¿Se
puede confiar en los hijos de ex gobernantes corruptos? ¿Qué probabilidades hay
de que no cometan los mismos errores y abusos de sus padres? Estas preguntas surgen
a partir de que el presidente Andrés Manuel López Obrador nombró secretaria de
estado a la hija de un exgobernador de Chiapas. Propone un futuro renovando lo
peor del pasado.
Un
dicho del cine nos dice que las segundas partes nunca son buenas. Y la historia
nos recuerda que la descendencia de todo político casi nunca ha buscado gobernar,
sino sólo enriquecerse. Si acaparar el poder es el anhelo de todo político;
heredarlo es el de todo padre. Tal vez por eso Ovidio escribió: “¿No sabes que
los reyes tienen las manos muy largas?”.
El
Doctor Rafael Pascasio Gamboa fue gobernador de Chiapas de 1940 a 1944. Fue el
primer presidente nacional del PRI en 1946 y desempeñó diversos cargos en la
administración pública como la Secretaría de Salubridad y Asistencia durante la
presidencia de Miguel Alemán Valdés.
Como
gobernador fue un gran impulsor de la obra pública con construcciones de
escuelas, carreteras, hospitales y varios palacios municipales que hay en el
estado son parte de su gestión. De igual manera fomentó la educación, el sector
salud, y en materia de cultura colocó a Chiapas en el centro de los estudios
antropológicos que por entonces comenzaron a proliferar.
Su
hijo Rafael quiso seguirle los pasos, pero con poco éxito. En dos ocasiones fue
diputado federal y también dos veces presidente del PRI en Chiapas, entre otros
cargos partidistas de muy poca importancia. En 2001, junto con siete ex
funcionarios de la Secretaría de la Contraloría y Desarrollo Administrativo,
fue multado e inhabilitado por tres años para desempeñar cualquier cargo en la
administración pública federal, ya que se descubrió que había metido aviadores
en la nómina y entregó facturas apócrifas cuando fue coordinador de
Comunicación Social de dicha dependencia.
El
exgobernador Samuel León Brindis (1958-1964) también es el precursor de otra
dinastía de políticos, pero a diferencia de él no gozan del prestigio y la
honradez que siempre lo caracterizó. Y nunca tuvieron posibilidades de llegar a
la gubernatura de Chiapas.
De
los hijos del Doctor muy poco se sabe, pero sí de uno de sus sobrinos, el ex
ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Noé Castañón León: un
abogado inmensamente rico que ha estado enredado en escándalos de tráfico de
influencias y acusado por presunto enriquecimiento ilícito. El hijo de éste, el
priista Noé Castañón Ramírez, estuvo implicado en el fraude conocido como
Panama Pappers. Ahí se supo que tiene cuentas bancarias en Andorra y en las
Islas Caimán para evadir el fisco. Además, el 26 de septiembre de 2016, secuestró
a sus tres hijos menores de edad, quienes –se dice- no han vuelto a ver a su
madre.
Jorge
de la Vega Domínguez fue gobernador de Chiapas del 1 de diciembre de 1976 al 9
de diciembre de 1977, y durante su corta administración hubo varios desalojos,
asesinatos de líderes campesinos, torturas y quemas de casas de familias
indígenas ordenadas desde Palacio de Gobierno. En el desalojo del 10 de junio
de 1977, en Simojovel, se cuenta que los cuerpos de las víctimas fueron
lanzados desde los helicópteros militares.
Dejó
el cargo de gobernador por asumir la Secretaría de Comercio con el presidente
José López Portillo. En 1986 fue designado presidente nacional del PRI y el 1
de diciembre de 1988 fue designado por Carlos Salinas como secretario de Agricultura
y Recursos Hidráulicos. Por todos esos cargos y las relaciones con gente en el
poder, se cree el dueño de Chiapas y viene cada vez que hay elecciones. Y su
familia le ha seguido los pasos.
Su
hija Katina de la Vega, por ejemplo, ha participado en los saqueos, violaciones
a las leyes, en el mal ejercicio del poder y en los engaños al pueblo de
Chiapas, al haber sido colaboradora de los ex gobernadores Roberto Albores
Guillén, Pablo Salazar y Juan Sabines Guerrero, haciendo negocios directos e
indirectos con el gobierno, tomando decisiones y enriqueciéndose a manos llenas
con sus empresas proveedoras de servicios y constructoras, además de desempeñar
cargos como “consejera”.
UNA
ÉPOCA MÁS RECIENTE
Juan
Sabines Guerrero gobernó de 2006 a 2012, y su ascenso al poder no fue por
méritos propios, sino por su famoso apellido.
