La
Tuxtla Gutiérrez de hoy se siente al borde del precipicio. Pero pensándolo bien
es en este trienio que se sintió más así. Desde la presidencia municipal de Juan
Sabines Guerrero hasta la de Samuel Toledo Córdova Toledo, periodo en que la
ciudad se cubrió con una gruesa capa de complicidades y las palabras fueron
insuficientes para describir las arbitrariedades, pensamos que habíamos llegado
al punto en que nada podía ser peor. Pero nos equivocamos.
Una
vez que llegamos al último trozo del “gobierno” de Fernando Castellanos Cal y
Mayor parece que la corrupción anterior no fue suficiente para cimbrar las
estructuras del privilegio, pues mientras miles de familias tuxtlecas siguen
siendo parte de la exclusión, la clase gubernamental vive en la opulencia.
A
esto hay que sumarle la opacidad en el ejercicio de los recursos públicos, la
deuda, los despidos injustificados, el aviadurismo, la falta de obra pública,
el enriquecimiento desmedido de los principales funcionarios del Ayuntamiento
(sin “H”), el desvío de dinero para fines políticos, el incumplimiento de pago
de salarios y prestaciones de ley a los trabajadores y el evidente servilismo
ante el gobernador Manuel Velasco Coello.
“Un
fracaso no se improvisa” apuntó el escritor Joan Fuster. La espiral de
deterioro de ayer empeoró a lo largo de este trienio: 2015-2018 será sin la
menor duda la gestión más saqueadora y opresiva de la última década de nuestra
historia.
ANARQUÍA
Y CORRUPCIÓN
Octavio
Paz, no el poeta sino el intelectual, decía: “Ningún pueblo cree en su
gobierno. A lo sumo, los pueblos están resignados”. En medio de la doliente realidad,
¿quién le cree a Fernando Castellanos de que Tuxtla Gutiérrez ha avanzado en
temas de salud, empleo, desarrollo económico y seguridad?
Castellanos
Cal y Mayor asumió la presidencia municipal en octubre de 2015, y al lapso de un
año de su gobierno el Instituto Mexicano de la Competitividad dio a conocer que
de 74 ciudades analizadas, la capital de Chiapas fue la peor calificada en los
10 subíndices que componen el Índice de Competitividad Urbana (ICU), que tiene
que ver con temas como el medio ambiente, las políticas públicas, gobierno,
economía y otros.
Dice
el informe que en cuanto a seguridad la ciudad pasó del sitio número 13 al 74,
al último lugar, entre otras cosas porque durante este gobierno municipal se
triplicó el robo a negocios que ha derivado en la fuga de capitales y en la pérdida
de miles de empleos. Pero en el colmo del cinismo, Fernando Castellanos recibió
en noviembre de 2016 el Certificado de Comunidad Segura de parte del Instituto
Cisalva de Cali, Colombia, cuya reputación está en tela de juicio por los
rumores de que vende los certificados por cincuenta mil pesos.
Para ilustrar la inseguridad, entre
abril y junio de 2016 se registraron 498 robos con violencia en Tuxtla
Gutiérrez, que equivale al 36.86% del total denunciado en todo Chiapas. Esto es
grave porque además la tasa nacional por ese mismo delito es del 34.38%, y el
de la supuesta “Comunidad Segura” es del 80.17 por ciento, incluso mayor que la
del año 2015 que fue de 71.59.
Ante
el vacío de poder, la estrategia de seguridad y el combate al hampa ha quedado
en manos de la propia sociedad que se ha organizado a manera de brigadas en la
mayoría de las colonias de la ciudad. Esto por sí solo habla de
ingobernabilidad y de una presidencia municipal en la simulación, carente de
ideas, torpe y mediocre.
Ante
la anarquía, ¿quién gobierna en Tuxtla Gutiérrez?
Al
carecer de una cadena de mando real, porque es claro que Fernando Castellanos
obedece a intereses de terceros y no a los del pueblo, algunos altos funcionarios
promueven la inestabilidad social y la corrupción desde sus respectivos puestos
de poder. Tal es el caso de la contadora María Cristina Palomeque Rincón,
tesorera municipal y persona de todas las confianzas del alcalde.
Cristina
Palomeque es famosa por su habilidad en el manejo de los recursos. Todo buen mago
o ilusionista debería pedirle un consejo para mejorar sus trucos de desaparecer
cosas. Es condenable que en el padrón de proveedores del Ayuntamiento estén
incluidas las empresas de su propiedad. Es decir, hace jugosos negocios con el
erario público y pide pagos puntuales para éstas dejando a otros proveedores en
la lista de espera.
