Hace poco más de veinte años, un
muy joven Carlos Penagos estaba llorando en un viejo cuarto en Salt Lake City. Había
sido enviado a Estados Unidos en un intercambio escolar, y su padre le avisaba a
través de una carta que ya no tenía los medios para seguirlo apoyando en sus
estudios. Ese era el motivo de su pena. Fue una dura noticia para un menor de
edad que se encontraba solo en ese inhóspito país.
¿Será que en medio de aquella tribulación
pensó que en un futuro tendría las posibilidades de ayudar a alguien en
condiciones similares a la que él estaba viviendo? Tal vez algún día nos lo
cuente. Lo cierto es que aquel joven hoy es candidato a la presidencia
municipal de Tuxtla Gutiérrez y tiene frente así la irrepetible ocasión de hacerlo.
VIVIR
PARA CONTARLA
En este momento la situación de
Carlos Penagos es muy diferente a la que vivió en sus años de adolescencia y
juventud. Tiene un hogar, una familia, varias empresas y ha logrado construirse
una brillante carrera en la política, pero no siempre fue así.
Vivó en una casa humilde enclavada
en el barrio San Roque, en el pleno corazón de Tuxtla Gutiérrez. Es hijo del
arquitecto Carlos Penagos y de la señora María Xóchitl Vargas, ella originaria
de la ciudad de Tapachula. No eran ricos, pero tampoco pasaban pobreza pues el
negocio de su padre daba para el sustento diario y para costear los estudios de
los hijos. No obstante, al concluir el gobierno de Carlos Salinas, etapa donde
cientos de empresas a nivel nacional quebraron por la recesión económica, las
cosas cambiaron de forma drástica para la familia.
Para ese entonces el pequeño Carlos
ya había sido enviado al país de los billetes verdes. Por sus buenas
calificaciones obtuvo una beca para estudiar la preparatoria en el extranjero y
de paso aprender el idioma inglés. Así, mientras sus padres luchaban por
mantener a flote el negocio y el hogar, él tuvo que subsistir con el poco apoyo
que recibía para sus estudios en uno de los países más hostiles para los
mexicanos.
Años más tarde de haber realizado
ese lance, contó que había iniciado la empresa de estudiar en el extranjero con
el apoyo total de sus padres, hasta que en 1994 don Carlos le dijo que no podía
más. Obviamente entró en pánico. En los ruidos de la incertidumbre, él le
respondió a su padre que no se preocupara, que el buscaría los medios para
alcanzar sus metas. Fue así que una noche, encerrado en su habitación, se
prometió entre lágrimas no volver a su tierra como un fracasado.
Salt Lake City es la capital del
estado de Utah, fundada por Brigham Young, Isaac Morley, George Washington
Bradley y otros miembros del mormonismo, religión que Carlos Penagos profesa
desde niño. Ahí vivió en la casa de unos amigos de sus padres, que lo aceptaron
con la única condición de que también contribuyera con los gastos. Pero al
verse sin el apoyo económico de antes, salió a las calles a buscar trabajo y lo
que encontró fue un puesto de lavaplatos en un pequeño restaurante. El salario que
obtenía era muy bajo, apenas suficiente para cubrir con lo necesario. También
fue cerillo en un supermercado.
Para continuar con su preparación,
Penagos Vargas tenía la obligación de obtener la visa de estudiante requisito
sin el cual sus deseos de aprender el idioma inglés y estudiar el bachillerato quedarían
truncados. El problema mayor no era la documentación, sino el costo de la visa,
y él no tenía el dinero para pagarla.
“Venid a mí todos los que estáis
trabajados y cargados, y yo os haré descansar”, dice en el capítulo once del
Evangelio de San Mateo. Con la confianza puesta en Jesucristo, apareció de
repente en el camino de Carlos Penagos un buen samaritano. Le ayudó con los
trámites, el papeleo y pagó el precio de tan anhelada visa. Con ese documento
en su poder lo primero que hizo fue inscribirse en una preparatoria de gobierno,
la Hunter High School. De ahí en adelante le esperaban no días felices, sino de
esfuerzo y dedicación. Tenía que trabajar para poder estudiar.
Cuenta Penagos que entraba a la
escuela a las siete y media de la mañana y salía a las dos de la tarde. Iba a
su casa a cambiarse de ropa y de ahí al trabajo, cuya jornada terminaba
alrededor de las once o doce de la noche. Regresaba a su pequeño cuarto a
realizar la tarea, lavar el uniforme, dormir un poco, para levantarse a las
cinco y media de la mañana y empezar de nuevo la incesante rutina.
