EL SEGUNDO EN LAS ENCUESTAS



En una encuesta del periódico Reforma del 14 de agosto de 2016, Margarita Zavala fue la puntera y muy por encima de Andrés Manuel López Obrador. Pero una vez que Ricardo Anaya se adueñó del PAN, en lugar de apoyarla para que su candidatura recuperara la Presidencia para el partido, hizo todo lo posible para orillarla a renunciar.

Ya estando fuera de la institución, la propuesta de Margarita se fue hundiendo por todas las limitaciones que la partidocracia impuso a los independientes, aunque podemos decir que el hecho de ser esposa del expresidente Felipe Calderón supuso que elegirla sería algo igual que una reelección, y no podemos obviar que otro duro obstáculo para ella era ser mujer. Porque digamos lo que digamos, y a pesar de los muchos esfuerzos que se han realizado para equilibrar los derechos políticos de las damas frente a los de los hombres, a diferencia de otros países, México aún no está preparado para tener una presidenta. 

A partir de la salida de Zavala del PAN, López Obrador se convirtió en el rey de las encuestas. Domina en todas y cada día aumenta su puntaje en las preferencias ciudadanas. Bastante rezagados han quedado Anaya, José Antonio Meade y Jaime Rodríguez Calderón.

Pero siendo sinceros, ¿qué tanta credibilidad tienen las dichosas encuestas? ¿Qué garantía de triunfo le pueden ofrecer al candidato de Morena que no deja de decir que le harán fraude? Y ¿en verdad representan el ánimo de toda la sociedad mexicana o nada más de cierto sector social? Esto último lo digo porque es bien sabido que en la mayoría de los estados del norte del país AMLO no es visto con buenos ojos.

La mayoría de sus seguidores pertenecen a las entidades del sur-sureste, como Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Tabasco, Michoacán, donde realmente atestan los lugares donde el tabasqueño se presenta. Y los que llegan son gente de bajos recursos y de poca escolaridad, ávidos de oportunidades: un terreno fértil para el populismo.

No he sabido, por ejemplo, de un evento masivo de López Obrador en Jalisco, Puebla, Nuevo León, Coahuila, Durango o Sonora, por mencionar algunos. Eso quizá se deba al status socioeconómico de la población. Los niveles educativos y de ingresos que manejan son mayores al promedio nacional. Y sin duda el ambiente en el que cohabitan influye mucho en su manera de pensar y de comportarse. Es decir, por ser personas más preparadas razonan el voto y no se dejan llevar por sus emociones.

Mientras tanto las encuestas hablan de un fervor casi unánime en todo el país (que no creo) por el proyecto presidencial que asegura que acabará con la corrupción y la impunidad.

¿ESTE ARROZ YA SE COCIÓ?

Sin embargo, ¿podemos decir que este arroz ya se coció? Porque si hacemos un poco de memoria, López Obrador también iba arriba en las encuestas en las elecciones de 2006 y 2012, aunque la diferencia no era tan notable como la de ahora. Y, “haiga sido como haiga sido”, la encuesta real fue la del día de las votaciones. ¿Hubo fraude? Nunca se comprobó.

Lo que sí se sabe actualmente es que estando a unos cuantos días de que finalicen las campañas, el panorama es bastante claro: Andrés Manuel que empezó como puntero no ha descendido y a lo largo de los pasados meses sus adversarios todavía no han podido construir una plataforma que convenza. Y las actitudes que éstos han tomado muestran más desesperación que estrategia.

La pregunta es si todavía pueden superarlo y con qué.

Hace cuarenta y dos años, en los tiempos en que el presidente de la República no sólo elegía al candidato del PRI sino a su seguro sucesor, Luis Echeverría tuvo la insolencia de destapar a siete aspirantes presidenciales que esperaron impacientes el famoso dedazo. De ello, el priista Rubén Figueroa descalificó a todos los escogidos con una frase que pasó a la historia: “La caballada está flaca”. Eso mismo puede decirse de los presidenciables de hoy.

José Antonio Meade Kuribreña es un experto en materia económica y financiera. Es licenciado en Economía y en Derecho. De todos los candidatos es el que más experiencia administrativa tiene. Su mayor carta es haber sido secretario de Energía, Hacienda, Relaciones Exteriores y Desarrollo Social, y lo fue en dos sexenios consecutivos y con dos partidos políticos diferentes en el poder. Pero nunca ha desempeñado un cargo de elección popular.