En
muchas ocasiones, los prestadores de bienes y servicios han denunciado que
Palomeque Rincón les exige el “diezmo” a cambio de pagarles sus facturas. En caso
contrario les retrasa el pago. ¿Estaremos hablando del delito de
enriquecimiento ilícito? Tal vez, y por eso mismo las autoridades deben tomar
cartas en el asunto porque se habla de que en la inmensa fortuna de la tesorera
se incluyen ranchos ganaderos, residencias y cuentas bancarias millonarias.
Otro
de los grandes beneficiados es Ariosto Raúl Castillejos Acuña, que en los dos
años que van de esta deleznable gestión pasó de ser un servidor público de la
medianía a acaudalado mandamás en Tuxtla Gutiérrez. Es un cacique con cara de
perdonavidas que desde su puesto de secretario particular del alcalde
Castellanos obstruye la solución a las demandas sociales y controla el gobierno
a su antojo.
Se
comenta que estafa a empresarios de la construcción pidiéndoles dinero en
efectivo a cambio de contratos de obra pública. De esos negocios en lo oscurito
proviene su actual riqueza que nunca ha tratado de esconder. Un día –cuentan- embrutecido
por el alcohol, dijo que una de sus camionetas marca Porsche Cayenne, con un valor alrededor de un millón quinientos mil
pesos, fue un regalo que le dio un constructor en agradecimiento a su apoyo en
la gestión de un contrato de obra.
Algunos
medios de comunicación han relatado que Raúl Castillejos posee un rancho, tres
residencias que juntas superan un valor de nueve millones de pesos, además de una
inversión importante en varias camionetas de lujo. Aparte de la corrupción, en
los pasillos del Ayuntamiento se acusa al flamante secretario particular de
prepotencia, del desvío de recursos públicos, vandalismo, ataque a periodistas
y acoso sexual.
El
Congreso del Estado tiene el deber de dirigir una profunda investigación a este
singular personaje. Auditar cada una de sus posesiones para conocer el origen
real. Dice el dicho que cuando el río suena es porque agua lleva. De ser cierto
el descomunal enriquecimiento de Castillejos Acuña, estaremos entonces frente a
la punta del iceberg de la gran corrupción del gobierno de Fernando
Castellanos.
SÓLO
UN TÍTERE
Me
piden no revelar nombres por temor a las represalias. Pero sucede que un día el
titular de un departamento de una secretaría municipal solicitó cierta cantidad
de dinero para la adquisición de materiales y equipos de trabajo. El alcalde
dio su autorización y la solicitud fue aprobada por el Cabildo. Pero al momento
de expedir el cheque, el regidor Felipe Granda Pastrana le dijo al presidente
que esos recursos no se entregarían. Esa fue una orden que Castellanos Cal y
Mayor simplemente acató.
¿Será
por eso que se cree que Fernando Castellanos es tan sólo un títere que se
dedica a cumplir las órdenes de un grupo de grandes empresarios? Si es así, volvamos
a la pregunta original: ¿quién gobierna en Tuxtla Gutiérrez? Porque es obvio
que no es el alcalde.
Pero
al final de cuentas, el responsable de que se le quiera dar uso habitacional a
la Meseta de Copoya, donde es evidente el interés económico de funcionarios
municipales y estatales y de varios empresarios, es Fernando Castellanos. De
que se haya solicitado un préstamo para cubrir el pago de los aguinaldos de los
trabajadores del Ayuntamiento, DIF municipal y SMAPA, y que no fueron pagados en
tiempo y forma ni se rindió un informe sobre el destino de los recursos, es también
Fernando Castellanos.
Por
esa misma responsabilidad urge que responda: ¿por qué no fue entregado el “Bono
sexenal” al personal de la policía municipal y que equivalía a 18 mil 500 pesos
por cada elemento?
Hijo
de tigre pintito, dice el refrán. La alcaldía tuxtleca es el reflejo mismo de
la ineptitud y malos manejos del gobierno de Manuel Velasco Coello. Nos
quejábamos de Juan Sabines y su red de corrupción con los presidentes
municipales, y hoy estamos en un caos más complejo y profundo donde ni siquiera
sabemos quién gobierna en Tuxtla: si el hampa, los empresarios o el gobernador.
¡Chao!
@_MarioCaballero
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