El
próximo domingo 29 de abril darán inicio las campañas electorales de los
candidatos al Gobierno del Estado. Es una costumbre que en ese arranque sean apadrinados
por los candidatos a la Presidencia de la República. Y se ha anunciado que el
priista Roberto Albores Gleason contará con la presencia de José Antonio Meade
Kuribreña. Empero, ¿qué tan provechoso será para el chiapaneco ser respaldado por
quien ha sido señalado de complicidad en el desvío de miles de millones de
pesos?
No
se pone en duda la capacidad intelectual de José Antonio Meade. Es de los pocos
servidores públicos que tiene una importante carrera profesional, con una
licenciatura en Economía por el ITAM, donde se graduó con mención honorífica, y
otra en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), además
de tener un doctorado en Economía que cursó en uno de los institutos educativos
privados más reconocidos de Estados Unidos y el mundo: la Universidad Yale.
Fue
en el ITAM donde conoció a su esposa Juana Cuevas, con quien tiene tres hijos,
y ahí mismo hizo amistad con Luis Videgaray Caso, actual secretario de
Relaciones Exteriores, priista y hombre cercano al presidente Enrique Peña
Nieto. En esa misma escuela se relacionó con el panista Ernesto Cordero, que
preside la Cámara de Senadores. Es así que por amistades y lazos familiares
tiene buenas relaciones tanto con el PRI como con el PAN, su tío abuelo Daniel
Kuribreña fue uno de los fundadores del panismo.
Tiene
hoy 48 años de edad y nunca ha pertenecido a ningún partido político. No tiene
experiencia en contiendas electorales y tampoco en cargos de elección popular.
Tiene, efectivamente, una larga trayectoria en el servicio público, desempeñando
puestos de muy alto nivel de responsabilidad.
En
el sexenio de Felipe Calderón fue secretario de Energía y de Hacienda. En la
administración de Peña Nieto ocupó la titularidad de las secretarías de
Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y, por último, Hacienda, a cuya
encomienda renunció para buscar la candidatura a la Presidencia. Antes, ya
había ocupado cargos menores en el gobierno federal.
Por
todo ello, y de haber sido considerado en 2015 por la revista Foreign Policy como
uno de los 500 hombres más influyentes del mundo, Meade Kuribreña se convirtió
en el funcionario más importante de la última década en México, que trabajó en
dos administraciones consecutivas para dos presidentes de dos partidos
distintos. Y eso, además, lo colocaba hasta hace poco como uno de los mejores
prospectos a relevar a Peña Nieto y muy por encima de quienes también disputaron
la candidatura priista a la Presidencia.
PERO…
Hasta
aquí todo bien. José Antonio Meade podía presumir sus significativas
credenciales académicas, experiencia en el servicio púbico, haber sido parte
esencial en el diseño de varias de las reformas constitucionales emprendidas
por este gobierno, especialmente la reforma fiscal, y de pasar a la historia
como el primer candidato ciudadano en ser postulado a la Presidencia por el
PRI.
Pero,
¿cuáles fueron sus resultados como Secretario de Estado?
Días
después de renunciar al cargo en la Secretaría de Hacienda, Meade dijo en una
entrevista que dejaba al país con estabilidad económica, pero confundió
estabilidad con estancamiento.
Cuando
tomó las riendas de Hacienda en septiembre de 2016, el crecimiento del Producto
Interno Bruto (PIB) trimestral era de 1.2%, una cifra que de por sí era
considerada como insuficiente. En los trimestres subsecuentes, ya bajo su
dirección, el crecimiento bajó a 1%, según información del INEGI. Después bajó
a 0.6%, luego a 0.3% y, en el tercer trimestre de 2017, pasó a una tasa
negativa de -0.3%. El mismo día que Meade renunció a dicha dependencia, el periódico
estadunidense The Wall Street Journal
publicó una nota en la que afirmaba que “México parecía estar en una recesión”.
