Es
inusual que un candidato sea más popular que el partido político que lo
representa. Aunque en las últimas dos décadas ha sido claro que la gente vota
por la persona y no por los partidos. Es así que independientemente de que
Andrés Manuel López Obrador sea el candidato presidencial más popular, conocido
y con mayores probabilidades de convertirse en el próximo presidente de México,
su partido Morena es un organismo que al poco tiempo de nacer ha caído en un
proceso de decadencia, de putrefacción.
En
los años setenta, el Partido Revolucionario Institucional fue comparado con una
catedral por el politólogo Frank Brandenburg. Cualquiera sabe que las catedrales
tienen su nave central y sus capillas laterales, a la derecha y a la izquierda,
donde caben todos los santos.
La
analogía no era para nada errada. El PRI era un instituto oligárquico,
hegemónico y autoritario, pero no era egoísta para excluir a todos aquellos que
quisieran sumarse a sus filas. En la capilla de la derecha daba lugar para que se
mezclaran los priistas más conservadores con los panistas y, en la de la
izquierda, los priistas que criticaban a su propio partido y señalaban los
abusos también se unían dentro del mismo PRI con los políticos de la vieja
izquierda nacional, que a finales de los ochenta se separaron para formar el
PRD.
A
pesar de la semejanza, no es el caso de Morena que bajo el pretexto de la necesidad
de unificar a todos los mexicanos, como proclama López Obrador, le dio cabida a
priistas, panistas y perredistas que no fueron incluidos en el reparto de las
candidaturas. Asimismo, abrazó a ex funcionarios de los gobiernos de Fox,
Carlos Salinas, Felipe Calderón y Ernesto Zedillo. Y no le importó si eran
prófugos de la justicia, asesinos, ex líderes sindicales corruptos, operadores
políticos del crimen organizado, lavadores de dinero del narcotráfico, encubridores
de sacerdotes pederastas, etcétera.
De
tal manera, a Morena no se le puede aplicar la metáfora de la catedral del PRI.
Sencillamente porque acogió lo peor de la clase política. Es, válgase la
comparación, un camión de la basura que lo recoge todo.
NUNCA
FUE LO QUE DIJO SER
Andrés
Manuel creó el Movimiento de Regeneración Nacional en 2011 como una asociación
civil que tenía como principal objetivo impulsar su propia candidatura a la Presidencia
de la República. Pero una vez pasadas las elecciones de julio de 2012, AMLO y
sus más cercanos “seguidores” decidieron el 20 de noviembre de ese mismo año
que el Movimiento pasara de ser una corriente social a un partido político. Y fue
el 9 de julio de 2014 que Morena obtuvo su registro ante el Instituto Nacional
Electoral.
La
Declaración de Principios de Morena empieza con una bonita frase: “No hay nada
más noble y más bello que preocuparse por los demás y hacer algo por ellos, por
mínimo que sea. La felicidad también se puede hallar cuando se actúa en
beneficio de los otros”. Empero, no hay por qué asombrarse, el don de la buena
retórica también le pertenecía a Hugo Chávez, Fidel Castro, Hitler y Napoleón
Bonaparte, e hicieron de sus gobiernos una dictadura, un infierno terrenal para
sus gobernados.
Sigamos.
El quinto principio ético por los que supuestamente se rigen los miembros de
Morena, dice a la letra: “Nuestro Partido es un espacio abierto, plural e
incluyente, en el que participan mexicanos de todas las clases sociales y de
diversas corrientes de pensamiento, religiones y culturas… Estamos convencidos
que sólo la unidad de todos los mexicanos hará posible la transformación del
país…”.
El
sexto dice: “Nuestra acción individual y colectiva está sustentada en principios
de honestidad, patriotismo y reconocimientos de las diferencias para forjar una
nueva forma del quehacer político, alejada de los vicios y la corrupción de las
prácticas políticas del actual sistema político, cultural y económico”. Y
agrega: “Los integrantes del Partido deben tener presente en su quehacer
cotidiano que son portadores de una nueva forma de actuar, basada en valores
democráticos y humanistas y no en la búsqueda de la satisfacción de intereses
egoístas, de facción o de grupo”.
Suena
bien, ¿verdad? Sin embargo, es una lástima que todo eso sea una vil mentira.