Si alguien conoce los términos de
la cocción de la carne y del freído de las papas en el emporio de la
hamburguesa más grande del mundo, ese es Carlos Penagos que después de pasar
largos meses fregando platos y vasos encontró una vacante en la cocina de una
sucursal de McDonald´s. Sus ingresos mejoraron. Poco tiempo después, ya con un
dominio pleno del inglés logró relacionarse con otras personas que lo ayudaron
a mejorar su situación. De esa manera llegó a ser intendente del aeropuerto de
Salt Lake City, donde conoció a otros mexicanos y hermanos latinos que al igual
que él habían tenido que luchar para llegar a ser personas de bien.
Pero las dificultades económicas
no fueron su único problema, ni siquiera el mayor de todos. Sufrió
discriminación y racismo a pesar de ser de tez blanca. En muchas ocasiones fue
escupido y golpeado. De camino a la escuela o al trabajo, los gringos le lanzaban
agua o cualquier otro líquido para mancharle sus ropas. Aun así no dejó de lado
su objetivo y continuó trabajando por alcanzarlo.
EMPRESARIO
Y POLÍTICO
“Amo la casa en la cual no veo
nada superfluo y encuentro todo lo necesario”, decía Benjamín Franklin. Carlos
Penagos tuvo que regresar a Tuxtla Gutiérrez en 1998, ya que doña Xóchitl había
enfermado de una hernia en la columna vertebral.
Al volver a Chiapas instaló en una
pequeña empresa de venta de anillos de graduación. Retomó el oficio de joyero
de don Jorge Penagos Gómez, su abuelo, dueño de la relojería y joyería La
Violeta. La idea resultó un éxito y con eso pudo ayudar con los gastos de la
casa y costear parte del tratamiento de su madre. Al mismo tiempo, se inscribió
en la carrera de Mercadotecnia en la IESCH y para pagarla dio clases de inglés
en la Universidad Valle del Grijalva y en la Paulo Freire.
Al poco tiempo se casó con
Maricarmen Fuentes Pariente con quien procreó a Carlos, Juan Pablo y Antonio.
Con cierta estabilidad económica y con la responsabilidad de un hogar, incursionó
en el negocio de la publicidad y los anuncios espectaculares que poco a poco
fue creciendo. Las relaciones públicas dentro del ámbito empresarial lo
llevaron a conocer a Pedro Jiménez León, que en aquel entonces era secretario nacional
del antiguo partido Convergencia, hoy Movimiento Ciudadano, que lo invitó a
unirse a ese instituto político.
Y no pasó mucho tiempo para que Penagos
se hiciera líder del Comité Municipal del partido, luego secretario general y,
finalmente, presidente estatal. En esa posición fue invitado por la dirigencia nacional
a ocupar una diputación plurinominal en la LXIII Legislatura en el Congreso del
Estado de Chiapas. Esos fueron sus primeros pasos en la política.
En ese lapso conoció a Manuel
Velasco Coello, que era líder del PVEM, y se hicieron amigos. A Carlos le
gustaba escucharlo hablar sobre Chiapas y lo que podían hacer para resolver los
problemas del estado. Un día, Velasco le contó su proyecto: “Si llego a
gobernador te invitaré a colaborar en mi gobierno”, y él gustoso le contestó
que aceptaría. Y en enero de 2013, en cumplimiento de promesas, fue nombrado
titular de la Secretaría de la Juventud, Recreación y Deporte, dependencia
desde la cual hizo importantes aportes a favor de la juventud chiapaneca.
En la legislatura actual en el
Congreso del Estado fue presidente de la Junta de Coordinación Política, realizó
las audiencias ciudadanas, brindó apoyo a decenas de escuelas en Tuxtla
Gutiérrez, hizo reformas para la protección del patrimonio cultural del estado
y para la dignificación de las bibliotecas, participó de forma activa en la
elaboración y aprobación de la nueva Ley de Adquisiciones y en la de Turismo, trabajó
para garantizar la equidad de género y lanzó la iniciativa para la eliminación
del fuero, que no fue aprobada por mezquinos intereses políticos.
¿ALCALDE?
Grosso modo esta es la
radiografía de quien pretende gobernar a los tuxtlecos los próximos tres años. Ha
demostrado ser un hombre de firmes convicciones y de trabajo. Siempre alejado
de los escándalos. ¿Votaría por él? ¡Chao!
@_MarioCaballero
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