Por
otro lado, tampoco logró que durante su gestión hubiera estabilidad de precios,
pues el aumento en octubre de 2017 con respecto al mismo mes del año anterior
es de 6.4%. Entretanto que el aumento de los precios de la canasta básica es de
8.8%, tasas incluso superiores a los objetivos de inflación del Banco de
México. Asimismo, como secretario de Hacienda propuso un recorte de 91 mil 380
millones de pesos a los programas sociales en el Presupuesto de Egresos de la
Federación para 2017, que precisamente estaban destinados a combatir la pobreza
y la hambruna, dos de los grandes males del país.
En
un reportaje conocido como “La estafa maestra”, tres periodistas se dedicaron a
revisar los resultados de dos informes de la Auditoría Superior de la
Federación correspondientes a los años 2013 y 2014. En ese examen encontraron
“un enredo y gigantesco mecanismo, en el que participaban más de una decena de
dependencias públicas y (que) movían miles de millones de pesos”, dicen.
En
esa corrupción hecha sistema, muchos funcionarios federales entregaban dinero
de los mexicanos a las universidades públicas para que realizaran determinados
servicios. Esos institutos educativos, que cobraron buenas tajadas nada más por
ser los intermediarios, subcontrataron empresas fantasma para hacer esos trabajos,
que en realidad eran entidades que existían pero sólo en papel, que laboraban
en oficinas vacías o en casas ubicadas en colonias pobres en varias ciudades
del país. Los trabajos, obviamente, no se hicieron, pero el dinero desapareció.
El
monto final del fraude fue de más de siete mil millones de pesos, sólo en dos
años. De ese dinero que nunca fue puesto en manos de los beneficiarios, se
quedó una parte en las universidades involucradas, otra en los bolsillos de los
operadores de las empresas fantasma, otra en las campañas políticas del PRI de
años pasados y actuales, y otra en poder de los funcionarios de las secretarías
cómplices.
En
esa estafa maestra participó, indirectamente, José Antonio Meade. Mucho de ese
dinero que nunca llegó a decenas de miles de personas en situación de pobreza,
ni a los campesinos, ni a los niños y jóvenes que toman clases en escuelas en
pésimas condiciones, ni a los migrantes, etcétera, se desvió de la SEDESOL,
secretaría que el “candidato ciudadano” ostentó del 28 de agosto de 2015 al 6
de septiembre de 2016, en sustitución de Rosario Robles.
En
palabras simples, aparte de recaudar impuestos, administrar las finanzas y regular
las instituciones bancarias, la Secretaría de Hacienda tiene la función de
controlar y supervisar en qué gastan el dinero los distintos organismos del
sector público. Meade ocupó el cargo desde el 7 de septiembre de 2016 hasta el
27 de noviembre de 2017.
Ahora,
sabiendo que estuvo al frente de esas dos secretarías, ¿no se enteró Meade de
la corrupción que venía dirigiendo su antecesora en la SEDESOL? Siendo
secretario de Hacienda ¿nunca supo de los miles de millones de pesos que eran
desviados de las dependencias de gobierno para financiar al PRI y enriquecer a
varias universidades, funcionarios, prestanombres y, quizá, hasta al propio
presidente?
Resulta
imposible creer que quien ha sido considerado uno de los hombres más
inteligentes y preparados de México, con una larga trayectoria en la
administración pública, experto en temas financieros, que tenía el control del
dinero de los mexicanos, no estuviera enterado de lo sucedido. Así que no
podemos si no pensar que fue cómplice del robo y ayudó a encubrir a los
ladrones.
¿Cuánto
se llevó él por hacerse el disimulado? Discúlpeme amable lectora, lector, por
no saberlo, pero puedo decirle que si no recibió un solo centavo en el momento
de cometerse el hurto, seguramente lo despilfarrará ahora en su campaña. Porque
como dice el dicho “Hay tres cosas que no se pueden ocultar: el amor, el dinero
y lo pendejo”. De los cuales, últimamente, Meade está demostrando tener mucho.
A
LA SAZON…
Entonces,
a qué viene José Antonio Meade a Chiapas ¿a respaldar u obstaculizar la campaña
de Roberto Albores Gleason?
Mejor
no me ayudes, compadre. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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