Eso
de que “la ley a todos nos iguala y todos nos protege” fue por mucho tiempo una
mera fantasía en Chiapas. Porque ¿cuántas veces fuimos testigos del pánico que
nace de la injustica? ¿De las instituciones que fueron cómplices de la
descomposición social? ¿Cuántas veces vimos a la Procuraduría de Justicia hacerse
cargo del cobro de facturas políticas, de la aplicación irresponsable de la
ley, de la persecución de los opositores del gobierno, de la venganza, de la
cacería de brujas?
Sin
duda lo peor que puede pasarle a cualquier sociedad en el mundo es tener un
gobierno represor y que privilegie la impunidad de los poderosos. Aunado a eso,
un sistema judicial basado en la complicidad, que en lugar de atender los
reclamos sociales abuse de sus facultades para imponer y proteger un régimen autoritario
y rapaz. Y esa fue por muchos sexenios la realidad de Chiapas.
Se
supone que la sana administración de la justicia es una obligación constitucional
del Estado, que debe garantizar la defensa del ciudadano y perseguir los
delitos bajo un marco jurídico que privilegie la honradez, el profesionalismo,
la imparcialidad y el respeto a los derechos humanos, velando en todo momento
por los intereses de los ciudadanos. Pero en la práctica no siempre ha
funcionado así.
HISTORIAS
AMARGAS
Absalón
Castellanos Domínguez militarizó el gobierno según él “por razones de seguridad
nacional”, pero lo que provocó en el proceso fue una escalada de abusos de
autoridad, paros magisteriales, huelgas, partidos políticos de oposición
declarando ser reprimidos por el poder, movilizaciones sociales y decenas de priistas
que tuvieron que abandonar el estado por temor a las amenazas de muerte.
Manuel
Salinas Solís, el temible secretario particular del gobernador Castellanos
Domínguez, fue el poder tras el trono. Acumuló en su persona el control del
gobierno e impartió justicia de acuerdo a sus propios intereses. Muchos
funcionarios se arrodillaban ante su presencia. Y muchos otros tan sólo fueron
un adorno gubernamental en las dependencias porque quien se encargaba de tomar
todas las decisiones era él.
Durante
ese tiempo, Salinas Solís doblegó al Congreso del Estado y al Poder Judicial. A
través de la Procuraduría se encargó de proteger a los consentidos del
gobernador y utilizó la fuerza pública para aplacar la disidencia. Por eso en
ese periodo hubo tres secretarios de gobierno y cuatro procuradores, ya que
aquel que no obedeciera sus órdenes era despedido.
El
gobierno de Patrocinio González Blanco Garrido se conoció como el imperio de la
ley. Ahí se hizo justicia a conveniencia, y el exgobernador purgó sus
frustraciones acosando a sus adversarios a quienes incriminó y encarceló por
delitos inexistentes. Asimismo, en sus delirios de poder creó un grupo criminal
que sembró el terror en Tuxtla Gutiérrez.
En
esa administración sucedió una serie de asesinatos de homosexuales. La cifra
oficial fue de 15, aunque organismos defensores de los derechos humanos dijeron
que se trataba de más de treinta. Empero, las investigaciones nunca
prosperaron. La justicia sólo fue una palabra en el diccionario. Porque lo real
era la barbarie, la intolerancia hacia la comunidad lésbico-gay que fue víctima
de abusos, agresiones y homicidios.
El
20 de abril de 2007, la Fiscalía General del Estado informó sobre el arresto de
Ignacio Flores Montiel, el jefe policiaco de Patrocinio González que
presuntamente dirigió los operativos contra el magisterio, las organizaciones
campesinas y otras a cuyos líderes torturó, desapareció y exilió del estado.
Fue puesto en prisión por su probable participación en el asesinato del
periodista Roberto Mancilla Herrera y lo vincularon con la muerte de los
homosexuales.
Con
Julio César Ruiz Ferro, Chiapas vivió una de las etapas más dolorosas de la
historia contemporánea, donde la procuración de justicia fue una mera
simulación. Inolvidable será la matanza de Acteal de 1997 donde 45 indígenas encontraron
la muerte bajo las ráfagas de los cuernos de chivo mientras rezaban en una
capilla celebrando un ayuno de tres días. Misteriosamente eso sucedió a escasos
metros de un retén militar que no vio ni escuchó nada.
