Muy
probablemente ningún maestro que esté en la bola leerá estas líneas. Lo deduzco
por el hecho de que si están metidos en esa absurda lucha es porque ninguno se
ha tomado siquiera la molestia de echarle una hojeada a los postulados de la
reforma educativa. Pues de haberlo hecho no serían arrastrados como recuas por
los cabecillas.
Ayer,
como de costumbre, pusieron a la ciudad de cabeza. Tuxtla Gutiérrez -o mejor
dicho-, los tuxtlecos volvimos a sufrir el caos que generaron los profesores.
Otra vez tuvimos que soportar la anarquía. Otra vez escuchamos la consigna de
“Vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Otra vez taparon calles, tomaron
plazas, secuestraron carreteras. Otra vez lo mismo de siempre y sin que nadie
haga algo por ponerles un alto.
Aquí
hay dos cosas que deben aclararse. O los maestros son tan ilotas (que no
idiotas) que con mucha facilidad son manipulados por los líderes del
movimiento, o el gobierno no tiene la capacidad suficiente para lograr los acuerdos
que pongan fin a los abusos. Porque no podemos obviar que esta corriente del
magisterio está bastante nutrida de la ignorancia y testarudez de los docentes,
y que las mesas de negociación de las autoridades han sido por todo inútiles.
EL
TEMOR
¿Alguna
vez se han preguntado por qué tanta insistencia de los maestros por echar abajo
la reforma educativa? Por temor. Sí, por el temor que tienen de perder los
privilegios.
Por
más de cuatro décadas el sindicato de maestros tuvo la regencia de la educación
en el país, y durante ese largo periodo personajes como Carlos Jonguitud
Barrios y Elba Esther Gordillo Morales alcanzaron un poder político y económico
tan impresionante que hasta los presidentes se atemorizaban. Si no pregúntele a
Ernesto Zedillo y a Vicente Fox.
Por
la falta de medidas el sector educativo fue un botín para los mandos magisteriales
tanto a nivel nacional como estatal. Cualquier maestro podía ejercer un cargo
público del nivel de gobierno que sea, cobrar su sueldo sin dar clases y, al
mismo tiempo, aparecer con un puesto en el sindicato que le permitiera negociar
las plazas docentes y administrativas sin el menor cargo. Así de simple. Mientras
alguien más ocupaba su lugar en el aula sin importar que tuviera o no la
competencia para estar frente a grupo.
Esta situación insostenible es lo
que viene a regular la reforma educativa.
Y por ese mismo
camino van ahora Artemio Ortiz Hurtado, líder de la Cnte, Rubén Núñez Ginez,
dirigente de la sección 22 de Oaxaca, y Adelfo Alejandro Gómez, el veracruzano
que se convirtió en un peligro para Chiapas.
Estos
son los principales promotores de la revuelta. Ellos son los que tienen
enfrentados a los maestros con el gobierno, los que los mandan a marchar abajo
del sol o la lluvia y pasar frío cuando se quedan a dormir en las calles. Los
tres tienen raptado al magisterio y a la sociedad que padece el vandalismo de
sus irracionales manifestaciones. Y, también, arman todo ese circo con tal de
seguir disfrutando el poder y el dinero que la reforma educativa amenaza con
quitarles. El temor de quedarse sin nada es lo que los mueve a continuar con el
chantaje.
Le
temen a la evaluación docente, ya que como todos sabemos por la reforma el
gobierno mexicano creó organismos, como el Instituto Nacional para la
Evaluación de la Educación, así como también la
ley del Servicio Profesional Docente que dice: los ineptos tendrán que dejar el
cargo a otro maestro que garantice una enseñanza provechosa para dedicarse
mejor a labores domésticas, o administrativas como se les conoce.
Es
un dique contra la impunidad de la venta de plazas y escalafón.
Y
esto es un gran mérito de la reforma de la educación, porque muchos tal vez ignoran
que recientemente la Organización Mundial de Comercio aplicó un estudio a 34
naciones para saber cuál es su nivel educativo, incluyendo a México. Y México quedó
en el lugar 33.
DAVID
GEMAYEL
David
Gemayel Ruiz Estudillo no es un mártir de la lucha magisterial, sino su víctima.
Cuando
él pierde la vida en ese lamentable accidente, fuentes cercanas a Letras Desnudas escucharon decir a Adelfo Gómez: “¡A huevo, cabrón! ¡Ahora sí ya chingamos!”.
Así
como a Celso Wenceslao López Díaz, maestro asesinado a tiros a finales de los
años ochenta en una riña magisterial, también a David Gemayel lo están usando
como carnada para beneficiar el movimiento y quedar en buena posición para la
negociación política. No en balde pasearon su cuerpo metido en el féretro desde
el monumento a la Diana Cazadora hasta el parque central aquel caluroso
miércoles 9 de diciembre de 2015.
La
Cnte no puede ocultar que detrás del levantamiento hay claros intereses
políticos. Y por eso mismo mintió al asegurar que David Gemayel fue atropellado
por un camión de policías, cuando de sobra se sabe que los maestros fueron los
que secuestraron un autobús de la empresa Aexa con placas 664-HU-2, que
pusieron en marcha con dirección a los policías que resguardaban el paso. Los
querían matar. Y que el autobús era conducido por David Gemayel.
CARNE
DE CAÑÓN
Si bien los
levantamientos populares son una herramienta social que simboliza la
independencia de pensamiento, no por eso deben estar por encima de los derechos
de los demás a tener una vida en paz y tranquilidad.
Eso es lo que los
maestros no han querido entender, y tampoco que son utilizados como carne de
cañón para desestabilizar la paz social en el estado. Y eso no puede ser.
Ya es el tiempo que
el gobierno actúe en consecuencia, con toda la fuerza de la legalidad, y meta
en cintura a Adelfo Gómez, Pedro Gómez Bámaca y Alberto Mirón, que dirigen el
ala radical de la sección 7 bajo una maniobra
política que nos tiene aterrados. Au
Revoir.
Comentarios
Publicar un comentario