¿POR QUÉ LADRAN LOS PERROS?



En política, lamentablemente, el rumor suele ser a veces más poderoso que la verdad. Por ejemplo, cuando hablamos de cualquier actor político lo primero que se nos viene a la mente es todo lo malo que han hablado de él o ella, aunque de eso a nadie le conste.

Por eso las campañas de desprestigio han cobrado importancia en la vida política nacional. Es más fácil desacreditar al rival que convencer a los ciudadanos que nosotros somos la mejor opción. Es así que en tiempos electorales vemos más descalificaciones y piquetes de ojo que propuestas.

Esto viene a razón de los ataques mediáticos contra Hugo Armando Aguilar Aguilar, quien sin duda se perfila como el más fuerte aspirante a la rectoría de la Universidad Autónoma de Chiapas. Hay que decir que goza de experiencia académica, administrativa, de buena reputación, conoce cada rincón de la institución y gran parte de la comunidad universitaria le ha dado desde ya su confianza para ocupar tan prestigioso puesto.

Eso, lógicamente, no es del agrado de sus contrincantes que han pagado a un grupo de periodistas, a un puñado de sicarios verbales, para que llenen de mentiras las redes sociales con tal de manchar la imagen del funcionario universitario y enlodar el proceso sucesorio.

Lamentablemente, como en años anteriores la elección del rector próxima a suceder pinta que no será sólo de planteamientos, también de difamaciones y de una absurda guerra sucia.

UN BUEN POSTOR

La política, según Aristóteles, es el arte de gobernar. Está en todas partes. Pero es penoso que esté basada más en la difamación y la ocurrencia que en la promoción de valores y en la propuesta de proyectos de gobierno. Para ilustrar este punto de vista basta recordar que en 2006 el presidente Vicente Fox intentó frenar las aspiraciones de Andrés Manuel López Obrador ordenando investigaciones por la PGR, pero al ver que eso no le funcionó pagó a varios medios de comunicación para que lo desprestigiaran. De ahí surgió que AMLO fuera calificado como Un peligro para México.

En respuesta, López Obrador, estando de gira política en el estado de Oaxaca, le regresó a Fox el favor de calumniarlo dirigiéndole una frase que le resultó demasiado contraproducente: “¡cállate, chachalaca!”. La difamación y la ocurrencia.

A todo esto, ¿quién gana y quién pierde en estas campañas de desprestigio?

Octavio Paz, dijo: “la ofensa es la otra cara del halago”. Esa fue su respuesta a la dura crítica que lo acusaba de ser amanuense del gobierno, de vivir y trabajar al servicio del PRI, para la dictadura perfecta según la concebía el escritor Mario Vargas Llosa. Sin embargo, cada vez que era reprochado su nombre aparecía muchas más veces en la prensa y su obra obtenía publicidad gratuita, porque la publicidad sea buena o mala es eso, publicidad.

De tal manera, en lugar de que sus detractores lo desacreditaran, Paz ganaba vigor ante la opinión pública y muestra de ello es que en 1990 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura, el mayor reconocimiento en el mundo de las letras.

Bajo esa premisa podemos apreciar que las campañas de desprestigio no siempre terminan con las carreras de artistas, deportistas, políticos o de cualquier otro profesional. No obstante, hay que saber que más allá de lo lucrativo o perjudicial que éstas lleguen a ser tanto para los atacantes como para los agraviados, el pueblo será el gran perdedor, pues es el que finalmente acaba confundido entre en ruido y el humo de las ráfagas de insultos, acusaciones y rumores propagados por los contendientes.

Hugo Armando Aguilar, quien desde hace tres periodos consecutivos viene ocupando la Secretaría General de la Unach, ha sido calificado de porro y oportunista. Sus opositores, que operaran desde el anonimato de las redes, no se han detenido en confirmar (porque no tienen pruebas) de que él ha inflado la nómina de aviadores y que es el causante de los conflictos internos y la toma de escuelas. Dicen que esto último lo hace para hacerse visible, para erigirse como un estabilizador después de resolverlos y así obtener la rectoría.

