Tanto
cinismo es imposible. Después de varios meses de estar al frente de la
Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH), el notario Adolfo Antonio
Guerra Pérez demostró ser lo que todos siempre pensaron: un abogado exitoso
pero con grandes carencias intelectuales mismas que lo llevaron a renunciar a
la rectoría. Pero eso no es lo grave, sino que de nueva cuenta José Rodolfo
Calvo Fonseca quiere ser el señor rector.
Rodolfo
Calvo es originario del municipio de Venustiano Carranza, es contador público
egresado de la Universidad Autónoma de Chiapas, donde además es catedrático
desde hace 25 años. Tiene una maestría en Administración y Organizaciones, otra
en Telecomunicaciones y varios doctorados. Es “ponente nacional e
internacional”, autor de varios libros, miembro de la Legión de Honor Nacional
de México y Doctor Honoris Causa por la Universidad Instituto Americano
Cultural.
Por
otro lado, es dueño de una radiodifusora, una revista y del periódico Chiapas
Hoy. Desde hace varios años preside junto con su hija Lesdy Calvo una fundación
con el mismo nombre. Es director de la encuestadora Group Communication; es
cinta negra quinto Dan de Taekwondo, instructor de karate y presidente del
grupo Rocaf. Pero todo esto son sólo apariencias, porque detrás hay persona non
grata, desleal, corrupta y avariciosa.
REY
DEL VICIO
Hubo
un tiempo en que Rodolfo Calvo tuvo hasta diez centros de perdición, entre
bares, cantinas, antros y table dance.
Su
inicio en lo laboral no fue la docencia, como tanto lo asegura. Fue la
promoción del vicio y la lujuria. Uno de sus primeros empleos en su etapa de
secundaria fue en una desaparecida discoteca: San Remo de las estrellas. Ahí
fue mesero, bartender, cadenero, personal de seguridad y sacabolos. En una
entrevista que le realizaron el año pasado, dijo que ese trabajo fue para él
como una escuela.
Es
cierto que combinaba el trabajo con el estudio, pero eso en nada contribuyó en
su prestigio. Su mala fama, así como su dudosa prosperidad económica, viene
desde que se convirtió en empresario. En los noventas, apoyado con sus
hermanos, levantó un establecimiento dedicado a la venta de cervezas y licores,
era un tugurio maloliente, con piso y paredes de madera, oscuro, con cortinas
rojas y negras, que noche con noche, al sonido de la música de un pequeño
modular, se convertía en un gran bacanal, con peleas de borrachos, asaltos a
los clientes y venta de bebidas adulteradas. “Yardas” se llamaba. Fue el inicio
de un emporio que nació y creció envenenando a la juventud tuxtleca.
El
éxito de Yardas fue tan grande que con las ganancias obtenidas Rodolfo Calvo
compró un extenso terreno en la quinta norte poniente, frente a una conocida
plaza comercial, donde construyó un antro al que llamó “Lesdy Rock” en honor a
su hija mayor.
A
ese negocio le siguió “Jhovany Music”, una discoteca que el doctor Calvo
Fonseca puso sobre el libramiento sur poniente, en plena zona dorada de Tuxtla
Gutiérrez. ¿De dónde obtuvo el dinero para tal construcción? No lo sabemos,
pero parece increíble que la venta de alcohol dé tanta riqueza.
Con
el paso de los años, Jhovany Music fue cambiando de nombre. Cuando se llamó
“Tequila´s Bar” era propiamente un antro gay, un centro de perdición al que
llegaban proxenetas y que con cierta periodicidad era clausurado por las
autoridades. Pero al día siguiente era nuevamente abierto gracias a las
influencias que empleaba desde su periódico.
Cuentan
que los días miércoles inauguraron ahí lo que se conoció como el “cuarto
oscuro”, donde a ciertas horas de la madrugada las luces se apagaban por varios
minutos, dejando a los clientes en completa libertad para hacer lo que les viniera
en gana, desde golpear a otros clientes, robar, drogarse o hasta tener relaciones
sexuales.
Para
ese entonces Rodolfo Calvo tenía cierta trayectoria en la docencia. Comenzó a
impartir clases en la UNACH en 1990 y por su fama de acaudalado cada semestre
era elegido por los alumnos próximos a egresar para que los apadrinara. En la
fiesta de quema de libro, en lugar de dedicarles unas palabras de aliento o prometerles
ayuda para encontrar trabajo, entre otras cosas que se les puede ofrecer a los nuevos
profesionistas, él les regalaba botellas de whisky y los invitaba a sus antros.
