tan
histórico como el PRI.
EL PUNTERO
A contrapelo,
Alejandro Moreno Cárdenas pudo mostrar su elocuencia. Habló con claridad,
ordenadamente. Logró combinar idea y ataque. Tal como lo requiere un debate de
ese nivel político. Al escuchársele, pudo verse a un hombre que piensa, a un
político que sabe coordinar sus ideas con su lengua, que no se tropieza con sus
palabras.
Exhibió las
evasivas y las faltas de Ortega Pacheco. Muchas veces la contradijo con
razonamientos y detalles. A mi juicio fue el polemista más hábil de la tarde.
Pues fue metódico, cuidadoso y certero. Con su desempeño de antier puede
afirmarse como el único capaz de cumplir sus propuestas y como el mejor perfil
para dirigir al partido.
Siempre se ha
pensado que todo buen político debe tener entre sus herramientas de trabajo un
correcto sentido de la realidad. Moreno Cárdenas lo tiene. Reconoce que el PRI
tiene un gran reto: “Hoy necesitamos un partido con programa, con proyecto y
estrategia”. Y refiriéndose a él y a su compañera de fórmula, Carolina
Viggiano, dijo: “Sabemos cómo (resolver los problemas del PRI), tenemos
programa, tenemos proyecto y tenemos experiencia”.
Ciertamente, el
campechano es un político experimentado, con 28 años de militancia priista, que
ha trabajado junto con las bases y que en sus cargos públicos siempre dejó un
buen sabor de boca. Por ejemplo, en su último cargo que fue la gubernatura de
Campeche, convirtió a su estado en uno de los más seguros del país, con una
economía estable y eficientes programas de combate a la pobreza. Y a cada uno
de los señalamientos en su contra ha contestado con pruebas, poniendo en
evidencia que todo se trata de una sucia campaña para desprestigiarlo.
Una de sus
propuestas es impulsar los acuerdos más importantes con la sociedad: “tenemos
que trabajar en una gran alianza con ellos (los mexicanos), pero para ello
necesitamos impulsar un partido unido”. Esto último viene siendo el punto
medular de su proyecto. Moreno busca unificar las bases, empoderarlas, fomentar
la unidad en aras de formar un partido competitivo y volver a ganar elecciones.
Incluso, como un mensaje directo a Ortega y Piñón, aseveró: “Tenemos la
responsabilidad de construir la unidad del partido, no promover la división.
Por ello, de mi parte, la mano abierta para construir la unidad del PRI”.
Otras de sus
propuestas más importantes es invertir en la capacitación política y recorrer
cada rincón del país para conocer las necesidades y proponer soluciones que
construyan, que incluyan y que les den fortaleza a las decisiones del pueblo.
Todo ello englobado en lo que él dice “cambiar el programa de acción de nuestro
partido que se centre en convertirnos en un partido opositor”. Algo sumamente
urgente dados los malos resultados que obtuvo la organización en los comicios
anteriores.
“Hay que ser un
buen priista en público y en privado”, es una frase con la que Alejandro Moreno
hace un llamado a la militancia a actuar con responsabilidad, a no abusar de
los cargos públicos y buscar siempre hacer el bien común.
¿PROPUESTAS U OCURRENCIAS?
No es probable que
se muevan las tendencias con el debate del miércoles, pero creo que quien
representa una verdadera oportunidad para el PRI es Alejandro Moreno, que
aseguró estar orgulloso de ser priista a pesar de ser el peor momento del
partido.
Y no como Ivonne
Ortega, la ocurrente que abandonó al PRI cuando éste más lo necesitaba, durante
la campaña presidencial de 2018, quien al tratar de excusarse diciendo que el
equipo de Meade le pidió no estar presente, Piñón le respondió: “cuando un
candidato del PRI a la Presidencia pide que te escondas, está cañón”. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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