¿Bajo
qué parámetros se elabora un presupuesto gubernamental? ¿Se establecen
prioridades, temas de urgente atención o se diseña conforme a las promesas de
campaña? ¿Se consideran las necesidades reales de la gente o sólo los ideales
del gobernante? ¿La asignación de recursos tiene un propósito bien pensado o
nada más se toma en cuenta el espíritu revolucionario del nuevo mandatario? Lo
pregunto porque el presupuesto 2019 parece que se realizó sólo para cumplir los
caprichos del presidente y no para encaminar a México hacia un mejor futuro.
El
presupuesto que ejercerá el gobierno de López Obrador me hizo recordar los
viejos tiempos del poderoso PRI, como cuando en 1978 se priorizó la amistad, el
pago de facturas políticas, los favores y la corrupción. Ese año el
Departamento de Policía del Distrito Federal (hoy Secretaría de Seguridad
Pública), al mando de Arturo “El negro” Durazo, recibió la cantidad de mil 908
millones 209 mil 828 pesos.
Si
el general Durazo hubiera sido gobernador pudo ser uno de los cinco más ricos
del país. La policía de la Ciudad de México tuvo ese año un presupuesto que
excedió las posibilidades económicas de 25 estados. Para agrandar más el
escándalo, agregaré que ese recurso fue más de la quinta parte de todo lo que
le fue asignado a la Defensa Nacional y el 60 por ciento de lo que obtuvo la
Marina.
¿Quiere
sorprenderse más? Pues el presupuesto del Poder Legislativo solamente fue el 13
por ciento de lo que percibió El negro y el Poder Judicial le llegó un poquito
más arriba: 35.49 por ciento. Otras áreas de interés prioritario para la
economía nacional, como Pesca, sólo recibió el 85 por ciento y la Secretaría de
Turismo ni siquiera tuvo la mitad del dinero que se le entregó a las fuerzas de
Durazo.
Se
dice que toda esa bondad fue por instrucción del ex presidente José López
Portillo, a quien en su juventud Arturo Durazo defendía a punta de golpes. Era,
digámoslo así, su guardaespaldas y amigo de camorra.
UN
PRESUPUESTO…
El
escándalo del presupuesto Durazo es muy similar al que generó el presupuesto de
Andrés Manuel López Obrador, quien felicitó a la Cámara de Diputados: “Es una
muy buena noticia, porque se autorizan los fondos que nos van a permitir
cumplir con todos los compromisos que hicimos para impulsar el desarrollo del
país, que haya crecimiento económico, empleos, bienestar, paz y tranquilidad.
Vamos a tener crecimiento y va a haber justicia”.
Sería
una necedad no aceptar que López Obrador está cumpliendo a su palabra de
ajustar el presupuesto con superávit primario, sin comprometer el gasto con
recursos que no tiene y sin hacer cuentas alegres sobre los ingresos. Además,
deja bien en claro sus prioridades de gobierno, tales como seguridad, energía y
bienestar social, esto último bastante identificado con temas populistas como el
otorgamiento de becas y el aumento de las pensiones.
Aunque,
por otro lado, también están manifestados en el presupuesto los asuntos que no le
son prioritarios al presidente, pues le quitó dinero a los estados, municipios,
a los otros poderes, a órganos autónomos del Estado, al sector cultural,
universidades (que después de la presión rectificó), a las materias de ciencia,
tecnología, inglés e internet, por mencionar algo.
¿Recuerda
que en campaña prometió recabar 500 mil millones de pesos extras que según él
eran desviados para la corrupción? De acuerdo a las cifras que presentan los
proyectos prioritarios que hay en el Presupuesto 2019, puede verse que el
gobierno de Andrés M. López sólo pudo destinar a ese fin 251 mil 660 millones
de pesos, o sea, la mitad del recurso que había previsto y que no proviene precisamente
de la lucha contra la corrupción, sino de quitar de aquí y de allá.
Aun
así el 56% del presupuesto total de la federación va directo a las Secretarías
y programas vinculados con el bienestar social. Por tanto, 100 mil millones
serán para pensiones de adultos mayores, 44 mil 300 para jóvenes que ni
estudian ni trabajan, 17 mil 300 para becas a jóvenes estudiantes, 16 mil
millones para comunidades marginadas y la reconstrucción de daños por los dos
terremotos de 2017. Aparte, 23 mil millones de pesos irán a parar a diversos
apoyos y créditos al campo y al financiamiento de pequeñas y medianas empresas.