Obvio, el pago del consumo iba de parte de los muchachos.
De
acuerdo con el filósofo Jorge Portilla, autor de la Fenomenología del relajo, el mexicano sublima sus quebrantos a
través del jolgorio donde se celebra a sí mismo. Al calor del tequila y la
música de mariachis, olvidamos nuestras penas y hasta el motivo cívico o
religioso que nos congregó y damos tienda suelta al frenesí. El doctor Rodolfo
Calvo no sólo hizo de la fiesta y el relajo una válvula de escape a su
miserable realidad, sino que la convirtió en su proyecto y estilo de vida.
Entre
2005 y 2010, Calvo Fonseca podía ser considerado el Rey del vicio, entre otras cosas por ser dueño de al menos una
docena de antros y bares, todos de reprochable reputación. Es quizá parte de su
currículum ser pionero de las discos para homosexuales. Alguien recuerda que
una vez dijo: “¡Cómo dejan paga los putos!”.
En
la salida oriente de la ciudad, justo en la entrada del camino a la zona
galáctica, estableció dos table dance: Club Men´s y Club Private, que en un
principio fue administrado por sus hermanos y luego por gente que no era de su
familia, pues quería ocultar que él estaba detrás de esos antros. Los mismos
trabajadores comentaban que las bailarinas, mujeres indocumentadas, se
prostituían en el estacionamiento del lugar y que los encargados estaban de
acuerdo. Los dos burdeles cerraron casi al mismo tiempo, después de que en un
operativo policial supuestamente encontraron cocaína. Otra versión dice que
Rodolfo Calvo cerró sus locales porque según él esos negocios no le daban a
ganar, sino que perdía mucho dinero.
LA
FACULTAD DE CONTADURÍA
En
2007, fue designado director de la Facultad de Contaduría y Administración
campus 1 de la UNACH, para el periodo 2007-2011. Sin embargo, su nombramiento
no vino de la Junta de Gobierno de la universidad, sino fue por imposición del
ex gobernador Juan Sabines Guerrero, de quien presumía ser su compadre.
En
2009 fue obligado a renunciar al cargo. Trascendió que durante el año y medio
que estuvo en la dirección de la Facultad dispuso de las plazas administrativas
para su gente de confianza, entre ellos sus hijos, familiares, amantes y demás
trabajadores de sus negocios.
Su
hijo Jhovany brindó bajo prestanombres los servicios de seguridad privada, cuyo
elevado costo mensual no correspondía con la mediocridad del trabajo. En la
Dirección de Posgrado de la Facultad de Contaduría, estaba la mujer en turno
del doctor Calvo, que tanto atendía la cafetería como devengaba un jugoso
sueldo. Se cuenta que ella cobraba entre tres y cinco mil pesos para meter alumnos
de nuevo ingreso a primer semestre.
Fue
en ese tiempo que se construyó la cafetería, que despachaba Jhovany. Para
realizar la construcción una empresa refresquera firmó un convenio con el
director Calvo Fonseca en el que se comprometía a dar una suma de dinero con
tal de tener exclusividad en la venta de refrescos, pero Calvo, aparentemente,
utilizó esos recursos en la fiesta de quince años de una de sus hijas, en un
lujoso salón donde Amanda Miguel y Diego Verdaguer amenizaron para el gusto de
los invitados, entre ellos la esposa del ex mandatario estatal Isabel Aguilera
de Sabines.
Entre
los muchos fraudes, Rodolfo Calvo echaba mano de los vehículos oficiales para
los asuntos de sus negocios. En cierta ocasión, en época de vacaciones, prestó
una de las camionetas para que sus hijos se fueran a pasear a las Bahías de
Huatulco.
En
complicidad con el administrador, expedía cheques a nombre de sus “empleados de
confianza” para viáticos a cursos inexistentes. También, realizó obras de
infraestructura con constructores amigos suyos que se prestaron a la rapiña. Se
presume que desfalcó a la Facultad con varios millones de pesos.
¿RECTOR?
“Me
he preparado para servir a la UNICACH y desde ella a mi estado, al que amo como
a mi propia vida”, dijo. Pero ¿está preparada la Universidad para tenerlo como
rector? Con los antecedentes del Dr. Rodolfo Calvo, entregarle la rectoría
sería como poner la Iglesia en manos de Lutero. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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