El
2017 dejó en la memoria el reflejo de lo que somos: un país tercermundista con
más de cincuenta millones de pobres, más de cien mil muertos por la guerra
contra los cárteles de la droga, violencia, desigualdad y falta de oportunidades.
En ese espejo, el 2018 se mira como el año de las grandes definiciones y
decisiones, donde se renovará la Presidencia de la República, nueve gubernaturas
y más de tres mil cargos públicos. Es así que enero será el mes que marque el
inicio de la madre de todas las batallas: las elecciones del primero de julio.
Lo
verdaderamente triste es que mientras el país atraviesa sus peores momentos,
los partidos y los políticos están más preocupados por permanecer, recuperar u
obtener el mando. Sólo eso. No existen llamados a la unidad, a la pacificación
social, al trabajo en equipo. Nada hay en los partidos sobre cómo solucionar
los conflictos que han obstaculizado el progreso de los pueblos, sino ambición
y una urgencia de poder. Por eso es el origen de las campañas de odio y la inútil
publicidad política dispersa en los medios de comunicación.
EL
SIN SENTIDO
Churchill
decía que un estadista es todo aquel que piensa en las próximas generaciones y
no en las próximas elecciones. Para nuestra clase política esto funciona totalmente
al revés. En una suerte de “Ganar-Ganar”, los partidos no piensan primero en
estudiar la situación de cada lugar para después elegir a los mejores
candidatos que tengan posibilidades de lograr buenos resultados para la
comunidad, ciudad, estado o país, sino primero buscan beneficiar al grupo de
poder dentro del partido, luego elegir entre éste al que ofrece más y hacerlo
candidato, aunque no sea el mejor ni el más idóneo o idónea para gobernar.
Ejemplo
de eso es la elección y respaldo priista sobre José Antonio Meade Kuribreña, que
a pesar de ser apartidista pertenecía al grupo del presidente Enrique Peña
Nieto, que siendo el jefe del grupo más importante del PRI se impuso ante las
bases, obligó a la militancia a hacer cambios en los estatutos y, por último,
señaló con su poderoso dedo a quien él creyó el mejor para sucederlo en el
cargo, no a quien mejor les pareciera a los priistas y mucho menos lo hizo
pensando en la sociedad.
Haciendo
esta revisión podemos ver que hay un agotamiento en los partidos políticos, se
han dedicado a hacer negocio con la democracia y lejos de solucionar los
problemas se han ofrecido a administrarlos. En esta crisis de los partidos, es
necesario destacar que no cuentan con la energía suficiente para proponer fórmulas
novedosas y opciones que puedan construir esperanza.
Esa
misma crisis golpea a los partidos en los estados. En Chiapas, verbigracia, casi
todos han hecho lo mismo que el PRI con la elección de sus candidatos que, pese
a que aún no están del todo definidos, tienen ya bastante camino avanzado.
La
clase política chiapaneca pasa por una mala racha en cuanto a falta de credibilidad
y baja calidad moral. Los partidos son vistos por la mayoría de la población
como cuevas de ladrones y los políticos no son considerados esos vínculos entre
la sociedad y el gobierno y, lamentablemente, han dejado de ser los agentes de
cambio y promotores del desarrollo colectivo. Frente a los cincuenta años de
atraso que tiene Chiapas, eso es lo que nos ofrece la partidocracia para mejorar
la situación.
Si
nos proponemos a analizar a los institutos políticos en Chiapas veremos que al
PRI le gustó más la idea de revivir las viejas prácticas para encaminarse al
triunfo en 2018 que darles continuidad a los procesos democráticos internos, la
inclusión de nuevos militantes, la participación activa de los jóvenes, la
equidad de género, la transparencia y la elaboración de candidaturas confiables
y exitosas, factores que sin duda lo llevaron a recuperar en alianza el
gobierno del estado en 2012 y el gobierno paulatino en varios municipios.
Hoy,
muchos estarán de acuerdo conmigo, tomando en cuenta todo lo anterior, la
postura del PVEM y la renuncia de muchos priistas valiosos, el PRI se queda con
muy bajas probabilidades de ganar la gubernatura. Y por el mal humor social
provocado por las equivocadas decisiones del presidente Peña Nieto es muy posible
que pierda el poder en los municipios que actualmente gobierna. Porque ¿qué
propone? ¿Qué puede hacer para revertir la situación y volver a la ruta de la
victoria? El descrédito que tiene es más sólido que el mármol.