En
otro ámbito, el aumento presupuestal en materia de seguridad es sólo para el
Ejército, y en energía la mayor parte será para Pemex, que según palabras del
presidente la recuperación de la paraestatal como fuente de extracción
significará una nueva etapa para la industria petrolera de México, equiparable
a la de 1938.
Ahora
bien, la inversión en infraestructura busca reconstruir las seis refinerías
existentes y construir una nueva. A todo esto, disponer de 18 mil millones de
pesos para reemplazar el aeropuerto de Texcoco y 6 mil millones para el
proyecto del Tren Maya.
…
A LA MEDIDA
¿Notó
algo? Sí, todo ese dinero va directo a satisfacer las promesas que AMLO hizo en
campaña, y al parecer busca erigir nuevas e inmensas clientelas
asistencialistas, esas que mucho daño le han hecho a los mexicanos.
Según
Mario Fuentes Destarac, “el asistencialismo público es la acción o conjunto de
acciones que llevan a cabo las instituciones estatales con la finalidad de
prestar socorro, favor o ayuda a individuos o grupo de individuos en
condiciones de desprotección o de vulnerabilidad. Se traduce en la limosna o
auxilio que se presta a los necesitados, a manera de una actitud solidaria con
el sufrimiento ajeno”.
Pero
¿qué tan responsable es dirigir recursos al socorro y qué beneficios produce al
mediano y largo plazo? Importante es saber si ¿pueden las finanzas de México
sostener programas asistencialistas y por cuánto tiempo?
Por
ejemplo, las becas a jóvenes ninis, el incremento a las pensiones, el apoyo a
las colonias marginadas y/o damnificadas son programas asistencialistas, así
como muchos otros incentivos al campo que durante décadas el gobierno federal
ha entregado sin que la producción agrícola, ganadera o pesquera haya tenido
progreso y sin que las personas que recibieron esos apoyos hayan dejado su
condición de pobres.
Pensemos
que en el pasado no hubo corrupción en el manejo de esos recursos, entonces ¿dónde
quedó el dinero que recibieron los campesinos? Por lo regular en las cantinas o
invertidos en cosas que no tienen nada que ver con la producción agrícola.
Fueron, claramente, millones y millones de pesos tirados a la basura.
Ahora
póngase en el lugar de aquel muchacho que no estudia ni trabaja, pero que cada
mes va a obtener cierta cantidad de dinero que gastará a su antojo. ¿Querrá
estudiar al saber que la beca de los estudiantes es menor a la que recibe en la
comodidad de su casa? No lo creo.
Por
otro lado, ¿de dónde sacará dinero López Obrador para pagar el aumento de las
pensiones y pensionar a los millones de adultos mayores que no tienen ese
beneficio?
En
resumen, las políticas de base asistencialista, enfocadas a supuestamente
mejorar las condiciones de vida y no las capacidades de las personas, sólo
producen más pobreza.
En
cuanto a la inversión en infraestructura, cientos de estudios señalan el fin
del uso de los combustibles fósiles, como el petróleo y el gas, en pocos años.
Nada más la comunidad europea tiene contemplado el año 2028 para no utilizar
automóviles de gasolina, diésel e híbridos. A la sazón, ¿para qué rediseñar o
construir más refinerías cuando éstas pueden dejar de funcionar al corto plazo y,
peor todavía, qué van a producir si en México cada día se extrae menos
petróleo?
En
lugar de pensar en el futuro de los combustibles, el presidente está dispuesto
a invertir miles de millones de pesos como si estuviéramos en la década de los
sesenta o setenta. Qué absurdo.
Para
terminar, la cancelación de la obra de Texcoco está obligando al gobierno federal
pagar a los tenedores de bonos una cantidad que puede sobrepasar el costo del aeropuerto
que ya no se va a construir. A eso hay que sumarle la inversión de las cinco
pistas que López Obrador prometió y al Tren Maya, que aunque parece ser el más
viable y ya recibió la anuencia de la Madre Tierra, todavía no cuenta con un
estudio de impacto ambiental.
PRESUPUESTO
AMLO
Podríamos
decir que el Presupuesto 2019 es la viva imagen de AMLO, quien como hemos visto
no es un inversionista eficaz en infraestructura, sino ocurrente, muy inclinado
a las clientelas, que le quita a todos para satisfacerse a sí mismo. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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