Eduardo Ramírez
Aguilar, como cualquier gran político, es el autor de su tradición, y viene de
la asimilación, el trabajo, la metamorfosis de sus circunstancias.
Aunque hoy Eduardo
Ramírez tenga los dos pies bien puestos en la cúspide de la política estatal, y
no como producto de la herencia ya que sus orígenes son humildes, sin ninguna
duda ese es el lugar a donde pertenece. Es miembro de ese selecto grupo de
jóvenes políticos que vienen de abajo, inventando sus propias oportunidades,
buscando ser parte de algo, servir para algo; es de los que no conocen otra
fórmula para el éxito que el trabajo con denuedo, la honestidad y el apego a la
norma. Nada de lo que ha logrado hasta el momento le ha caído del cielo.
Por eso mismo
recae en él la confianza para llevar la conducción del Congreso del Estado. La
expresión “No le fallaremos a Chiapas” que profesó en la toma de protesta,
el 2 de octubre, es una frase convertida en promesa. Y no hay en ella
incertidumbre porque ha demostrado con suficiencia a lo largo de su triunfante
trayectoria política ser un hombre de compromiso, sin dobles discursos, apurado
en el servicio público, inteligente y acomedido con todos.
¿POR
QUÉ CREER?
¿Qué
hay detrás del juramento “No le fallaremos a Chiapas”? No podemos negar que la sociedad
ha crecido sin creer en las promesas de los políticos, defraudados por todo
aquello que se llame política y de cuanta oferta sin cumplimiento se haya prodigado
a lo largo de los siglos.
Como
preguntas secundarias: ¿Cómo volver a confiar? ¿Por qué creer ahora en las palabras
cuando hay una historia de impunidad y con graves daños que en algunos casos resultan
irreparables? Ahí tenemos, verbigracia, como el mayor exponente de la
hipocresía, a Vicente Fox Quezada, que nunca paró de prometer la reconstrucción
nacional y de proclamarse el mesías que venía a liberar a México de las cadenas
de esclavitud. Al final, como bien lo sabemos, todo fue una mentira, un mero
espejismo, fue el gobierno de un partido que demostró por doce años ser incapaz
de gobernar.
Y
de esa misma manera ha ocurrido en Chiapas y también en el congreso del estado,
que ha sido comandado por personajes llenos de verborrea, que escondieron la ambición
y el hambre de poder detrás de las promesas, que sin vacilar se deslindaran de la
encomienda para ir en la búsqueda de los intereses individuales. Y, desde
luego, eso vino en detrimento del parlamento que fue víctima del desenfreno, el
desahogo de rencores, las intrigas a ultranza y las frivolidades.
Chiapas ya no está para más demagogia y
promesas que solo reflejan ser una táctica dilatoria. Lo que el estado necesita
es de una clase gobernante comprometida moral y socialmente porque ya no puede
perder el tiempo: tiene un atraso de más de cincuenta años, desastres en todos
los rincones geográficos, miles de familias viviendo en extrema pobreza y
sectores de la sociedad que aún no llegan al siglo XXI. Y esto como consecuencia
de la pretérita corrupción sistemática, la destrucción de las instituciones y el
abuso de poder que sólo satisfizo a las élites.
Como
habitantes de Chiapas hemos sido testigos de los escándalos suscitados entre
los poderes, y cómo el Congreso durante un larguísimo periodo le demostró sumisión
al Poder Ejecutivo en un profundo contrasentido a las leyes que fundamentan la
autonomía con la que el trabajo parlamentario debe fungir. Y es por ese yerro que
el parlamentarismo perdió gran crédito entre los chiapanecos.
Imposible olvidar las vilezas de Tito
Rubín Cruz como diputado presidente de la Gran Comisión. Sus disparates y
desatinos hicieron de su liderazgo una burla a la honorabilidad que merece la
política del congreso. O el periodo de Milton Morales Domínguez, donde hay
suspicacias de un grosero despilfarro de los dineros del pueblo que enriqueció
a todos los integrantes del Congreso, quienes engrosaron sus cuentas bancarias,
se hicieron de residencias y departamentos en el Distrito Federal, autos del
año y negocios a costa del erario público.