MARIANO
Y PABLO
El
24 de enero de 2009, Mariano Herrán Salvatti es detenido y acusado de
asociación delictuosa, ejercicio indebido del servicio público, peculado y
homicidio calificado. Fue puesto en libertad tres años después.
Mariano
Herrán fue zar antidroga los últimos tres años del gobierno del presidente Ernesto
Zedillo y, al término de ese periodo, regresó a Chiapas -su estado natal- por
invitación de Pablo Salazar Mendiguchía quien lo colocó en la titularidad de la
Procuraduría General de Justicia del Estado, cargo que desempeñó a lo largo del
sexenio.
Pablo
Salazar fue un tirano y quien diga lo contrario es porque no conoce la
historia. Hizo del poder un instrumento para atacar sin misericordia, para
coaccionar a sus detractores, para lastimar, para coartar derechos, para mandar
a la cárcel a periodistas y líderes sindicales, políticos y sociales por el
solo hecho de levantar la voz y denunciar los delitos de su administración.
Si
alguien tenía la osadía de revelarse u oponerse a las decisiones de Salazar,
caía sobre él todo el peso de la ley a través de Mariano Herrán, el brazo
ejecutor que hizo realidad la ideología de Gonzalo N. Santos: encierro,
destierro o entierro.
La
relación entre Pablo y Herrán fue sólida. Mariano venía con el reconocimiento
de los gobiernos de México y Estados Unidos en la lucha contra los cárteles del
narcotráfico, y Salazar lo necesitaba para controlar el estado a punta de
amenazas y balazos. Tal como lo hizo con el ex ombudsman de Chiapas, Pedro Raúl
López Hernández, al que en una ocasión mandó a golpearlo por el rumbo del
Mercado San Juan, en otra ordenó que balacearan su casa y, por último, lo
obligó a huir del estado. Hay que mencionar que el orondo abogado fue por mucho
el crítico más férreo del régimen salazarista.
Se
dijo que desde la Fiscalía de Herrán se planearon decenas de desapariciones de
líderes campesinos, atentados a las instituciones, golpizas a políticos,
encarcelamientos injustificados y asesinatos. Fue el imperio del terror.
LA
NUEVA FISCALÍA
El
jueves 16 de agosto, en un preciso operativo coordinado por la Fiscalía General
de Justicia del Estado de Chiapas, junto con la Secretaría de Seguridad,
Policía Federal y el Ejército Mexicano, se logró la detención de 48 integrantes
del cártel Jalisco Nueva Generación cuando éstos se dirigían a Guatemala, ya
que no operan en Chiapas.
Tres
días después, en una intensa acción operativa de la Fiscalía con la
gendarmería, las fuerzas armadas y la policía estatal y municipal, en
Tapachula, se llevó a cabo el arresto de 34 personas ligadas a la Mara
Salvatrucha, una maldita banda criminal que es un auténtico cáncer en la
frontera sur y que es acusada de pandillerismo, narcomenudeo y robo con
violencia.
Ayer,
en Tuxtla Gutiérrez, el grupo interinstitucional integrado por los tres niveles
de gobierno aseguraron a Fernando “N”, originario de Martínez de la Torre,
Veracruz, cuando conducía una camioneta que por la parte de abajo cargaba nueve
paquetes de cocaína con un peso
aproximado de 9 kilogramos, además de dos pelotas del tamaño de una canica supuestamente
hechas de la misma droga. De acuerdo a las primeras investigaciones, dicha persona
recibió la mercancía en Tapachula y debía entregarla en el estado jarocho.
Éstos
son sólo unos ejemplos del buen trabajo de la nueva Fiscalía, que ya no es más
un instrumento para la represión, sino una dependencia que resuelve las
necesidades de seguridad, protección e impartición de justicia de los
chiapanecos.
Sin
duda alguna, Raciel López Salazar ha sido un factor importante para recuperar
la credibilidad de la institución. Es un entendido de que la justicia es una de
las vías para dirimir los trances y procurar el bienestar social, y no apela al
chantaje para dirimir las diferencias políticas, mucho menos trata a la gente a
gritos, con soberbia y con pistola en mano, sino propone soluciones mediante el
uso de la ley para lograr la concordia y terminar con los años de injusticia.
“Con
hombres íntegros pueden quizá ganarse batallas”, escribió Arturo Pérez-Reverte.
Y sería realmente lamentable que los rumores sobre que Raciel López deje el
cargo de Fiscal General terminen siendo ciertos. Porque él ha sido uno de esos
hombres con los que Chiapas ha ganado mucho. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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