SABOR A PRI


Al terminar la Revolución Mexicana vinieron sucesivamente los años románticos de la democracia, el autoritarismo político basado en la fuerza de Porfirio Díaz dejó su lugar a un régimen sostenido por la obediencia en las instituciones, el presidencialismo, donde el PRI, o Partido Revolucionario Institucional, tiene mucho que ver en su instauración, formación y sostenimiento.

La historia contemporánea de México no puede entenderse sin el PRI, partido político que se parece al Club América: es la institución más vieja, la que más campeonatos (elecciones) ha ganado, la más poderosa económicamente, la que más fanáticos tiene y es por la que puedes experimentar los dos sentimientos más opuestos y extremos: al PRI y al América los amas sin razón o los odias de corazón. No hay puntos intermedios. 

GLORIA Y DECADENCIA

El PRI cumplió 88 años de existencia el pasado 4 de marzo y 76 de estar en el poder. Nació en Querétaro en 1929, en el Teatro de la República, bajo el nombre de Partido Nacional Revolucionario (PNR), fundado por Plutarco Elías Calles. Nueve años más tarde, luego de la ruptura entre Calles y Tata Cárdenas, cambió a Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y, finalmente, en 1946, apareció el PRI.

A lo largo de la vida ha tenido 15 presidentes de la República, hasta 1989 gobernó en los 32 estados, mantuvo el poder político desde 1929 hasta el 2000, como un imperio que se llegó a creer que estaría por siempre en Los Pinos.

Lejos de lo que alguna vez dijo Mario Vargas Llosa de que el gobierno mexicano era la dictadura perfecta por pertenecer a un solo partido, la plataforma política y el proyecto de gobierno del PRI fue reconocido como los mejores y más progresistas de América Latina, entre otras cosas, por impulsar la correcta distribución de la riqueza, el desarrollo del país, la paz interna y las buenas relaciones internacionales. Tuvo sus días de gloria y esplendor.

Cuando brota la segunda guerra mundial golpeando con fiereza en Europa, el papel del PRI marcó la diferencia al no permitir que en México se desarrollaran movimientos como los que lideraron Mussolini en Italia, Hitler en Alemania y Franco en España, que acabaron con la vida de 62 millones de personas, destruyeron decenas de ciudades y provocaron la migración masiva hacia otras naciones alrededor del mundo. Ante la presión internacional producto de la guerra, el PRI le dio autonomía política al país.

El día que Albert Camus supo que había ganado el Premio Nobel de Literatura, le escribió una carta a su maestro de primaria Germain Louis, el 19 de noviembre de 1957, en la que le decía “He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia pensé primero en mi madre y después en usted”. Y lo decía con humildad, revelando gratitud. Frase que se parece a la que dijeron muchos priistas, pero con cinismo, como “No dejaré que el país se deshaga entre mis manos” de Miguel de la Madrid o “Defenderé el peso como un perro”, de José López Portillo. Así, entre frases y crímenes, pasamos de los días gloriosos del PRI a la caída del imperio.

Antes del 2000, año de la alternancia democrática, la maquinaria del tricolor era imparable, donde ni las matanzas, ni la corrupción, ni los abusos de autoridad, ni los fracasos políticos la detuvieron.

En el 68 y 71, los mexicanos vieron morir a decenas de estudiantes universitarios, y el PRI siguió en la presidencia. En 1981, se precipitó la crisis financiera por las medidas erráticas de López Portillo; en 1982 la deuda externa llegó a los 59 mil millones de dólares, la inflación al 90%, el precio del dólar pasó de 24.50 a 57.20 pesos, y el PRI siguió en la presidencia.

El 14 de enero de 1981, aparecieron 12 cadáveres en el drenaje profundo en Atotonilco de Tula, Hidalgo, según las averiguaciones previas el autor intelectual fue Arturo “El Negro” Durazo, jefe de la policía de López Portillo, que acumuló tanto dinero que construyó un chalet con galgódromo, caballerizas, canchas de tenis, estacionamiento para sus autos de lujo, una réplica de la discoteca Studio 54 y, en Zihuatanejo, edificó su propio Partenón de 20 mil metros cuadrados, y el PRI siguió gobernando.