Jaime Rodríguez, El Bronco, es ingeniero agrónomo y al contrario de Meade, él sí tiene una larga trayectoria en el PRI por cuyas siglas fue diputado local, diputado federal y presidente municipal. Su mayor logro es haber ganado la gubernatura de Nuevo León como candidato independiente, que es el primer caso en la historia del país. Empero, gobernó sólo un par de años y pidió licencia para buscar la Presidencia en medio de una crisis de seguridad en el estado. En el remoto caso de ganar las votaciones su gobierno se vería duramente obstaculizado por los partidos que controlan el Congreso. No tendría apoyo, pues, para hacer realidad la ley que permita cortarle la mano a los corruptos.

Ricardo Anaya, el candidato más joven, es militante del PAN desde hace varios años y ya fue diputado federal. Es de profesión abogado y no tiene facha de presidente, sino de profesor de Derecho Mercantil. No tiene la experiencia de Meade, pero se ha colocado con facilidad en el segundo lugar en las encuestas. Es inteligente, sabe debatir con argumentos, como lo demostró en los debates entre los candidatos donde se enfrentó al tú por tú con AMLO, quien se inclina más por los monólogos largos, lentos, tediosos y repetitivos.

Obvio, ha cometido errores políticos bastante graves. Por ejemplo, abusar de la dirigencia del partido (igual que López Obrador) para imponerse como candidato. Otro, hablar de transparencia en el uso de los recursos públicos cuando sus operaciones inmobiliarias despertaron sospechas de lavado de dinero. Otro también importante, que sus hijos y su esposa vivan en el extranjero con muchas comodidades, estudiando en colegios privados y sin demostrar claramente el origen y el tamaño de sus ingresos.

Andrés Manuel López Obrador es licenciado en Ciencias Políticas. En los tiempos de su madurez fue presidente del PRI en Tabasco, y cuando políticos más importantes que él acaparaban los puestos dejó el partido y ayudó a fundar el PRD, que dirigió y luego abandonó porque no le permitieron imponer su candidatura a la Presidencia de la República. Fue así que creó su propio instituto político, donde nadie se le opone y puede hacer con él lo que se le pega la gana.

Tal vez porque es el candidato que tiene un discurso más presidencial, es que ocupa el primer lugar en las encuestas. Pero por su obsesión de llegar al poder se ha rodeado de políticos corruptos y criminales. Su imagen de hombre honesto ha quedado mal parada por los escándalos de sus colaboradores. Como el de René Bejarano recibiendo dinero en efectivo de un empresario. Como el de Carlos Ímaz recibiendo sobornos del mismo empresario. Como el de su secretario Gustavo Ponce que fue grabado apostando en Las Vegas, lugar al que viajaba con mucha frecuencia.

También como el de Eva Cadena, que en 2017 obtuvo miles de dólares para financiar la campaña de López Obrador. Como los de 2018, donde el tabasqueño protegió con candidaturas al Senado a Napoleón Gómez Urrutia (prófugo en Canadá) y a Nestora Salgado, que fue acusada, detenida y después liberada por los cargos de secuestro.

Si algo más podemos agregar a su currículum es que actúa como dueño de una autoridad moral, sin dejar de ser arrogante, despectivo, grosero y violento: ¡Qué se vayan al diablo con sus instituciones! (2006)/ Ricky Riquín Canallín (2018).

ENTONCES, ¿POR QUIÉN VOTAR?

Ante este panorama, ¿por quién votar si la caballada está bastante flaca? El peor de los escenarios sería tener un presidente sin el menor respeto por las instituciones, que cree que la corrupción es la causa de la desigualdad, de la falta de crecimiento económico, de la delincuencia, de la contaminación, de la baja calidad educativa, de que pierda la selección mexicana, de que se acabe el trago, de que mi vecina sea bailarina exótica, de todo, y que alrededor de él revoloteen personajes que se disputen el poder y el dinero como aves carroñeras.

Piénselo. Y aunque muchos digan que no existe el voto útil, votar por el segundo lugar en las encuestas puede ser el factor entre tener un gobierno de un solo hombre y uno, que si no prometedor, sí menos preocupante. ¡Chao!

@_MarioCaballero

Comentarios