Ciertamente,
el PVEM chiapaneco tiene los números de su lado, posee la gubernatura, gobierna
en 59 municipios, administra los intereses de poco más de 3 millones 500 mil
chiapanecos y es mayoría en el Congreso del Estado. Ningún otro partido en
Chiapas tiene ese dominio. Por eso, en meses pasados envió una carta a la
dirigencia nacional exigiendo respeto a las bases y no seguir sirviendo a los
intereses del PRI, aludiendo a que tiene las mejores propuestas y superioridad
política en el estado. La respuesta que recibió fue positiva, tanto para
competir solo o en alianza, en esta última con la única condición de que sea
con candidatos del Verde.
Pero
más allá de pensar en cómo remediar la caótica realidad de Chiapas, el PVEM y
muchos de sus militantes pecan de orgullo al creer que las cifras que tienen les
serán suficientes para retener el poder e imponerse a los demás partidos. Lo
importante a saber es ¿dónde queda pues la sociedad en sus planes? Porque lo
que hemos visto todo este tiempo es una preocupación real de querer apoderarse
de todas las candidaturas y nada más.
Por
otro lado, el Frente político formado por el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano es
una coalición de partidos que promete mucho, aunque aún no muestra nada tangible,
concreto, a la vista. Sin embargo, por ser una alianza novedosa representa la
frescura que la política de Chiapas necesita. Pero muy difícilmente sus
militantes llegarán a construir un proyecto político de propuesta, al menos en
cuanto a la candidatura al gobierno del estado. Creo que su mejor opción es apostarle
a un candidato externo, salido de la propia ciudadanía.
Es
así que mientras las dirigencias del resto de los partidos aún están por
ponerse de acuerdo en el proceso de selección de sus candidatos, no pasa igual
con MORENA que, siendo una calca del más viejo PRI, tiene al parecer a la
persona que lo representará en las elecciones próximas.
Si
ni el Frente ni el PVEM ni el PRI pueden presumir una posible nominación, el
partido de López Obrador tiene la ventaja de decir que el presidente del Poder
Judicial del Estado, Rutilio Escandón Cadenas, será su candidato a la
gubernatura de Chiapas y será el mismísimo AMLO quien lo presente ante los
chiapanecos. Esta cita con el mañana será a mediados de enero.
LA
CRUDA REALIDAD
Tal
vez Macbeth pronunció los más terribles versos sobre el (sin) sentido de la
vida: “La vida es una sombra que pasa… un cuento/ que cuenta un idiota, lleno
de blá blá blá,/ que nada significa”. Por momentos, las páginas de los diarios muestran
la inutilidad de la clase política y de la mediocridad de sus propuestas, que parecen
también un cuento sin sentido lleno de blá blá blá o, si se antoja tomarlo
literalmente, lleno de ruido y de rabia. El mañana, tan sólo se vuelve una
palabra que habla sobre el fracaso que hemos vivido y la vana promesa de que
las cosas cambiarán algún día.
Hasta
donde es posible ver, este es el arranque del proceso electoral: con partidos
desacreditados y actores políticos que día a día salen a las calles a decirnos
que urge apoyar a los jóvenes, a los artesanos, a los ancianos, a los
trabajadores del campo, salvar los parques, proteger las áreas naturales,
etcétera, pero ¿de qué sirve que sepan qué es lo que se necesita cambiar y
mejorar cuando todo este tiempo no hay hecho nada al respecto?
¿Cómo
creerles que buscan gobernar para hacer el bien común si lo palpable es que quieren
acaparar poder y autoridad? Esto pone en inmejorables condiciones a aquellos
que sin tanto alboroto están haciendo política, pero no en los partidos ni
desde los partidos sino con la ciudadanía, cerca de la gente.
En
esta cruda realidad lo que todos los aspirantes a gobernar el estado deben
saber es que el Chiapas de hoy es impensable sin el Chiapas de ayer. También
que el Chiapas de mañana no es la urgencia de poder, sino la necesidad que está
implícita en la palabra gobernar. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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