En
contraste con el buen desempeño de su progenitor, el exgobernador Juan Sabines
Gutiérrez a quien se le debe la transformación de Tuxtla Gutiérrez y
construcciones importantes como el Palacio de Gobierno, el Congreso del Estado,
el Teatro de la Ciudad, el zoológico, el Museo de Antropología, entre otros, Sabines
Guerrero condujo al estado sin un proyecto de gobierno, improvisado, con
funcionarios viciosos y terminó endeudando a los chiapanecos con más de 40 mil
millones de pesos. Se colgó de la fama de su familia, pues es pariente del
prócer Joaquín Miguel Gutiérrez, y acabó hasta con lo que no era suyo.
Ante
esto hay que destacar que el gobernador Manuel Velasco Coello no tuvo ese apoyo.
Aunque es nieto del exgobernador Manuel Velasco Suárez, un famoso neurocirujano
que durante su gestión fue impulsor de la salud, la educación, la cultura y fue
fundador de la Universidad Autónoma de Chiapas, supo brillar con luz propia. Su
abuelo murió cuando él apenas era un niño. Así que tuvo que echar mano de su
imaginación para construirse una carrera política por sí mismo.
Desde
la diputación local que obtuvo con el PVEM hasta la gubernatura del estado, son
fruto del esfuerzo, del empeño y de esa confianza que supo ganarse con la gente,
con las mujeres indígenas, con los artesanos, a los que apoyó con gestiones en
el Congreso local, en la Cámara de Diputados y en la Senadores. No dependió del
apellido para llegar al poder, sino de un trabajo político personal y fino.
Hace
unos meses, los nombres de Roberto Albores Gleason, Zoé Robledo Aburto y Luis
Armando Melgar Bravo sonaron para ser candidatos al Gobierno de Chiapas
mientras aún fungían como senadores. Los dos primeros son hijos de los
exgobernadores Roberto Albores Guillén y Eduardo Robledo Rincón,
respectivamente. Melgar Bravo es hijo del priista Antonio Melgar Aranda, que
sólo le faltó ser gobernador ya que fue diputado federal, senador, presidente
del PRI estatal y presidente municipal de Tapachula. Dos hermanos de Melgar
Bravo y otros parientes también incursionan en la política.
De
los tres sólo Albores Gleason logró ser candidato. Pero ¿por qué no le alcanzó
el apellido para ganar la gubernatura? Porque antes lo alcanzó su historia. Su
padre tuvo un gobierno corrupto del que varios de sus funcionarios terminaron
en la cárcel, y fue expulsado del PRI cuando apoyó a Juan Sabines Guerrero en
la elección de 2006 y no al candidato de su partido.
Y
Albores Jr. no pudo desligarse de la sombra del exgobernador Juan Sabines
Guerrero, quien le dio carrera política primero como secretario de Fomento
Económico y luego como secretario de Turismo. En 2009 lo hizo diputado federal
y en 2012 senador. Antes y durante la campaña pasada, se corrió el rumor de que
Sabines había financiado su proyecto y que varios exfuncionarios sabinistas
estaban operando políticamente para el acarreo de gente y compra de votos a su
favor.
¿POR
QUÉ CONFIAR?
Con
esta pequeña semblanza de dinastías políticas, ¿por qué debería confiar López
Obrador en Josefa González Blanco Ortiz Mena, hija del exgobernador José
Patrocinio González Blanco Garrido?
Para
empezar su padre es hijo del también exgobernador Salomón González Blanco. Y siendo
gobernador fue acusado de corrupción, asesinatos de
homosexuales y fue considerado el causante de agravar las condiciones que
motivaron el levantamiento del EZLN. El 4 de enero de 1993, el ex presidente
Carlos Salinas nombró a Patrocinio González como Secretario de Gobernación y lo
destituyó por la crisis en Chiapas el 10 de enero de 1994, apenas una semana
después de iniciado el conflicto zapatista.
Por
otro lado, Josefa González es una abogada con una maestría en Arte Transformativo
que desde hace varios años está encargada del Parque Nacional Los Aluxes, en
Palenque, Chiapas, donde supuestamente ha traficado especies en peligro de
extinción. Es lamentable que a pesar de esa denuncia, AMLO la haya nombrado
Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
Las
segundas partes no son buenas. Ser de descendencia política no es garantía de
éxito. “Malos tiempos para la lírica”, escribió Brecht en los albores del
nacismo. “Malos nombramientos para el gobierno”, diría hoy. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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