Es absurdo. Crear un conflicto y luego solucionarlo es como meterse un autogol y festejarlo. En una institución educativa tan grande como la Unach es algo normal que haya problemas. Desde peleas de estudiantes hasta los choques entre grupos por la tenencia del poder en los distintos campus de la Universidad, son entendibles. Pero fabricarlos y luego dirimirlos no te da prestigio, sino te vuelve un chantajista, en un mártir sin capacidad y poco inteligente.

Si algo ha demostrado Hugo Armando es capacidad, profesionalismo, un profundo conocimiento de las necesidades de la institución. Además tiene el don del diálogo, pues de la misma forma en que se entiende con los catedráticos y el personal administrativo, también lo hace con los alumnos y padres de familia, anteponiendo en todo momento los intereses de la comunidad universitaria pero sin perder de vista la misión y el desarrollo de la Universidad.

Hugo Armando Aguilar es un unachense de corazón. Es licenciado en Pedagogía egresado de la Facultad de Humanidades. Su trabajo al frente de la Secretaría General ha sido reconocido por estudiantes, administrativos y docentes. En los años que lleva en esa encomienda ha logrado que haya una relación cordial, de respeto y de compromiso recíproco con los sindicatos que cohabitan en ese instituto educativo. Asimismo, su labor siempre institucional ha estado enfocada en brindar apoyo y solución a las diferentes demandas estudiantiles y a alcanzar los acuerdos que tanto le urgen a la Universidad.

En su discurso se pronuncia por la transparencia, la rendición de cuentas, el mejoramiento de la calidad educativa, la asistencia al alumnado, en establecer vínculos con la sociedad y el sector empresarial para que sepan que la máxima casa de estudios de Chiapas, nuestra Alma Máter, es de todos y para todos.

Así que por el arrebato de “los otros” que quieren desprestigiarlo para destruir sus aspiraciones a dirigir los destinos de la Unach, supimos que hace pocos días firmó la Minuta de Acuerdo con los alumnos del movimiento estudiantil quienes mantenían tomada las instalaciones de la Facultad Maya de Estudios Agropecuarios con sede en Playas de Catazajá, que sostuvo un diálogo franco con los Consejeros Técnicos de la Facultad de Ciencias Agronómicas de Villaflores con quienes pactó unir esfuerzos para el alcance de objetivos que transformen el organismo.

Pero principalmente de las reuniones con maestros y alumnos representantes quienes le brindan su respaldo y le han mostrado su decisión por su proyecto.

El 5 de octubre, catedráticos de la Facultad de Ciencias Sociales dijeron: “Necesitamos una nueva administración, un nuevo rector que sea sensible ante los reclamos de la comunidad universitaria, sensible ante el desarrollo académico, pero también sensible ante el desarrollo laboral de nuestra universidad”. Y consideran que es Hugo Armando Aguilar la mejor opción, quien tiene la capacidad y experiencia para estar al frente de la institución.

Esas cualidades, sin duda alguna, le han permitido permanecer en el mismo cargo desde diciembre de 2006, y lo convierten en un gran postor para ser rector.

EL RIVAL A VENCER

-Señor, los perros están ladrando.
-Deja que los perros ladren, Sancho amigo, es señal de que vamos pasando.

Aunque esa frase no pertenece a El Quijote de la Mancha como muchos suponen, es referencia obligada para afirmar que cuando alguien escucha ladridos (ruidos, malos comentarios, envidias, vejaciones) al cabalgar por la vida, es porque está haciendo las cosas bien, diferentes e importantes.

Así pues la campaña de desprestigio contra el maestro Aguilar Aguilar no dice otra cosa que sus opositores lo conciben como el rival a vencer. Y, por otro lado, debemos tomar en cuenta que tanta insistencia en desacreditarlo no hubiera sido necesaria si lo que representa Hugo Armando Aguilar en este momento para la Unach no fuera significativo.

Finalmente, al todavía secretario general se le puede criticar, pero no censurar. Sus contrincantes pueden colgarle los descalificativos que quieran, pero jamás podrán quitarle la confianza que se ha ganado con todos por realizar un trabajo honesto, responsable y apegado a la legislación universitaria.

Siendo así, dejad que los perros ladren, porque Hugo Armando Aguilar Aguilar ya huele a rector. ¡Chao!

@_MarioCaballero

Comentarios