Si
bien Carlos Farfán ha logrado iniciar una huelga para confrontar a las
autoridades de la Unicach, los motivos que empuña poco tienen que ver con la
necesidad de salvar a la institución de una catástrofe financiera. Porque
detrás de la exigencia de despedir a más de cien trabajadores aludiendo un
supuesto engrosamiento de la nómina, es clara su intención de querer apropiarse
de esas plazas. ¿A poco no?
Para
entender el conflicto de la Unicach sólo hace falta recordar el dicho de que
todas las cosas se parecen a su dueño, pues esa huelga es la viva imagen de su
progenitor: un líder sindical que se idealiza a sí mismo como un guía moral,
pero que es en esencia un corrupto que no escucha otra voz que no sea la suya, un
arribista ignorante que ni siquiera sabe distinguir un trabajador de confianza
de uno de base.
Por
todo el tejido del asunto nos lleva a comparar el movimiento de Carlos Farfán con
la revolución que nos presenta George Orwell en Rebelión en la granja, que es encabezada
por un cerdo que termina por convertirse en un tirano mientras asegura que está
velando por la felicidad de todos, pero que impide a los demás hacer sus
propias elecciones según él para evitarles la carga de adoptar decisiones
equivocadas.
Rebelión
en la granja nos cuenta la historia de un cerdo verraco llamado el Viejo
Comandante, quien antes de morir congregó a todas las bestias de una granja para
convencerlos del sinsentido de sus vidas, marcadas por la desgracia, la
explotación y el postrer sacrificio generalmente a cuchillo cruel.
El
discurso del Viejo Comandante concluyó con la revelación del sueño que había
tenido la noche anterior, en el cual vio cómo sería la tierra tras la
desaparición de la tiranía de los humanos: un mundo de libertad, sin torturas, con
alimentos abundantes y con los animales dueños del fruto de su trabajo. Pero
ese sueño se convirtió en pesadilla.
Tras
la muerte del verraco comenzaron a preparar la rebelión contra sus amos.
Quienes se pusieron a la cabeza fueron los cerdos, bajo el liderazgo de Bola de
Nieve y Napoleón, dos jóvenes puercos de aspecto intimidante. Y había otro
puerco, Chillón, que fungía como vocero ya que tenía el don de la persuasión.
Los
tres marranos continuaron transmitiendo la doctrina del Viejo Comandante y
propagaron los principios del animalismo revolucionario, entre los cuales
destacaba vencer al hombre explotador y jamás adoptar sus vicios.
Tras
el maltrato que recibieron una noche, atacaron a sus dueños y lograron
expulsarlos de la propiedad. A partir de ese momento inició una etapa optimista
y de alegre organización que siempre estuvo bajo la dirección de los cerdos,
quienes en poco tiempo se convirtieron en los nuevos dominadores gracias a la
efectividad de las mentiras que utilizaron para mantener obedientes a la fauna
de la granja.
Tras
una disputa con Bola de Nieve, Napoleón se quedó con el poder absoluto. Y
aquella primera etapa de prosperidad y libertad pronto se convirtió en una
calamidad incluso peor que cuando los humanos mandaban. Pues el líder de los
cerdos y su manada comenzaron a adoptar todos los vicios del hombre.
Aprendieron
a caminar en dos patas, a usar ropa y calzado. A leer y escribir. Lo peor es
que también explotaban a los demás habitantes de la granja y les racionaban el
alimento. Cada vez que los animales se daban cuenta de que los cerdos
acaparaban las ganancias o de que gozaban de más derechos sin trabajar, Chillón
los abrumaba con emotivos discursos, informes y cifras manipuladas para
persuadirlos de que las cosas marchaban mejor que nunca. Jamás dejó de hablar
de que Napoleón y su gabinete de cochinos hacían sacrificios para el bien de
todos.
Para
tener el control, el líder se valió de cuatro poderosas herramientas: la
traición, la corrupción, la propaganda y la corta memoria de las otras bestias.
Al
final de la fábula, Orwell narra que Napoleón y su manada se aliaron con los
hombres dueños de las granjas vecinas para acrecentar su poder y privilegios,
eso ante la mirada atónica de los animales que no entendían nada porque no
lograban distinguir la diferencia entre los cerdos y los humanos.
¿RÉGIMEN
DIFÍCIL?
