Como
en la novela Crónica de una muerte
anunciada de García Márquez, donde todos en el pueblo sabían que los
hermanos Vicario esperaban a Santiago Nasar para matarlo excepto la víctima, todos
en México sabíamos que José Antonio Meade Kuribreña sería el elegido del presidente
para sucederlo en la Presidencia de la República, por lo que a nadie le sorprendió
el destape. Pero oficialmente ya es el precandidato del Partido Revolucionario Institucional
para competir en las elecciones del próximo año.
Ante
la novedad nada sorprendente, y a la vista de la indecisión y falta de acuerdos
en el Frente Ciudadano, se vislumbra que la gran batalla se dará entre el
tecnócrata más respetado de la nación contra el populista más combativo de la
última década. Como están las cosas, habría que preguntarnos qué nos conviene
más como país: ¿un gobierno tecnócrata o un gobierno populista?
¿QUÉ
ES QUÉ?
De
acuerdo con la Real Academia Española (NTLLE), tecnocracia se define como el
sistema de gobierno caracterizado por la existencia de técnicos o especialistas
en diversas materias en los órganos gubernamentales de un Estado, con el
propósito de conseguir el desarrollo material y económico del país por encima
de ideologías políticas.
En
ese sentido, las características más importantes que diferencian a un
tecnócrata de un político común en el ámbito de la administración pública son su
nivel de educación, su currículum profesional, sus medios de reclutamiento y su
fuente de influencia. Dicho de otro modo, el tecnócrata tiende a administrar
las instituciones y procesos sociales conforme a sus conocimientos mientras el
político buscará siempre la manipulación, gestión, negociación y captación del
poder.
En
el sentido más estricto, un tecnócrata es una persona con importantes estudios
profesionales sobre todo en economía y cursados en universidades de prestigio.
No pertenecen a ningún partido político y su experiencia profesional está
relacionada a grupos empresariales, organismos multilaterales de crédito y
agencias económicas. Asimismo, tienen un alto nivel de entrenamiento académico
y toman las decisiones evaluando los aspectos técnicos.
Por
otro lado, el sociólogo Edward Shils designa al populismo como “una ideología
de resentimiento contra un orden social impuesto por alguna clase dirigente de
la antigua data, de la que se supone que posee el monopolio del poder, la
propiedad, el abolengo o la cultura”. En palabras más sencillas, es un
pensamiento que busca separar a la
sociedad en dos grandes grupos antagónicos: los pobres y los ricos; el pueblo
puro y la élite corrupta. AMLO la separa entre pobres y “la mafia del poder”.
Basado
en eso podemos decir que los populistas son políticos que crean en la sociedad
sentimientos de enojo y rencor contra la clase gobernante y los grandes
empresarios. Dicen: “Eres pobre porque los que están en el Gobierno se roban el
dinero que por derecho te pertenece/ Eres un analfabeta porque al Gobierno no
quiere un pueblo con educación/ No hay escuelas ni hospitales dignos porque el
Gobierno es corrupto/ Tu, empresario, y tú, empleado, no tienes trabajo porque
el Gobierno reparte la riqueza del país con sus familiares y amigos. Por eso es
que los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres/ etcétera”.
Con
ese alegato impulsivo y, a veces, “revolucionario” muchos políticos han llegado
al poder. La fórmula es simple: el populista identifica las necesidades de los
electores y ofrece soluciones a sus problemas, pero en el trance todo se trata
de vil y hueca palabrería. Algo más. Los populistas hablan siempre de los nuevos
derechos para las clases bajas, de prosperidad y oportunidades de desarrollo. Aunque
lo hacen mediante un liderazgo personal antes que institucional, emotivo antes
que racional, individualista antes que pluralista.
GOBIERNOS
TECNÓCRATAS Y POPULISTAS
Han
sido gobiernos tecnócratas el de Chile y Argentina de los años setenta, que
establecieron medidas para reducir el gasto público, abrir el mercado y
promover la iniciativa privada. Hubo un progreso considerable que se vino abajo
después de que los políticos conservadores retomaron el poder.