¿POR QUÉ SÍ?
Y la lista de nombres puede alargarse y
con ella la amplitud de las propuestas de los políticos por construir un
Chiapas más próspero y más justo. ¡Canallas! Pero la frase “no le fallaremos a
Chiapas” de Eduardo Ramírez Aguilar, que incluye la opinión de los 41
diputados, es parte de la nueva época política en el estado, donde existe
libertad en los poderes para ejercer sus facultades en beneficio de los
chiapanecos; es, también, el compromiso con el pueblo de una persona
experimentada en el parlamentarismo, con grandes resultados en el servicio
público, que ha trabajado cerca de la gente, con la gente, que conoce a pie
juntillas qué significa el arte de gobernar.
Entre
Eduardo Ramírez Aguilar y el gobernador Manuel Velasco Coello existe una sólida
amistad, de largos años, de compañerismo sin cortapisas. Empero, Ramírez afirmó
que considerando los buenos rendimientos obtenidos por la labor conjunta entre el
poder Ejecutivo y el Legislativo en los años recientes, continuará uniendo las
fuerzas pero sin perder de vista la autonomía del Congreso. Y eso habla bien
del joven político porque nunca debe confundirse la gimnasia con la magnesia, y
nunca jamás el Congreso debe rendir pleitesía a régimen alguno porque no es
empleado de nadie.
Cosa
buena ha mencionado Eduardo Ramírez. Recordaremos que por no hacer valer los
conceptos de independencia y manumisión en el Palacio Legislativo, el parlamento
fue presa de los caprichos de los gobernadores que tuvieron en el presidente
del congreso a un colaborador a modo, con el que hicieron de la cámara un utensilio
con el cual enriquecerse con el dinero público y usarla como arma para exterminar
a sus enemigos políticos.
“Trabajaremos unidos para crear una
Agenda Legislativa llena de propuestas, que vaya encaminada a la continuación del
desarrollo social de la entidad y alejada de privilegiar los intereses
personales y revanchismos que tanto daño le hicieron a Chiapas”, sentenció Ramírez
Aguilar antes de dejar la tribuna.
Escuchar a un congresista referirse en
esos términos es sin duda un encuentro con la razón de ser de la política, con
ideales y valores más ajustados a la realidad y a los días de cambio que nos ha
tocado vivir. Y le creemos porque detrás de él hay historia, trabajo honesto,
ideas y funciones apegadas al Estado de Derecho.
PARA MAGDALENA
Querida prima, me consta que el senador Roberto Albores Gleason es un hombre
incansable. En la reciente visita del Presidente Enrique Peña Nieto a Chiapas,
reafirmó su compromiso por seguir impulsando la propuesta en el Congreso de la
Unión de lograr el establecimiento de políticas económicas diferenciadas en los
estados con mayores índices de marginación. ¿Qué pretende con esa medida el senador
Albores? Quizá te lo preguntes. Y lo que busca es que los salarios de los
trabajadores sean más dignos y se ofrezcan mejores oportunidades para la clase
trabajadora del sur de México. Nunca antes nadie se había preocupado por esto.
Bien por el senador Albores Gleason… Es una pena lo que pasa en la Unach. Al
parecer el rector Carlos Eugenio Ruiz
Hernández cree que firmar convenios es lo mismo que firmar recetas. Porque
¿qué han sido de las decenas de convenios pactados desde diciembre del año
pasado para acá entre la universidad y los diferentes organismos? ¡Nada! ¡¿Qué
hacen los patitos, señor rector?! Nada, nada. Al pobre viejito le quedó grande
la yegua… Au Revoir.
yomariocaballero@gmail.com
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