En
el contexto, escuchar a Carlos Farfán Martínez, líder del Sindicato de
Empleados Administrativos de la Unicach (Seaunicach), decir “estamos bajo un
régimen muy difícil” tan sólo confirma su cinismo al detentar el poder para
manipular el gremio y obtener prebendas políticas. Y, por supuesto, dinero.
A
todo esto, Farfán Martínez se ha metido en un problema legal porque la huelga
que él mismo provocó inició sin haber sido notificada oficialmente a la Universidad
por parte de la Junta de Conciliación y Arbitraje y las autoridades laborales
involucradas.
Asimismo,
cosa que también puede ser causa de denuncia, es que los señalamientos que hace
son falsos.
Veamos:
En
primer lugar, la autoridad universitaria tiene las facultades para contratar
personal especializado y cubrir las funciones que no quiere desempeñar el
sindicato. Y esas contrataciones fueron necesarias debido a que le padrón
estudiantil aumentó en casi dos mil estudiantes.
Luego,
no se han tocado los derechos del Seaunicach, como por ejemplo la nómina
confidencial en la que Carlos Farfán recibe un sueldo extra de 15 mil pesos.
Eso aparte de que en solo un año recibió un beneficio de más de 8 millones 500
mil pesos, tanto en incremento a prestaciones del contrato colectivo de trabajo
como en recategorizaciones.
En
ese sentido el sindicato obtuvo aumentos en prima vacacional, ajuste de
calendario, aguinaldo, permisos económicos, premio a la puntualidad semestral,
premio a la asistencia, a la productividad, entre otros, que representa para la
Universidad una erogación de un millón 339 mil 607 pesos.
Visto
en otra escala, el trabajador universitario pasó de ganar 6 mil 118 pesos en
2017 a 8 mil pesos este año. Cabe mencionar que ese aumento en las prestaciones
(que no están ligadas al salario) le cuestan a la Unicach 2 millones 597 mil
636 pesos más que el año anterior.
Después
de las modificaciones, ahora los empleados cuentan con el servicio de guardería
y el apoyo a la maternidad se incrementó; tienen apoyo para transporte, canasta
de maternidad y el incentivo por el Día de las Madres subió de mil 19 pesos a
mil 500.
De
tal manera, ¿dónde está el chanchullo, dónde el quebranto a las finanzas y
dónde la humillación al sindicato? No olvidemos que aparte de los beneficios
antes mencionados, el Seaunicach recibe de forma directa 575 mil pesos anuales
para solventar los gastos de operación de su dirigencia, para fondo revolvente,
para la realización de festividades como la del día del niño, así como para realizar
programas culturales y otras actividades, dando con ello cumplimiento al contrato
colectivo de trabajo.
EL
LÍDER FARFÁN
Lo
que está pidiendo Carlos Farfán es una arbitrariedad. Porque alegando un falso desfalco
a las finanzas de la Unicach, no revela de dónde obtuvo el dinero para comprar
el rancho por el que pagó varios millones de pesos, ni con qué recursos pagaron
los integrantes de su planilla las casas que tienen en Tonalá y Villaflores.
Por
otro lado, dice que la huelga es para defender los derechos de los
trabajadores, pero ¿cuándo ha metido las manos para ayudar a alguien que no sea
de su familia? En este momento hay decenas de solicitudes de empleados que no
han sido atendidas, pero cuando quisieron mover de adscripción a su sobrino, que
es un holgazán, se peleó con medio mundo.
Finalmente,
los mismos miembros del Seaunicach dijeron que es un pequeño grupo el que apoya
la huelga del pseudo líder y piden a las autoridades que no se dejen llevar por
el chantaje, porque detrás de la exigencia de despedir a cien trabajadores Farfán
quiere apropiarse de esas plazas.
Por
esa actitud Carlos Farfán se parece mucho al déspota de Rebelión en la granja,
porque es hábil para crear mentiras y engatusar a los demás. Eso lo convierte
en el líder del movimiento. Además, tiene voceros como Daniel Villatoro que
siempre está dispuesto a elogiar su sabiduría, la bondad de su corazón y su
profundo amor a los trabajadores a los que dice representar pero que desprecia
tanto que los utiliza como carne de cañón para conquistas políticas
despreciables.
Una
máxima dice que las cosas deben tomarse de quien vienen. Y todos deben saber que
Carlos Farfán viene huyendo de Estados Unidos. ¿Por qué regresó y a dónde llegó
de mojado? ¡Chao!
@_MarioCaballero
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