Durante
la década de los ochenta, surgió una crisis económica en América Latina por culpa
de los gobiernos militares. Muchos países se vieron obligados a pedir préstamos
externos y la responsabilidad de la planeación de los programas económicos quedó
nuevamente en el personal tecnócrata. Los esquemas de ajuste se centraron en la
lucha contra la inflación, la venta de empresas públicas y la desregulación del
mercado laboral.
En
1994, Carlos Salinas de Gortari dejó a México prácticamente en bancarrota. El
peso mexicano cayó en un 40% frente al dólar, causando quiebras de miles de
compañías y desempleo. Esa crisis tuvo repercusiones internacionales. Así que para
salir a flote el tecnócrata Ernesto Zedillo aplicó estrategias financieras para
absorber las deudas ante los bancos, invertirle dinero al sistema financiero y
garantizar el ahorro de los ciudadanos. En fin, se sanearon las finanzas
públicas, se logró mayor acceso y volumen de capital extranjero y se recuperó
la solvencia de los bancos y por ende de las familias del país, con la creación
de nuevas y más empresas que generaron miles de empleos.
Venezuela,
Costa Rica, Nicaragua, Cuba, Argentina, Paraguay, Brasil, Bolivia et al, han
tenido en los últimos años gobiernos populistas. Como ejemplo, Venezuela hoy
enfrenta una inflación del 720% y es una nación donde no hay alimentos, medicinas,
empleos y ni siquiera papel higiénico. Desde que la revolución de Fidel Castro
se adueñó de la isla, miles de cubanos intentan abandonar su país cada año en
busca de oportunidades. La economía de Cuba se centra en la exportación de
azúcar, de médicos y en la prostitución ejercida en las calles. Ahí no existe
la libertad de expresión y el uso de la tecnología como el internet es
exclusividad de la élite y los gobernantes.
Cristina
Fernández de Kirchner gobernó a Argentina desde diciembre de 2007 hasta
diciembre de 2015. A la mitad de su segundo periodo presidencial, el país
enfrentó una crisis económica y se reveló la corrupción de su gobierno
populista, mismo que llevó a grandes movilizaciones sociales exigiendo su
encarcelación.
Luiz
Inácio Lula da Silva gobernó Brasil entre 2003 y 2010. En julio de este año fue
condenado a diez años de prisión por corrupción y lavado de dinero. Era
populista.
MEADE
VS. AMLO
José
Antonio Meade tiene el récord de haber sido nombrado miembro del gabinete en
cinco ocasiones. Logro comparado con el de Plutarco Elías Calles, fundador del
PRI. Tiene 47 años de edad y es abogado egresado de la UNAM. También es
licenciado en Economía. Se graduó como doctor en Economía por la Universidad de
Yale, título que obtuvo en 1997.
A
los 22 años de edad fue nombrado analista de planeación en la Comisión Nacional
de Seguros y Finanzas. En 1997, lo nombraron Director General del Sistema de
Ahorro para el Retiro y luego fue subsecretario adjunto del Instituto para la
Protección al Ahorro Bancario. De 2000 a 2002 se desempeñó como director
general de Banca y Ahorro de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Fue
secretario de Estado por primera vez en enero de 2011, cuando el presidente
Felipe Calderón le dio la titularidad de la Secretaría de Energía. En ese mismo
gobierno asumió la dirección de la SHCP. Con Enrique Peña Nieto encabezó las
secretarías de Relaciones Exteriores, de Desarrollo Social y de Hacienda.
Lo
logros de su gestión saltan a la vista, como el máximo nivel de recaudación
tributaria en 2011, los convenios de colaboración con alcaldes estadunidenses, las
mejoras en la aplicación de programas sociales y, entre otros, ser considerado
como una de las quinientas personas más influyentes del mundo por la revista
Foreign Policy en una lista donde aparecen nombres como Tony Blair, Bill
Clinton, Hillary Clinton, Vicente Carrillo y Bill Gates.
Por
su parte Andrés Manuel López Obrador es un político populista que inició su
carrera en el PRI y que obtuvo lo que es hasta el momento su mayor logro en la
vida: ser Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Sin embargo, con doce años
ininterrumpidos de campaña política y dueño de un partido, es sin duda el rival
a vencer.
Pero
en 2018 la decisión será nuestra. ¿En las manos de quién pondremos el futuro de
nuestros hijos, en las de un tecnócrata o de un populista? ¡Chao!
@_MarioCaballero
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