El lema del gobierno de Miguel de la Madrid fue “La Renovación Moral”, pero toleró la corrupción de los funcionarios, el nepotismo y los beneficios económicos en las altas esferas de la política, como los de Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, que se enriqueció con la venta de las plazas sindicales y los contratos, y se conoció que importaba armas de fuego de Estados Unidos para enfrentarse al gobierno.

El 6 de julio de 1988, ante la famosa caída del sistema, pierde al aventajado Cuauhtémoc Cárdenas y el PRI siguió en Los Pinos con Carlos Salinas de Gortari, que a su salida en 1994 dejó al país literalmente en la bancarrota: se llevó hasta las grapadoras de la Presidencia y se refugió en Irlanda. Ese mismo año, el 23 de marzo, es asesinado Luis Donaldo Colosio en Lomas Taurinas, en Tijuana, Baja California.

Al homicidio de Colosio le siguió el de Ruiz Massieu, ex cuñado de Carlos Salinas. Luego, la detención de Raúl Salinas acusado de asesinato y enriquecimiento ilícito (nada más 160 millones de dólares supuestamente producto del narcotráfico). Posteriormente, el “error de diciembre” en los primeros días de la administración de Ernesto Zedillo. El 28 de junio de 1995, la matanza de Aguas Negras, donde murieron 17 campesinos. El 22 de diciembre de 1997, la masacre de Acteal, donde un grupo de paramilitares ligados al PRI asesinó a 45 indígenas.

Fue la época en la que con el PRI sólo nos podía ir mal.

EL REGRESO

“A balazos llegamos y los votos no nos sacarán”, aseguraba Fidel Velázquez sin saber que en el año 2000 acabaría la supremacía del PRI. Pero el partido de Calles aún no había tocado fondo. En la elección del 2 de julio de 2006, el PRI perdió la presidencia por segunda vez consecutiva y quedó en tercer lugar en la preferencia electoral, perdiendo mayoría en el Congreso de la Unión y el candidato presidencial, Roberto Madrazo, no ganó en ningún estado del país a pesar de que el PRI gobernaba en 17 entidades.

Entonces, si el partido era tan malo ¿cómo volvió al poder?

Principalmente, por la incapacidad del PAN para gobernar. En doce años, Fox prometió un cambio que no pudo cumplir y en cambio favoreció a los parientes de Martha Sahagún, a la clase empresarial de México, metió a la presidencia en escándalos de corrupción y se la pasó en el dicho. Por otro lado, Calderón siguió enriqueciendo a los empresarios aliados al panismo y desató una guerra contra los capos del narcotráfico que terminó con la vida de 70 mil personas, entre narcos, militares, policías y civiles.

El priista Enrique Jackson dijo que “Para que la oposición pueda tener éxito tiene que imitar a nuestro partido”, y después de dos sexenios panistas el PRI regresó a Los Pinos con el apoyo de los mexicanos, confirmando que lo que se necesitaba no era otro partido, sino otras reglas para participar y recuperar el sentido de lo público para comenzar otro tiempo político, cosa que el priismo le ofreció con Peña Nieto.

El PRI tuvo que aprender de sus errores, estudiar sus caídas y dejar los vicios y las malas prácticas. Sin embargo, gente como Duarte no aprendieron la lección y por eso la incertidumbre.

La pregunta que flota en el aire es si ¿puede el PRI ganar la presidencia en 2018? O mejor dicho ¿puede ganarle a López Obrador? Si hoy fueran las elecciones, no. Pero hoy no son las elecciones.

Con un candidato que logre el voto duro podría ganar, pero con una popularidad del presidente Peña Nieto en un 17% no ayuda mucho. Por otro lado, hay que saber que el voto duro se genera en los gobiernos estatales y que de los ocho estados con más electores (Estado de México, Ciudad de México, Veracruz, Puebla, Jalisco, Nuevo León, Chiapas y Michoacán, en ese orden), el PRI gobierna en el Estado de México y comparte en Jalisco con Movimiento Ciudadano y en Chiapas con el Verde, tampoco ayuda mucho.

Los números del priismo son los más catastróficos en su larga historia. Empero, no olvidemos que el PRI es el partido más grande y organizado del país, con propuesta, ideología y buenos personajes, y que el mayor oponente que tiene es López Obrador cuya fortaleza es el insulto y la demagogia, detrás de eso no tiene nada. ¡Chao!

@_MarioCaballero

yomariocaballero@gmail.com

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