No
podemos negar que Morena es un partido incluyente, plural, un terreno donde
confluye la diversidad ideológica. Pero actualmente está formado por la escoria
de la política, por gente de lo peor, por los que se enriquecieron con el
dinero de los mexicanos, por los que abandonaron sus partidos para encontrar
otro que les permita seguir viviendo en la impunidad y la molicie cuando su
lugar es la cárcel. No son simples “chapulines”, sino oportunistas enfermos de
poder.
De
tal manera, ¿qué tipo de transformación puede Morena darle al país si su mismo
líder y candidato presidencial está permitiendo que la gente que tanto daño le hiciera
a la sociedad vuelva al gobierno? Sin duda, no mejor.
Por
otro lado, ¿pueden los de Morena asegurarnos que están alejados de los vicios y
la corrupción y que no están buscando satisfacer intereses personales, de
facción o de grupo? De ninguna manera, si no ¿por qué AMLO colocó en la lista
de plurinominales al Senado a Napoleón Gómez Urrutia, ex líder del sindicato
minero que desde 2006 se exilió en Canadá para no ser alcanzado por la
justicia?
En
este caso, López Obrador necesita dinero para financiar su campaña política y
Gómez Urrutia lo tiene de sobra, pero le urge a cambio el fuero que lo aleje de
pisar la prisión. Hay claros intereses personales. Un negocio redondo y muy lucrativo
para ambas partes. Y así como ese están la mayoría de los casos de políticos
que abandonaron sus militancias y lograron obtener una candidatura por Morena.
En
fin, “no hay nada más noble y más bello que preocuparse por los demás y hacer
algo por ellos”, dice la famosa declaración de principios del partido de AMLO.
Aunque al parecer la mayor preocupación de Andrés Manuel es brindar protección
a los criminales con el pago de cuota, sea cual sea.
EL
CASO DE CHIAPAS…
En
Chiapas, Morena ha sido un fracaso como alternancia política. En 2015, que fue
su primera participación en una contienda electoral, ganó solamente una
alcaldía de 122 posibles y tres diputaciones locales pero por la vía plurinominal.
En verdad muy poco comparado con lo que el efecto AMLO provoca en otros estados
del país donde el partido es la tercera o incluso la segunda fuerza política.
¿A
qué se debe la falta de éxito? En primer lugar por la ausencia de prestigio de
muchos de sus militantes. Segundo, porque Chiapas es la región donde el PRI y
el PVEM implementaron una inmensa inversión de dinero para la compra del voto,
y siendo un estado pobre esto ha funcionado muy bien. Finalmente, por la mala
elección de sus candidatos. Este 2018, las cosas no parecen mejorar.
“La
descomposición de todo gobierno comienza por la decadencia de los principios
sobre los cuales fue fundado”, escribió Montesquieu. Si López Obrador les dio
alojamiento a todos los políticos que él antes calificó de mafiosos por la
ambición de ser presidente de México, no importándole en lo que se convertía su
partido, en Chiapas hizo exactamente lo mismo.
Pudiendo
Morena convertirse en las próximas elecciones en la primera fuerza política y
ganar el gobierno del estado, Andrés Manuel prefirió recoger a priistas,
panistas, pvemistas y perredistas que fueron desechados en sus partidos y
despreciar a la militancia, a esos hombres y mujeres que recorrieron casa por
casa, municipio por municipio, promocionando el partido y dando a conocer las
propuestas.
En
los peores casos están personajes como Sasil de León Villard, que fue diputada
local por el PAN, titular de la Secretaría para el Desarrollo y Empoderamiento
de las Mujeres en el gobierno actual (dependencia que presuntamente saqueó
junto con su familia). Luego, diputada federal por el PVEM, Delegada de
Prospera y se dice que será senadora por Morena en 2018, candidatura que le
correspondía a Maritza Mandujano Granados quien fuera propuesta en Consejo
Estatal por esa militancia.
Ahora
bien, ¿cómo puede el pueblo chiapaneco votar por Morena cuando ahora los
candidatos a cargos públicos son quienes antes lo pisotearon bajo las siglas
del PVEM, PRI, PAN, PRD?
Ya
no hay tal Movimiento de Regeneración Nacional en Chiapas y en ningún lado,
sino un camión de la basura que propone a los corruptos y opresores del ayer
para que nos gobiernen mañana. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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